El discurso anticapitalista del franquismo
28 May, 2012 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo
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Mientras más lo investigas, más se parecen. Me refiero a los dos mayores enemigos doctrinales del liberalismo: el fascismo y el socialismo. Y, desde luego, ambas corrientes se declararon y declaran enemigas del capitalismo. ¿Por qué? Básicamente porque las dos corrientes son manifestaciones elaboradas de nuestros instintos tribales más básicos, de esa parte de nosotros que se rebela contra la incertidumbre del cambio hacia una sociedad más abierta, hacia una sociedad más capitalista, hacia una sociedad de individuos libres y responsables.
Si no me creen, vean este discurso del Secretario General de la Falange, movimiento fundamental en el régimen del dictador Franco, pronunciado en 1945. Contiene todos los clichés demagógicos que se pueden escuchar en un discurso de Chávez, Correa o Evo: que el capitalismo pone al capital sobre el ser humano, que no se puede tratar el trabajo como una mercancía, que el capitalismo es malo malísimo, blablabla.
Bien lo señaló Popper, en La Sociedad Abierta y sus Enemigos:
“El totalitarismo moderno es sólo un episodio dentro de la eterna rebelión contra la libertad y la razón. Se distingue de los episodios más antiguos, no tanto por su ideología como por el hecho de que sus jefes lograron realizar uno de los sueños más osados de sus predecesores, a saber, convertir la rebelión contra la verdad en un movimiento popular…”.
Decía con razón Hayek que “la idea de colocar de nuevo a la humanidad bajo el imperio de sus primitivos instintos es una proposición históricamente tan recurrente como la lluvia en la naturaleza”.
El Orden Espontáneo según Hayek (for dummies) I
11 May, 2012 § 1 Comment
Por Aparicio Caicedo C. Follow @apariciocc
Friedrich Hayek fue el primer economista liberal en aventurarse profundamente fuera de la ciencia económica, a los terrenos de la ciencia política y jurídica. Y su principal aporte consiste, en consecuencia, en haber encontrado los puntos de convergencia entre dichas disciplinas.
Hayek resucitó un concepto indispensable para comprender la forma en la que funciona la sociedad: el orden espontáneo. Resucitó así una tradición de estudio que comenzó con la ilustración escocesa y que fue cultivada por algunos pensadores liberales decimonónicos, pero que luego resultó marginada por las corrientes colectivistas durante la mayor parte del siglo XX.
Me atrevería a decir que el elemento que define hoy a los “liberales”, desde una perspectiva intelectual, es la defensa tácita o expresa de la existencia de un “orden espontáneo” frente a los distintos tipos de dirigismos centralistas. Y es necesario leer a Hayek para comprender en hondura eso que defendemos.
¿Qué es el orden espontáneo?
Su sola mención levanta miradas condescendientes. A unos le suena a puro misticismo, otros dicen que es una noción de raíz religiosa, o iusnaturalista. En el mejor de los casos recibirás un comentario burlón sobre la famosa metáfora de Adam Smith de la “mano invisible”. La culpa es de esto no es de quien toma dicha actitud, sino de una tradición intelectual dominante que se ha movido en conceptos muy estrechos, incoherentes con la realidad, según los cuales toda institución humana ha sido creada en algún momento por alguien y toda sociedad necesita de una dirección centralizada para progresar. Lo contrario, se dice, es hablar de “anarquía del capital” o alguna chorrada por el estilo.
Por “orden espontáneo” Hayek se refiere a aquellos procesos sociales en el que interactúan una cantidad indeterminada de individuos, cada uno siguiendo fines particulares, sin sujeción a la dirección de nadie en particular, aunque sí sujetos a ciertas normas de carácter abstracto y universal que permiten una coordinación mutua, basada en una división del trabajo mucho más benéfica para el conjunto que la que resultaría de otros esquemas de planificación centralizada.
Pilas con este vídeo, que lo explica muy bien:
Solo miren a su alrededor, y encontrarán un ejemplo
Para comprender esto, les sugiero un ejercicio. Ahora mismo estarán viendo este texto en un computador personal, o quizá en un Ipad. Pregúntense de dónde salió el material del que está hecha la pantalla, si es que saben de qué material está hecha. También pregúntese quién ensambló la máquina, de dónde salió la tinta con la que imprimieron las letras en las teclas, o quién fabricó los metales de los que están hechos los circuitos de hardware, qué empresa provee de materiales al fabricante, en qué minas se extrae el mineral del que está compuesta la batería; o cómo es que todo esto me permite a mí escribir, comunicarme, guardar fotos, procesar información, sin que yo tenga la más mínima idea informática, de electrónica, de tintas, de minerales, de comercio internacional, etcétera. Piensen cómo es posible que tantas personas alrededor del mundo, en momentos distintos, con fines personales distintos, hablando lenguas distintas, con distintos gobiernos, sin conocerse entre ellos, hayan preparado todos los elementos por separado y llevado a cabo un proceso complejísimo para que ustedes aquí y ahora estén leyendo este texto sin tener la más remota idea de todo aquello.
Ese artefacto que tienen al frente, señores, es el fruto de un orden de carácter espontáneo que recibe el nombre de “mercado” y que depende para su correcto funcionamiento de ciertas instituciones (derechos de propiedad, respeto a los contratos, moneda, normas mercantiles, lenguaje) y de una diversidad inabarcable de emprendedores especializados que se coordinan a través de distintos mecanismos para satisfacer mutuamente sus necesidades.
De manera gráfica explica este vídeo la cantidad de conocimiento acumulado que hay en un solo Smatphone, y la gigantesca coordinación del esfuerzo de tantas personas distintas que se necesita para crearlo:
No hay ningún burócrata que diga cuánto coltán tienen que producir las minas en Bolivia para que se fabriquen la baterías de determinado número de Ipads en China, ni cómo deben ser diseñados estos aparatos en California, ni si serán comprados por personas en Berlín, Lima y Madrid. El Ipad que tenemos en nuestras manos es producido gracias a la coordinación espontánea (no dirigida centralmente) de un número indeterminado de personas que en la mayoría de los casos ni se conocen entre sí, pero que encuentran coordinación gracias al respeto de normas e instituciones básicas: esto es mío y esto es tuyo (derecho de propiedad), podemos intercambiar por mutuo consentimiento (normas contractuales), lo que yo quiero es determinada cantidad de dinero (pago en moneda), y te pido tal cantidad porque es igual o más de lo que otros están dispuesto a pagar por lo mismo (precios de mercado), etc.
La importancia de las instituciones
Hayek pudo apreciar la enorme complejidad y capacidad organizativa del mercado como economista, específicamente gracias a la influencia de pensadores como Ludwig von Mises, quien demostró en la década de 1920 que el socialismo estaba avocado al fracaso porque carece de los mecanismo de coordinación empresarial del libre mercado (precios, libre oferta y demandada, propiedad privada, etc.). Hayek pudo apreciar que el mercado ha podido llegar a esos niveles de eficacia organizativa gracias al desarrollo de instituciones (conductas pautadas de aceptación general) a lo largo de muchas generaciones, tales como el derecho de propiedad, el derecho contractual, los usos mercantiles, o la moneda. Tomó consciencia de que la mayoría de estas instituciones no fueron inventadas en un momento concreto por una persona o grupo de personas concretas, sino que son el producto no deliberado de un proceso evolutivo que a menudo toma muchísimas generaciones. Y se inspiró en la obra del fundador de la Escuela Austriaca de Economía, Carl Menger, quien demostró el origen evolutivo y no deliberado del sistema monetario imperante hasta entonces (el patrón oro).
Dichas instituciones las tenemos tan interiorizadas que las seguimos sin que seamos conscientes de ellas, ni de su importancia trascendental en todos los aspectos de nuestra vida diaria. Más aún, estudiando también economía se percató de la inabarcable complejidad de las sociedades modernas, y de la imposibilidad de que las normas que las rigen puedan ser diseñados en un momento histórico determinado, porque ninguna mente humana sería capaz de procesar la información necesaria para tal fin. La mayoría de las intervenciones y subversión de estas instituciones, por parte del Gobierno, se da por lo que él llama “fatal arrogancia”: la falsa idea de poseer el conocimiento y capacidad necesaria para alterar la sociedad de acuerdo a nuestras preferencias pasajeras.
Sin estas instituciones, no podríamos tomar café o estudiar en la cafetería
La mayoría de normas que rigen las actividades más básicas de nuestras vidas son normas abstractas que se han desarrollado generación tras generación, que cumplimos aún sin conocer su trasfondo teórico o histórico. Tomen nuevamente el ejemplo del Ipad. Imaginen que están en una cafetería con Internet gratuito, y que hay muchos estudiantes a su alrededor con distintos dispositivos. No nos damos cuenta, pero todo eso es posible debido al respeto inconsciente de un puñado de normas de alguna complejidad. Ninguno de los que está ahí es un civilista conocedor del código de Andrés Bello, pero están ahí bajo la convicción de que nadie le quitará de sus manos el Ipad y se irá con él. Y saben también que pueden ir a la caja a pedir un café a cambio de dinero, y que a partir de que realice esa transacción el café será suyo y el dinero ya no. Reclamarán sin duda si le dan un café que esté en malas condiciones, porque saben casi instintivamente que tienen derecho a hacerlo, por más de que no hayas cruzado más de media palabra con el empleado de la cafetería. Muchos etcéteras.
Piensen, por un segundo, todos los contratos que celebran al salir de su casa en un día cualquiera, y todo lo que dan por descontado en ellos. Verán.
Todas estas cosas resultan obvias así puestas. Pero si nos ponemos a analizarlas no lo son tanto. Porque los estudiantes del café saben, aunque no lo puedan articular con palabras precisas, que tienen un derecho de propiedad sobre el artefacto que usan o sobre la tasa de café que se toman, que se deriva de haberla adquirido de forma legítima de la tienda que se lo vendió, con la que celebró un contrato de compraventa, y que esta tienda la adquirió a su vez de una fábrica, que celebró contrato con sus proveedores que adquirieron la propiedad de esos insumos por apropiación original al explotar una mina o una plantación, etc. Sabe instintivamente que esa propiedad la ejerce gracias a que el antiguo propietario le cedió voluntariamente sus derechos sobre la cosa a cambio de un monto específico de dinero. Sabe que esto le da derecho a excluir a terceros del uso del Ipad, o a permitírselo a otras personas en determinadas circunstancias. Y lo mismo pasa con el café. Y es gracias a esta y muchas más instituciones interiorizadas en nuestra vida cotidiana que existe un orden en esa cafetería, por esa razón que no empieza una batalla de todos contra todos por los Ipads o el dinero de los demás, ni por el café que sirven en el mostrador. Hay un orden porque todos ahí se someten pacíficamente a pautas de comportamiento que limitan su conducta que tienen una importancia fundamental para ellos, normas abstractas tan importantes que todos se alarmarían y condenarían rápidamente a cualquiera que rompa estas normas (en caso de un robo de los Ipads, por ejemplo). Y, sin embargo, ninguno de ellos podría articular claramente, ni explicar la naturaleza teórica e histórica de aquellas normas que siguen cuidadosamente y cuyo respeto por parte de terceros dan por descontado. Pregunten en un café de estudiantes, si no me creen, sobre fundamento jurídico último de los derechos de propiedad, aunque paradójicamente verán que se respetan a rajatabla esas normas que pocos pueden articular.
Sin derecho de propiedad, por ejemplo, sería imposible el intercambio comercial, y no tendríamos ni Ipads, ni PCs, ni tan siquiera cuadernos donde anotar ideas. Porque si el fabricante chino no está seguro de que la producción le pertenecería, no se metería a producirla, y no hubiera conseguido ni siquiera insumos, porque sus proveedores de minerales determinados tampoco lo abastecerían, ya que para qué van a extraer estos metales si no serían suyos y se los arrebatarían, etc. Sin embargo, en el mundo real, los intereses de todas estas personas se coordinan de tal manera que todos colaboran porque saben que son dueños de los que poseen y que lo pueden vender y así obtener una ganancia. El orden espontáneo del mercado, cuyo funcionamiento damos por hecho todos los días, se vendría abajo el momento que esas normas tan complejas que nadie puede articular en su totalidad desaparezcan. Sería como si los pilares de un edificio se desmoronaran.
Continuará….
Los ‘indignados’ de mi barrio
2 March, 2012 § 29 Comments
Por Aparicio Caicedo C. Follow @apariciocc
En mi barrio hay tres clases de ‘indignados’: la china de la tienda, los jamoneros y el guitarrista francés. Quizá ellos no lo sepan, pero son unos verdaderos rebeldes, y yo los admiro. Todos los días se rebelan contra su destino de forma pacífica. Y con ello transforman su entorno, y el de todos los que vivimos cerca. Nos hacen la existencia más cómoda, más sencilla, más barata, o simplemente mejor. Sin imponernos nada, sin quitarnos nada, sin tratar de dirigir nuestras vidas.
La china de la tienda. Esta es mi favorita. Esa mujer nació y creció en China (obvio, porque si hubiese nacido en Perú sería más bien “la peruana de la tienda”). Apenas habla español, y trabaja como una posesa.
Yo suelo olvidarme de todo, y especialmente de las cosas que mi esposa me pide que compre antes de que cierre el super. Pero no pasa nada. Porque la “china de la tienda” está ahí, todos los días, hasta las 11-12pm. Y ella me entiende. Aunque no sepa cómo me llamo, y quizá tampoco le interese. Ella sabe lo que necesito, y me evita así muchos problemas en casa.
Quizá está indignada, pero no resentida. Lo cual es curioso, porque ella sí que sabe lo que es la probreza extrema, a diferencia de los jóvenes “rebeldes” que salen a romper cosas en Madrid o Barcelona. Quizá a ella también le indignaba su condición, pero en lugar de quemar contenedores de basura decidió agarrar al destino por los huevos. Decidió emigrar a España y poner su tienda cerca de mi casa. Yo agradeceré siempre al Olimpo por esa feliz decisión.
Los jamoneros. Estos flacos son geniales. De verdad. Cuando vi que estaban poniendo una tienda de jamones y
embutidos, pensé: otra tienda más de jamones en España, oh, qué original. Pero me dieron un masazo en la boca, y me demostraron que siempre se puede innovar. Su estrategia de márquetin es brillante, aunque simple. Tienen un mostrador donde todas las mañanas ponen bocadillos de jamón recién cortado, detrás de una mampara de vídrio. Atrás están ellos con las patas exhibidas. Pasas por ahí y el cuerpo simplemente te arrastra para entrar. Es imposible no hacer un comentario, al menos, cuando vez esas lonchas celestiales recién cortadas. Además, está siempre abierto, incluyendo sábados y domingos. El horario lo ponemos los clientes, y no cierran hasta muy tarde. Son muy exitosos, en plena crisis.
Mientras los amigos jamoneros están rompiéndose el lomo, a pocos metros los “indignados” locales se reunen habitualmente para culpar al mercado de todo lo malo que sucede. Pero estos “avariciosos capitalistas” del jamón ni los escuchan. Están demasiado ocupados forjándose su propio destino.
El guitarrista francés. De todos los emprendedores de mi barrio, este es el más curioso. Su manera de encarar la crisis es la más estética, sin duda. Con una guitarra, un micrófono y un amplificador recorre todas las calles del Casco Viejo. No sé cómo se llama, y no entiendo las letras de sus canciones en francés, pero me gusta mucho lo que toca. Y le agrada también a la gente que pasa por ahí. El otro día incluso fui al bar y estaba él. Lo habían contratado para esa noche. Siempre que puedo le dejo algo, no mucho, apenas unas monedas sueltas. Pero él no está ahí exigiendo dinero ajeno porque lo “que él hace es cultura y la sociedad no puede vivir sin cultura”. No, él comparte su talento con todo el que pase, y a cambio solo te brinda la oportunidad de que los “subsidies” de forma voluntaria, en la medida que lo creas conveniente. Y esa es su particular forma de decirle al destino: a mí tú no me ganas.
No sé a ustedes, pero a mí estos tipos me parecen la utopía encarnada. Qué puede haber más heroico que perseguir tus propios fines de manera pacífica. Qué puede ser más admirable que trasformar tu realidad con aquellos medios disponibles–una pata de jamón, un sixpack de cerveza, o la canción que le sacas a una guitarra–, combinando así tu potencial creativo con el de millones de personas, cuyos nombres ignoras pero cuyas vidas haces mejor cada día; así, sin darte apenas cuenta.
Claro. Si la china, los jamoneros o el guitarrista francés deciden ahorrar, expandirse, contratar más gente y acumular el fruto de su esfuerzo, se convertirán con los años en esos orcos capitalistas, y será culpa de ellos que el Estado esté quebrado por la orgía de subsidios y prestaciones exigidos por aquellos que se dicen hijos de la utopía…..C’est la vie, dirá nuestro amigo, el guitarrista.
A título de bonus track, les dejo vídeo de otro emprendedor que hacía lo mismo que estos en el barrio donde viví durante 2010, en Santa Mónica (California). Lo grabé simplemente porque la canción me pareció buena; después me enteré que se llama “Doctor, my eyes”. Escúchenla.
Más Bastiat, y menos Alfaro
7 February, 2012 § Leave a Comment
Por Miguel Castañeda C. Follow @MigueEdu
Las elecciones presidenciales y legislativas francesas llegarán a su punto culminante el 22 de abril de este año con una primera vuelta, y el 6 de mayo con una segunda. Trece candidatos representando a 13 partidos, nuevos y viejos, se encuentran inscritos. El actual mandatario francés, Nicolas Sarkozy y su partido UMP (Unión por un Movimiento Popular) , compiten por la reelección. Su principal opositor, François Hollande del Partido Socialista, aparece como uno de los más opcionados al Eliseo, según ciertos sondeos. Otros candidatos nombrados en los sondeos por orden de preferencia son: Marine Le Pen (Frente Nacional), François Bayrou (Movimiento Demócrata), Jean-Luc Mélénchon (Frente de Izquierda) y Eva Joly (Europa Ecología). Quizás por esta razón, muchos medios y prensa dan mayor cobertura a las propuestas y acciones de estos candidatos.
Todos comparten en sus programas temas de actualidad como los déficits públicos, el euro, el desempleo, la “desindustrialización” del país, la regulación del mundo de las finanzas, la energía nuclear, entre otros. Medidas como la ”reindustrialización” y el proteccionismo económico de Le Pen, las políticas redistributivas y el aumento de funcionarios públicos en la educación de Hollande, el aumento de impuestos y la congelación de los salarios (no despido) de funcionarios del sector público de Bayrou y Sarkozy, el aumento del salario mínimo y la inflexibilización del mercado laboral de Mélénchon, el aumento de la inversión “verde”, el “buen vivir” y la eliminación de la energía nuclear de Joly.
Entre las propuestas vemos algunas similitudes que pasan desapercibidas, entre candidatos tan ideológicamente opuestos, tales como el control e imposiciones a los mercados financieros de Sarkozy y Hollande, o el consumir 100% “francés” de Le Pen y Bayrou.
Sin embargo, este 2012 será histórico gracias a un candidato, y muy particular debo decir, que ha entrado en la contienda. Uno cuyo programa critica y se opone directamente a todos los candidatos, quienes, según su opinión, poseen una visión estatista y colectivista que busca eliminar la autoridad y libertad del individuo. Este economista francés que es un desconocido para la mayoría de los franceses, es reconocido mundialmente por sus aportes a la ciencia económica, y la filosofía. Este candidato liberal sin partido, representa no sólo a los individuos franceses, sino a los individuos del mundo.
Es autor de varios escritos y libros, entre ellos El Estado, o Sofismas económicos, un libro que desenmascara, refuta y destruye todos los errores de razonamiento económico que pululan en las mentes de los tecnócratas y dirigentes del mundo y que sirven de base para sus programas.
Su lema de campaña, “Legalicen la Libertad”.
Su programa para las presidenciales será publicado este 22 de febrero del 2012, pero desde ya se ha podido conocer ciertos rasgos de este, a través de unacarta publicada en el sitio web de su campaña, y que al parecer atacan directamente a la fuente de los males que aquejan a Francia:
- Son los ciudadanos quienes deben limitar la acción del Estado y no al revés.
- Son los ciudadanos quienes deben controlar a la clase política y no al revés.
- Son las asociaciones libres, no las organizaciones obligatorias, monopolísticas y centralizadas del Estado, las que deben permitir a los hombres de ayudarse entre sí, para dar y trabajar juntos.
- Son los individuos libres quienes deben decidir cómo buscar su felicidad.
- Son los individuos libres quienes deben decidir con quién trabajar e intercambiar.
- Son los individuos libres quienes deben decidir con quién compartir y asociarse.
- Son los individuos libres quienes deben decidir cuándo consumir y cuándo ahorrar.
- Son los individuos libres quienes deben decidir dónde invertir y dónde emprender.
- Son los individuos libres quienes deben decidir dónde curarse y dónde educar a sus hijos.
- Para dar, intercambiar, crear, descansar, trabajar o construir, no necesitamos de una burocracia amorfa, de una clase político-sindical invasora y de falsos sabios culpabilizándonos, imponiéndose todos a través de la fuerza del Estado.
Ellos nos necesitan para vivir, pero nosotros no necesitamos de ellos para vivir.
- No tenemos que andar mendigando el derecho de conservar el fruto de nuestro trabajo, de nuestros intercambios y de nuestro ahorro.
- Nuestro derecho a la libertad y la propiedad son inalienables.
- Hemos cedido demasiado, hemos aceptado demasiado desde hace varias décadas. No dejaremos que los habladores estatistas saqueen nuestro porvenir y el de nuestros hijos, destruyan nuestras libertades y destruyan nuestra civilización.
- Amigos liberales, vivos o muertos, no nos dejemos vencer. Es tiempo de hacer sonar la alarma contra el estatismo delirante que está llevando a nuestro país a la tumba.
- Es tiempo de resistir.
- Mi candidatura de ultra-tumba es el primer testigo de este movimiento.
- A partir de ahora no cederemos más, avanzaremos. No nos someteremos, lucharemos.
- Los años a venir serán aquellos de la reconquista, y esta comienza hoy.
Siempre suyo,
Frédéric Bastiat – 2012
A estas alturas muchos entendidos en la materia deben preguntarse el motivo de la broma. Frédéric Bastiat, para aquellos que no lo conocen, lleva más de cien años muerto. Sin embargo, de manera casi espontánea y seria, varios ciudadanos franceses de corte liberal, han organizado esta campaña que tiene como objetivo invocar la visión liberal de este conocido economista para crear consciencia y verdadera crítica hacia los programas que los candidatos presidenciales les quieren imponer. Para alcanzar la reducción del tamaño y alcance del Estado y sus gastos, semillas de la crisis económica actual, los ciudadanos detrás de esta iniciativa reclaman más libertades y responsabilidades individuales, en contraposición a la propuesta general de los candidatos a la presidencia por más asistencia, intervencionismo y paternalismo estatal. Si bien los liberales en Francia existen aún, no se encuentran realmente representados en un partido político, a pesar de la existencia de un Partido Demócrata Liberal que no necesariamente cumple a raja tabla estas ideas.
Liberales franceses en la historia los hay por montones, y sus brillantes mentes siguen influenciando a millones hoy en día. Sus obras y escritos son como una especie de herencia con la cual los individuos franceses y del mundo podrán contar siempre para protegerse del malintencionado discurso político y de sus tecnócratas. Siento una sana envidia, porque mientras los franceses hoy en día pueden darse el lujo de invocar a verdaderos liberales de su historia, los ecuatorianos invocamos a dictadorzuelos cubiertos bajo el manto de una falsa revolución liberal que nunca ha existido. Recordemos que Eloy Alfaro (y su revolución de 1895) aparte de inspirarse, como bien lo describió Alfonso Reece, en el Jacobinismo francés de finales del siglo 18 (una especie de estatismo intervencionista totalitario), era miembro de la franco-masonería, la cual junto con los radicales socialistas de la época, compartían una doctrina conocida bajo el nombre de Solidarismo (ver: Léon Burgeois, y Célestin Bouglé).
Por lo tanto es evidente que La Revolución Ciudadana en Ecuador, con su conocido discurso “social y solidario”, no dude en hacer de Eloy Alfaro el símbolo de su bandera. Pero sería un error omitir que, en total oposición al liberalismo, todas las obras y medidas del gobierno de Eloy Alfaro, buenas o malas, fueron imposiciones centralmente planificadas y coordinadas a través del monopolio de coerción del Estado. Y como decía Faviola Rivera Castro, ”El liberalismo contemporáneo se inscribe dentro de la tradición angloestadunidense, desde John Locke hasta John Rawls. dentro de esta tradición, la laicidad nunca ha sido considerada un valor político importante. rara vez se le menciona, y cuando se hace, es para negar que un Estado liberal pueda ser laico. La razón principal de esta postura es que un Estado liberal protege el pluralismo religioso y la tolerancia, mientras que un Estado laico no es neutral en cuestiones religiosas”.
Lo que me recuerda las evaluaciones obligatorias a las que debían someterse los alumnos de colegios católicos en tiempos de Alfaro, evaluaciones dirigidas por profesores laicos del Estado.
Puedo imaginar la cara de indignación del General Eloy Alfaro (el falso liberal) al escuchar la frase que Frédéric Bastiat (un verdadero liberal) dijo una vez: “Me es imposible concebir una Fraternidad legalmente forzada, sin que la Libertad sea legalmente destruida, y la Justicia legalmente pisoteada”.
¡Frédéric Bastiat 2012!
La primavera árabe y el mártir capitalista
20 January, 2012 § 3 Comments
Por Aparicio Caicedo Follow @apariciocc
Quién lo diría. La Primavera Árabe fue el efecto de la sublevación de un comerciante “informal” contra un Estado que lo ahogaba con impuestos y regulaciones. Sí, esa esa es la historia que nos cuenta Hernando de Soto en Foreign Policy: “The Real Mohamed Bouazizi“. Se prendió fuego el tunesino frente a una oficina del Gobierno, en su pueblo, y terminó incendiando políticamente a toda la región. No se trataba de un activista ideológico. Se trataba de un ser humano ambicioso que solo quería ser libre para comerciar pacíficamente, ahorrar dinero y poder adquirir bienes de capital que le permitan ser más productivo.
Su objetivo tenía nombre y era bastante concreto: ahorrar para comprar una camioneta Izusu que le permitiera transportar sus mercancías. Pero el aparato represivo del Gobierno tunesino lo perseguía, para pagar impuestos y permisos burocráticos que simplemente estaban fuera de su alcance, como explica De Soto:
Bouazizi might have tried legalizing his business by establishing a small sole proprietorship. But that’s easier said than done. We calculated that doing that would have required 55 administrative steps totaling 142 days and fees amounting to some $3,233 (about 12 times Bouazizi’s monthly net income, not including maintenance and exit costs).
Un día llegaron los gendarmes del “bien común” y la “justicia social”; le arrebataron todo, le quitaron su medios de subsistencia, las mercancías compradas a crédito. Le arruinaron la vida:
Indeed, by running against the goodwill of the authorities he not only lost his fruits and scale, but also his access to property, credit, and future capital. His merchandise had been bought on credit; once it was confiscated, he couldn’t sell it to pay his creditors back. Because his working tools were confiscated, he had lost his capital. Because the customary arrangement to pay authorities 3 dinars daily for the property right to park his vendor’s cart in 2 square yards of public space had been terminated, he lost his access to the market.
Y así decidió prenderse fuego. Murió semanas después. Su caso avivó la llama revolucionaria en el Magreb, en Egipto, y hasta en Libia. La revista Time lo mencionó como la razón primordial para nombrar de personaje del año a “the protester”. Quién lo diría. Él, un capitalista de cepa, que lo único que quería era más libertad de empresa, es hoy idolatrado por los activista de Ocuppy Wall Street, que buscan exactamente lo contrario.
Un activista del capitalismo se convirtió así en un héroe anticapitalista. Cosas de la vida.
Lean el artículo.
Más Ron Paul y menos Paul Krugman
1 October, 2011 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com Follow @apariciocc
Lean, y comparen. Saquen sus propias conclusiones.
Ron Paul, 2003: “Como todas las burbujas artificialmente creadas, el boom en los precios inmobiliarios caerá, los dueños de las casas experimentarán dificultad mientras su patrimonio es barrido. Más aún, los tenedores de títulos de deuda hipotecaria también tendrán una pérdida. Estas pérdidas serán mayores de las que hubiesen sufrido en circunstancias distintas“.
Krugman, 2002: “Para luchar contra la recesión la Fed necesita más que contestar drásticamente; necesita un incremento en el gasto de los hogares para compensar la moribunda inversión empresarial. Y para hacerlo Alan Greenspan necesita crear una burbuja inmobiliaria para reemplazar a la burbuja puntcom“.
¿Es Ron Paul un profeta o un genio superdotado? No, simplemente tiene una concepción realista de la economía, se ha formado en la tradición doctrinal austriaca. Los economistas “austriacos” vienen explicando y previniendo todo este desastre hace muchos años; comprenden que la culpa de las recesiones está en la interferencia de los Gobiernos, no en el libre desempeño del mercado. Pero pocos parecen escuchar.
Visto lo visto, ¿quién creen que tenía la razón al final?, ¿quién creen que tiene la razón ahora? No siempre se dejen deslumbrar por un Premio Nobel.
Schiff explica por qué ningún ‘estímulo’ servirá
18 September, 2011 § Leave a Comment
Por Miguel Castañeda C.
Follow @MiguelEdu
Para quienes no lo conocen, Peter Schiff es presidente de la Euro Pacific Capital Inc., con estudios en la Universidad Berkeley de California, seguidor de la escuela austríaca de Economía.
Schiff es asesor económico de Ron Paul. Su opinión en el plano económico está ganando cada día más adeptos. Fue uno de los pocos que predijo la burbuja inmobiliaria y la debacle económica de 2007-2008. Cuando el resto de economistas y expertos hablaban de bonanza perpetua en 2006, él hablaba de recesión inminente.
En su última intervención ante el Comité de Empleo del Congreso de Estados Unidos, Peter Schiff explicó los problemas ocasionados por las continuas intervenciones del Gobierno en la economía. Comenta que los planes de estímulo del Gobierno nunca podrán hacer crecer la economía ni podrán crear puestos de trabajo, y que, al contrario, están impidiendo al mercado libre corregir los problemas de varios años de malas políticas monetarias y fiscales.
“No necesitamos más gasto y consumo, necesitamos lo opuesto, es decir ahorro, inversión y producción”.
Él explicó que los trabajos en el mercado libre provienen de dos cosas: de las ganancias y del capital. Se necesitan a los dos para crear trabajos.
“Si no hay trabajos suficientes, entonces qué estamos haciendo mal para que éstos trabajos no existan?”.
Para que un empresario contrate a alguien, necesita evaluar la posible ganancia de esa acción, es decir, necesita calcular si la persona que va a contratar le representará más valor que el costo de emplearlo. Este costo de emplearlo no solo incluye el salario pagado, también incluye los beneficios obligatorios a repartir , los impuestos a pagar y, el más importante, el riesgo legal que conllevan tantas reglas y regulaciones estatales que no hacen nada para proteger a los clientes sino que provocan gastos administrativos y legales excesivos, que provocan que pequeños y medianos empresarios estén más preocupados en buscar formas de hacer crecer sus negocios sin tener que contratar a nadie.
El otro factor que permite crear empleos es el capital. El empresario puede contratar personal porque posee capital, o sea las herramientas que los empleados no poseen, como fábricas, maquinaria, sistemas informáticos, marcas, etc. Y éste capital proviene del ahorro o, lo que es lo mismo, de la privación del consumo presente. El ahorro puede ser del empresario o de un tercero al cual el empresario puede prestar. Pero actualmente no hay dinero para prestar, puesto que todo se va al Gobierno o hacia algún programa que el gobierno haya garantizado. Las tasas de interés actuales de casi cero por ciento, perjudican al ahorro y promueven el consumo.
Schiff indica que la única forma de aumentar la demanda de mano de obra es reduciendo las regulaciones que han incrementado los costos de empleo, como por ejemplo la eliminación del salario mínimo. Critica el nuevo plan de Obama de creación de empleos mediante reducción de impuestos en la nómina de sueldos de las empresas que contraten a personas que hayan estado paradas por un largo período:
“los déficits que se crearán para financiar esa reducción de impuestos, socavarán aún más la economía y destruirán más puestos de trabajo que cualquier beneficio que podamos obtener de un ingreso extra gastado, puesto que el problema real es que el gobierno y su excesivo gasto está dañando a la economía.”
“La recesión es parte de la cura, la razón por la cual no podemos tener una recuperación real, es porque el gobierno no nos permite tener una real recesión, no permite al mercado hacer la necesaria reestructuración. Es imposible mantener una economía basada en el gasto de dinero prestado, y no basada en el ahorro, la inversión y la producción”.
“Henry Ford no habría podido nunca crear un producto de alta calidad, a bajo precio y pagar los salarios más altos del mundo a sus empleados, sino hubiera sido gracias al sistema de producción en serie que inventó, a las pocas regulaciones gubernamentales (salarios mínimos y sindicatos inexistentes) y al pequeño aparato estatal de la época (muy bajos impuestos). Si se quiere recrear la industria estadounidense, hay que recrear ese ambiente”.
En la misma sala se pudieron también escuchar otros argumentos menos objetivos y con tintes keynesianos como los de Heather Boushey quién afirma que Estados Unidos es un país con “bajos impuestos y bajo gasto público” en relación con otros países y que puede darse el lujo de continuar gastando al ritmo actual; y del congresista demócrata Elijah Cummings, quien recalcó que invertir en la educación pública de los jóvenes es vital y que el no educar propiamente a cada niño es una “amenaza a la seguridad nacional”.
Quién ofrece argumentos sólidos y soluciones lógicas? Júzguelo usted mismo.
La Encyclopédie: obra de la libertad y el ánimo de lucro.
12 June, 2011 § 2 Comments
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com Follow @apariciocc
Los Socialistas del siglo XXI, siguiendo una centenaria tradición antiliberal, se desgarran las vestiduras contra los medios privados de prensa. El presidente del Ecuador, Rafael Correa, es uno de los exponentes más activos de esta cruzada contra la libertad de opinar. Repite una frase que en su mente sonará lapidaria: la libertad de prensa ha sido históricamente la libertad del dueño del medio de prensa. Y con ello pretende justificar sus proyectos de censura (perdón, de regulación) mediática.
Lo paradójico del caso es que tiene toda la razón. La propiedad privada de los medios de prensa ha sido su mayor garantía de independencia frente al poder. Y sí, lo que se defiende–lo que yo defiendo al menos–es eso: su libertad de hacer lo que quieran con su propiedad privada (imprenta, canal de televisión, estación de radio, etc.). Eso es todo lo que se necesita, y todo a lo que podemos aspirar. El uso que cada uno haga de esa libertad es otra cosa.
Tenemos ejemplos históricos de sobra. La propia Encyclopédie, potenciador intelectual de la Ilustración, no hubiese sido posible si no gracias a la propiedad privada del medio de prensa empleado y el satánico ánimo de lucro de sus dueños.
La historia la cuenta con detalle el francés Philipp Blom, en su Encyclopédie. El triunfo de la razón en tiempos irracionales (Anagrama, 2004). La Encyclopédie fue una obra iniciada por un grupo de intelectuales fraceses, en 1750, que se convirtió el éxito editorial de su época, responsable parcial de la explosión de las ideas liberales por toda Europa y el mundo, que contó con la contribución de las lumbreras académicas del siglo. Denis Diderot, su editor y fundamental artífice, se enfrentó a la ruina económica, a la devastación familiar, a la censura e incluso a la cárcel para poder sacarla adelante. Fue una empresa en la que el ánimo de trascendencia intelectual y de lucro económico se conjugaron con absoluto éxito, como lo describe Blom:
“A la hora de la verdad, la Encyclopédie sería más cara, y mucho más lucrativa, de lo que habían pensado los libreros. En su momento culminante, daba empleo a un millar de impresores, grabadores, dibujantes, encuadernadores y otros. Lo que significa que casi uno de cada cien parisinos se beneficiaba económicamente de la empresa, directa o indirectamente… El director de publicaciones tenía que haberse dado cuenta que la Encyclopédie no sólo tenía ramificaciones ideológicas para la Iglesia y para el Estado, sino también otras económicas muy importantes para el comercio del libro francés…” (p. 93)
Y, desde luego, los tartufócratas de turno también hicieron lo posible por silenciar a Diderot y sus socios, por ser enemigos de los intereses del “público”, del “Estado”, del “bien común”, y la doctrina religiosa del momento (hoy sería el Buen vivir). Lo bueno es que la mirada torpe de los censores de la fe y las buenas costumbres (hoy les dicen órganos de regulación) era fácilmente burlada con ironías y sarcasmos encubiertos.
Como en materia política y religiosa los autores no podían defender tan frontalmente la libertad, por miedo a la censura, en economía se explayaron. En una entrada, encargada al conocido economista Étienne-François Turgot, existen frases que por su simpleza y realismo siguen siendo un diagnóstico exacto del presente: “mientras que el curso natural del comercio es suficiente para la creación de mercados, nos vemos enfrentados al desafortunado principio de… la manía de controlar y regularlo todo y nunca servir a los verdaderos intereses del pueblo”. Esta, como tantas otras, es una verdad que seguimos sin digerir.
En cualquier caso, Correa tiene razón, aunque derive de ello conclusiones erróneas. La propiedad privada de los medios de prensa es la esencia de la libertad de prensa. Sin la propiedad de los medios de producción (intelectual, artística, periodística, industrial, etc,.), no existiría esa frontera de autonomía personal que nos permite ser libres ante el poder estatal. Porque el respeto a la propiedad privada es eso: respeto para escoger nuestros propios fines, que inexorablemente requiere del control de los medios obtenidos para satisfacer dichos fines. Por ello, cuando defendemos la “independencia” de la prensa no se pretende otra cosa que la aludida: control independiente ejercido por los propietarios de los medios de prensa, por contraposición al control ajeno, estatal. No se alude al uso que hagamos de dicha “independencia”, si este es ético, o estético, si es bueno o malo. Libertad de elegir, eso es todo, y ello incluye la libertad de ser grandes periodistas, o mediocres; de ser amarillistas, facciosos, serios o imparciales. La propia obra de Diderot no estaba exenta de terribles prejuicios y graves falacias.
Si no, imaginemos qué hubiese pasado si los emprendedores de la Encyclopédie no hubiesen sido dueños de la imprenta, si el ánimo de lucro de sus inversores no hubiese facilitado los medios económicos necesarios, si hubiesen sucumbido a la pesada persecución del Estado, justificada en el bien común. Imaginemos que la autoridad de turno hubiese dicho, en defensa de la persecución montada: defendamos a aquellos que no pueden pagar la suscripción, que no pueden acceder a otras fuentes alternativas de información, que son proclives a la manipulación de sus autores. Imaginemos también al censor hablando de “dimensión social de la libertad de expresión” y otras babosadas, mientras justificaban una Ley de comunicación enciclopédica. Imaginemos que, en vez de inversores privados, el Gobierno francés hubiese utilizado dinero ajeno arrebatado de forma coactiva a sus súbditos para emprender su Corporación Enciclopédica Nacional.
PD. Imagino a un genio, en arrebato de felina agudeza, argumentando: pero las frecuencias electromagnéticas son de propiedad del Estado, y solo concesionadas a las estaciones de TV y radio; ergo, no pueden hacer lo que les da la gana. Respuesta simple: ese es un problema que deberíamos eliminar, privatizando el espectro electromagnético, posibilidad que nunca se ha ensayado. De hecho, ese es uno de los mecanismos más comunes que los políticos en el poder tienen para presionar a los medios, cuando se acerca la época de renovación de licencias, y es la forma que tienen también de contentar a sus aliados mediáticos.
Follow @tartufocraciaEl New Deal del Comercio Global
7 June, 2011 § Leave a Comment
”El New Deal del Comercio Global, Génesis ideológica del sistema multilateral del comercio”, ponencia presentada en el IV Congreso de Economía Austriaca 2011, organizado por el Instituto Juan de Mariana y la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.
Por Aparicio Caicedo Castillo. Follow @apariciocc
Introducción
Cuando comencé mis estudios de doctorado, me dediqué al estudio de la regulación del comercio internacional, ámbito que siempre me fascinó por su complejidad teórica, trascendencia práctica y relevancia mediática (a favor, y en contra). La primera impresión que me dejó el estudio del sistema multilateral de comercio fue su incoherencia. Leer los acuerdos de la OMC, comenzando por el GATT, significa encontrarte con un catálogo extenso de excepciones a la supuesta regla de la liberalización del comercio: salvaguardias y regímenes especiales por absolutamente cualquier motivo imaginable. Los cortocircuitos teóricos más llamativos fueron el régimen de salvaguardias del artículo XXI y la “excepciones ambientales”, temas a los que dediqué mucho tiempo para encontrar su lógica.
Finalmente, terminé mucho más desorientado que al comienzo, porque los libros de texto de rigor están llenos de clichés. Noté que—a diferencia de otros ámbitos como el sistema monetario y financiero internacional—hacía falta una labor de arqueología de las ideas que sirvieron de base a este proyecto, en sus inicios, allá por la década de 1940. Porque, por más que el sistema se haya reformulado en 1995, con la creación de la OMC, los principios institucionales esenciales siguen siendo exactamente los mismos[1].
Una vez delineado el objetivo, la elaboración de la tesis llevó cuatro años, pero no fue sino hasta cuando estuvo muy avanzada, con toda la labor historiográfica realizada, que descubrí el enfoque teórico de la tradición austriaca. Gracias a sus herramientas teóricas, pude encontrar el camino correcto. Y de ahí el título escogido, que se me ocurrió gracias a un escrito de Rothbard sobre un tema similar[2].
La respuesta, según pude descubrir, se encontraba en Estados Unidos, en un grupo de tecnócratas del Departamento de Estado, la mayoría de ellos de fervientes “progresistas”, con una concepción teórica muy particular de la realidad social. Para ellos, a partir de la experiencia de su país durante medio siglo, la liberalización del comercio internacional era un principio necesario para asegurar la prosperidad material del planeta, siempre que se conjugue con una activa intervención del Estado. La crisis que significó la II Guerra Mundial, parafraseando a Higgs, fue aprovechada para expandir el leviatán a escala planetaria (véase Higgs, Crisis and Leviathan), que tuvo un éxito parcial.
Su ideal de liberalización no tenía nada que con la doctrina clásica, sino en lo contrario: en un orden planificado y controlado por agencias tecnocráticas, en alarde de esa “pretensión de conocimiento” que caracterizó a los experimentos ingeniería social de la época (Hayek, “Pretence of Knowledge”). Se basaron en las mismas falacias históricas usadas por los gendarmes del estatismo a nivel local (véase e.g. Mises, Omnipotente Government; Rothbard, The Man and The State; Hayek, Capitalism and Historians). Todos ellos veían la Great Depression, y el New Deal la confirmación de sus prejuicios doctrinales (Rothbard, America’s Great Depression), veían el potencial de su Gobierno como fuente de armonía social, tanto a escala nacional como internacional. Además, precisamente por usar filtros teóricos distorsionantes de la realidad, atribuyeron injustamente la crisis continua de la entreguerra y el colapso de la Sociedad de las Naciones al auge del capitalismo global y las doctrinas liberales.
La Pax Americana del comercio comienza así, inspirada en la Constitución americana, pero no en la de Jefferson y Madison; por el contrario, el modelo constitucional era sólo un tenue espectro del legado de los founding father, tergiversado por el auge del progressive movement.
1. Los arquitectos del sistema multilateral de comercio
Lo primero que llamó mi impresión fue enterarme que los artífices del sistema multilateral del comercio fueron un puñado de tecnócratas agrupados en torno al Departamento de Estado americano, en una comisión secreta de la planificación, la Advisory Committee on Postwar Foreign Policy, grupo de trabajo que tuvo a su cargo nada menos que diseñar el esquema institucional de la Pax Americana, bajo el auspicio económico de la Rockefeller Foundation y el Council of Foreign Relations, CFR (sobre el CFR, véase Rothbard, Wall Street, Banks, and American Foreign Policy). “Nunca antes”, apuntó con absoluta razón James N. Miller, “la política comercial se había originado en una locación tan centralizada, pequeña y cuidadosamente controlada”[3].
La segunda sorpresa fue descubrir que los miembros de este grupo de planificación eran, a su vez, artífices de las reformas de Franklin Delano Roosevelt; eran críticos acérrimos del liberalismo clásico y sponsors de la intervención del Estado en la economía. Más aún, muchas de las figuras intelectuales más radicales del New Deal emigraron a estos grupos de trabajo—menos visibles políticamente—cuando Roosevelt, durante su tercer mandato, empieza a despedirlos y opta por escoger colaboradores del mundo empresarial (véase Higgs, Crisis and Leviathan, y Slaughter, “Regulating the World”).
El líder de todo este proceso fue Cordell Hull, Secretario de Estado de Roosevelt. Él es la figura central de este proceso, y su trayectoria ilustra el trasfondo doctrinal de toda esa generación. Valga sólo con mencionar que ostenta dos títulos históricos en apariencia contradictorios: reconocido padre del GATT y—su faceta menos publicitada—“padre del impuesto a la renta” en EEUU. Por un lado, fue la persona que hizo posible que, con la aprobación del la Reciprocal Trade Agreements Act de 1934, el coloso americano salga de su característico ostracismo comercial mediante la suscripción de acuerdos comerciales recíprocos, lo cual viabilizó la firma del GATT de 1947. Por otro, paradógicamente, fue el legislador demócrata que, durante el mandato de su máximo ídolo—el estatista por excelencia, Woodrow Wilson—había logrado la aprobación, por primera vez en tiempos de paz y de forma permanente, de un impuesto a la renta federal.
2. El movimiento progresista: liberalización comercial y regulación económica.
El progressive movement, como la socialdemocracia europea, constituía la reacción ideológica a la revolución industrial, que se manifestó en una visión positivista y utilitaria del Derecho y el papel del Estado en estos ámbitos. (véase Hayek, Law, Legislation and Liberty; y Hoppe, Theory of Socialism and Capitalism). Inspirados en el fabianismo inglés y el socialismo prusiano, abogaban por la creación de entidades de regulación para controlar el poder del capital. El corolario de todo este proceso fue el errático New Deal, durante la década de 1930 (Higgs, Depression, War and Cold War).
2.1 Proteccionismo, trusts e imperialismo.
Lo auténticamente americano de todo esto es la importancia que tiene el tema del free trade y el poder corporativo en Estados Unidos por aquellos años. Como bien apuntó Tocqueville, los aranceles aduaneros fueron siempre una fuente de polarización política en EEUU. Y esto, lejos de amainar, empeoró a partir de la Guerra civil americana, cuando las élites industrialistas del Norte aprovecharon el aparato estatal en beneficio de los denominados robber barons (Elkirch, 1969), escudándose siempre en una retórica liberal, y bajo el auspicio del Partido Republicano (véase Kolko, y Rothbard, The Anatomy of the State).
Para los habitantes del agrícola Sur, donde predominaban el Partido Demócrata, los aranceles comerciales eran la fuente del dominio del Norte, el instrumento institucional que hacía posible la existencia de cárteles y monopolios, los trusts. Los aranceles aduaneros, efectivamente, permitían que los productores locales vender a precios por encima del mercado internacional sin preocuparse por la competencia de bienes importados, lo cual también fomentaba el expansionismo imperialista (Mises, “Autarky and its Consequence”, Omnipotent Government y Human Action). De hecho, las campañas imperialistas del Tío Sam durante comienzos de siglo, como apunta Rothbard, eran otro síntoma de crony capitalism (véase Rothbart, Wall Street…).
Para el Sur, de vocación exportadora, esto significaba un encarecimiento de las manufacturas y el cierre de mercados extranjeros cuyos gobiernos respondían con más aranceles. Todo esto iba unido a la cuestión del Antitrust law; es decir, a la regulación de la competencia corporativa con el objetivo de controlar el poder de los trusts. Para los progressive intellectuals, liberalización del comercio y regulación eran complementos perfectos, porque servían para vencer a su enemigo común. No se percataron, como sabemos hoy gracias a la doctrina austriaca, que los monopolios son sólo posibles, precisamente, por a la intervención del Estado y que esas medidas que patrocinaban, lejos de debilitarlo, beneficiaban el poder corporativo (Rothbard, DiLorenzo, Mises, Higgs)
Para Hull, como southern-democrat, el poder de los trusts y el proteccionismo comercial eran caras de una misma moneda, y entabló una auténtica cruzada contra ellos.
El propio Hull lo dejó muy claro en sus memorias:
“Creía que los aranceles altos significaban un coste de vida más alto para los ciudadanos americanos. Estos contribuían a la creación de monopolios y cárteles. Recortando las ventas de otros países a nosotros, también recortaban las compras de otros países a nosotros. […] Me aferré a la filosofía que mantuve durante mis doce años como Secretario de Estado […]”[4].
Pese a que muchos de sus reclamos eran válidos, la doctrina progresista cayó en toda suerte de falacias doctrinales. Y ello los llevó a apoyar reformas que daban más poder al Estado, y por ende a los grupos de interés corporativo con influencia en las esferas de Gobierno (Rothbard, Mises, Hayek, etc.). Durante la década de 1930, los intelectuales trasplantaron sus ideas al estudio orden global, una vez que dominaron los espacios académicos, convencidos de que la historia les había dado la razón. Esta confusión teórica es claramente apreciable en los trabajos de los referentes académicos del internacionalismo americano durante aquellos días, especialmente en las publicaciones más influyentes como Foreign Affairs, American Journal of International Law, y la American Political Science Review. A
hí se aprecia que la distorsión de conceptos los había llevado a considerar al proteccionismo, los trusts, y al imperialismo como consecuencias de precisamente su antítesis, el laizze faire (el mayor problema fue que este término era utilizado, por lo general, indistintamente como sinónimo de capitalismo de Estado o corporativismo). En todo caso, la “avaricia del capital privado” era el chivo expiatorio de todos los males que el Estado había creado, con el descalabro económico causado por la intervención del Gobierno en la economía a escala local (Rothbard, America´s Great Depression), y escala internacional, por medio de las aventuras imperialistas (Stromberg).
2.2 Constitución americana como modelo de federalismo económico
En estas circunstancias, Estados Unidos ofrecía la analogía perfecta: la unión de las trece colonias en un área de libre comercio que cimentó su unidad política, en virtud de la Constitución de 1787. La Carta Magna, por medio de la denominada “cláusula de comercio” había hecho posible, gracias a su desarrollo jurisprudencial, dos cosas básicamente: la primera, mantener libre el comercio entre los estados de la Unión; la segunda, había permitido que el Gobierno federal adquiera paulatinamente el poder de regular la economía, en perjuicio de los gobiernos estatales. Para ellos, este era el modelo a seguir por cualquier organización de alcance mundial.
El artìculo I.8.3 de la Constitución, la denominada “cláusula del comercio”, señala que “el Congreso tendrá facultad […] para regular el comercio con las naciones extranjeras, entre los diferentes Estados y con las tribus indias”.
Como podemos apreciar, se trata de un texto bastante lacónico, pero de cuyo contenido ha emanado todo un torrente jurisprudencial que ha terminado por darle un alcance enorme. Por un lado, la teoría de la dormant commerce clause, por la que se establece un mandato general de liberalización del comercio entre los estados de la Unión. Por otro lado, de ese mismo fragmento se desprende la doctrina de la “commerce clause”, o “positive commerce clause”, que fija el alcance de la capacidad de regulación económica del Gobierno federal frente a la de los Gobiernos locales.
La analogía estaba servida para los internacionalistas progresistas que buscaban inspiración en las lecciones de su propio proceso fundacional para la creación de una federación económica (e.g. Acuerdos de Ottawa, del Imperio Británico). En 1939, Clarence K. Streit (1896-1986) publicó Union Now, libro que levantó un significativo debate académico. Streit fue muy influyente en la Comisión de Posguerra liderada por Hull[5]. Uno de los pilares del proyecto esbozado por Streit fue la creación de una “union customs-free economy” entre los miembros de la nueva federación, lo cual traería “prosperidad” y “elevaría los estándares de vida” de su población. La conveniencia de este modelo, añadió, “ya había sido probada con la Unión Americana”[6]. Pocos años más tarde, Otto Tod Mallery, otro gurú intelectual del intervencionismo económico en EEUU (véase, sobre Mallery, Rothbard, America´s Great Depression, cap. 7), expresó de forma más directa el paralelismo histórico subyacente en los proyectos presentados por el Gobierno americano:
“Podemos alcanzar la unión comenzando por la unificación económica, que es más fácil que la unificación política, y prepara el camino. Podemos señalar a los primeros pasos efectivos hacia nuestra propia unión, que resultó de los esfuerzos de James Madison y la convocatoria de Virginia a la Convención Constitucional de Anápolis… Esa era una convocatoria a la Unión Económica de los Estados del continente. Las mismas palabras deberían ser usadas ahora en la nueva convocatoria para la Unión Económica de los Estados en más de un continente”[7].
La commerce clause hizo por primera vez de la integración económica a nivel nacional un auténtico principio constitucional. La tradición jurisprudencial de Estados Unidos ofrecía un elaborado sustento teórico-jurídico desarrollado por el case law del Tribunal Supremo a lo largo de décadas. En Estados Unidos, la legitimidad de las restricciones al comercio impuestas por los estados federados ha sido resuelta tradicionalmente por el Tribunal Supremo, de forma análoga a lo que hace hoy el Órgano de Apelación de la OMC con los miembros de la Organización y otras instancias supranacionales.
Como señalamos, la commerce clause sirvió además como mecanismo para hacer frente al efecto secundario de esta expansión económica: los trusts. De hecho, fue en virtud de la cláusula constitucional de comercio que el Gobierno federal justificó su capacidad de intervención para regular y controlar los supuestos abusos cometidos por cárteles como US Steel y empresas como Standard Oil. Así, gracias a un siempre polémico desarrollo jurisprudencial, el artículo 1.8.3 sirvió de fundamento jurídico a un proceso de centralización política que llegó a su clímax durante la década de 1930.
La posibilidad de llevar este esquema constitucional a escala global se planteó repetidamente. Como muestra, en 1943, Charles Bunn, cercano colaborador de Hull, sugirió la extensión de esta doctrina constitucional al ámbito internacional. Citó parte de un discurso del magistrado Holmes, que decía:
“No creo que Estados Unidos se acabe si perdemos el poder para declarar inválida una ley del Congreso. Creo en cambio que la Unión sí peligraría si no pudiésemos hacer dicha declaración sobre las leyes de los distintos estados. Para quien se encuentra en mi lugar es posible ver la frecuencia con la que una política local prevalece entre aquellos que no tienen capacidad para alcanzar una perspectiva nacional y la frecuencia con la que se toman acciones que encarnan aquello que se pretendió acabar con la Cláusula de Comercio”[8].
Si la commerce clause había funcionado tan bien para los estados, ¿porqué no aplicar dicha doctrina jurisprudencial al escenario global? La respuesta, para el funcionario diplomático, era obviamente afirmativa:
“El mundo se ha reducido desde que Holmes habló. ‘Aquello que se pretendió acabar con la Cláusula de comercio’ entre los estados se ha convertido en una cuestión inquietante entre las naciones. Los hombres que traten de resolver aquella cuestión y las personas que les den poder y apoyo deben en efecto estar capacitados para más que una visión local”[9].
La única forma de afrontar la gran mayoría de problemas era la intervención del Gobierno federal mediante organismos de regulación cuyo principal objetivo fuera la búsqueda de soluciones prácticas a casi todos los problemas sociales en base a parámetros técnicos.
3. El proyecto inconcluso: la Organización internacional del Comercio
La formulación jurídica de la Posguerra, del credo jurídico progresista a escala global, comenzó con la Carta del Atlántico de 1941, dónde se arranca el primer vago compromiso de liberar el comercio internacional a la otra potencia aliada, Gran Bretaña.
Todos estos antecedentes derivaron en la famosa “Proposals for Consideration by a International Conference on International Trade and Employment”, presentada en 1945, antecedente fundamental de la Carta de la Habana de 1947, preparada por el comité de preparación de la posguerra.
Los objetivos fundamentales de la organización propuesta eran tres: en primer lugar, establecer un “método equitativo para afrontar los problemas de las medidas económicas que afectasen al comercio internacional”; en segundo, “procurar la disminución de las prácticas restrictivas del comercio que resultasen de acuerdos empresariales privados”, y, por último, regular el comercio en consonancia con lo dispuesto en el GATT[10]. De forma ilustrativa lo explica Diane P. Wood:
“Era una idea atractivamente sencilla: en la medida que las operaciones empresariales ocurren a nivel global, las reglas que las regulan deben ser impuestas y puestas en práctica en el mismo nivel global. …Sólo un país tenía ya sea la predisposición o la habilidad para lograr algo así. Los Estados Unidos de América, sostenía la gente, vio lo mismo durante la parte final del siglo diecinueve, cuando los grandes trusts fueron capaces de movilizarse de estado a estado y evadir los esfuerzos de las autoridades estatales por prevenir sus prácticas abusivas. …Sólo cuando el poder de regulación se elevó a nivel del mercado nacional, con la aprobación de la Ley Sherman en 1890, fue que el Derecho de la competencia ganó algo de influencia en ese nuevo ambiente económico”[11].
Finalmente, el Senado americano dejó para siempre pendiente la ratificación del OIC, y el GATT se quedó a medias. Pero la esencia del sistema sigue siendo exactamente la misma que hace medio siglo; y el lenguaje, los principios y las instituciones creadas en 1947 continúan estando presentes—literalmente inalterados—en el aparato normativo de la actual OMC[12].
Bibliografía básica de referencia:
Borgwardt, Elizabeth: A New Deal for the World: America’s vision for human rights (Harvard University Press, Cambridge, 2005).
Destler, Ian M.: American Trade Politics (Institute for International Economics, Washington D.C., 2005).
Dezalay, Yves y Bryant G. Garth: “Law, Lawyers, and Empire”, en Michael Grossberg y Christopher Tomlins (eds.), The Cambridge History of American Law (Cambridge University Press, Cambridge, 2008).
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Hoppe, Hans-Hermann: A Theory of Socialism and Capitalism (Mises Institute, Auburn, 2010).
Horwitz, Morton J.: The Transformation of American Law, 1870-1960: The Crisis of Legal Orthodoxy (Oxford University Press, Nueva York, 1994).
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Mallery, Otto Tod: Economic Union and Durable Peace (Books for Library Press, Nueva York, 1943).
Mises, Ludwig: Omnipotent Government: The Rise of the Total State and Total War (reimp., Mises Institute y Liberty Fund, Auburn, 2010).
Notter, Harley A.: Postwar Foreign Policy Preparation, 1939-1945 (Department of State, Washington, 1949).
Rothbard, Murray: America´s Great Depression (reimp. 4º ed., Mises Institute, Aurburn, 2005).
Rothbard, Murray: Wall Street, Banks and American Foreign Policy (reimp. 2º ed., Mises Institute, Aurburn, 2011).
Slaughter, Anne Marie: “Regulating the World: Multilateralism, International Law, and the Protection of the New Deal Regulatory State”, en Robert Howse (ed.), The World Trading System, (Routledge, Nueva York, 1998).
Steinberg Richard H., y Jonathan M. Castoff: “Power and International Law”, The American Journal of International Law, 100, 2006, pp. 64-87.
Stromberg, Joseph R.: “The Role of State Monopoly Capitalism in the American Empire”, Journal of Libertarian Studies, 2001, pp. 57–93.
Wilcox, Clair: A Charter for World Trade (The MacMillan Company, Nueva York, 1949).
Wilson, Woodrow: The New Freedom: A Call for the Emancipation of the Generous Energies of a People (Prentice-Hall, Englewood Cliffs, 1961).
Zasloff, Jonathan M.: “Law and the Shaping of American Foreign Policy: From the Gilded Age to the New Era”, New York University Law Review, 78, 2003, pp. 239-373.
Zasloff, Jonathan M.: “Law and the Shaping of American Foreign Policy: The ‘Twenty Years’ Crisis”, Southern California Law Review, 77, 2004, pp. 583-682.
[1] El nacimiento del sistema multilateral de comercio fue accidentado. El Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles (GATT, por siglas en inglés) de 1947 fue suscrito como un protocolo provisional de liberalización, para preparar el camino a la Carta de la Habana de 1948, tratado por el que además se crearía la Organización Internacional de Comercio (OIC). Ambos instrumentos, el GATT y la Carta de la Habana, estaban destinados a funcionar de manera complementaria, en el contexto institucional de la OIC. No obstante, el Senado de los Estados Unidos se negó a ratificar la Carta de la Habana, y la OIC nunca fue creada. Ante ello, los Estados-contratantes del GATT, en vez de olvidar el proyecto, utilizaron dicho acuerdo provisional como fundamento jurídico del sistema, creando así un abanico institucional que sirvió por casi cincuenta años, hasta la entrada en vigencia del Acuerdo General de la Organización Mundial de Comercio (OMC), en 1995.
[2] Murray Rothbard, “The New Deal and the International Monetary System” Leonard P. Liggio and James J. Martin, (eds.), Watershed of Empire: Essays on New Deal
Foreign Policy (Ralph Myles, Colorado Springs, 1976)
[3] James N. Miller, Wartime Origins of Multilateralism, 1939-1945: The Impact of the Anglo-American Trade Policy Negotiations (tesis doctoral, Emmanuel College de la Universidad de Cambridge, 2003), p. 12.
[4] Hull, Memoirs, p. 81.
[5] Richard D. McKinzie, “Oral History Interview with Donald C. Blaisdell”, October 29 de 1973, pp. 37-38. Disponible en la web de la Harry S. Truman Library and Museum: http://www.trumanlibrary.org.
[6] Clarence K. Streit, A Proposal for a Federal Union of the Democracies of the North Atlantic (4ª reimpresión, Harper & Brothers, Nueva York, 1939).
[7] Otto Tod Mallery, Economic Union and Durable Peace (Books for Library Press, Nueva York, 1943), pp. 172-173.
[8] Charles Bunn, “The United Nations and the Trade-Agreements Program”, Dep. St. Bull., 8, 1943, p. 137.
[9] Bunn, Ibíd.
[10] Harley A. Notter, Postwar Foreign Policy Preparation, 1939-1945 (Department of State, Washington, 1949), p. 628.
[11] Diane P. Wood, “International Law and Federalism: What is the Reach of Regulation?”, Harvard Journal of Law and Public Policy, 23, 1999, p. 99.
[12] El GATT de 1947 fue incluido, con mínimas modificaciones, como instrumento anexo al Acuerdo General de la OMC de 1994, y se lo denomina desde entonces GATT de 1994.
Burbuja inmobiliaria en Ecuador
16 February, 2011 § 7 Comments
Ecuador está inflando su “burbujita” inmobiliaria, y los signos ya se han hecho manifiestos en Guayaquil, su capital económica. El precio de la vivienda ha subido hasta en un 30 por ciento. Eso es mucho, y solo sirve de signo de lo que está pasando en el resto del país. ¿Por qué? Porque el Gobierno sigue empeñado en crear ilusión de prosperidad, en el facilismo del gasto fiscal, en la misma receta que ha llevado al mundo a la recesión en la que se encuentra.
Según el diario Expreso, la subida de precios era ya fácilmente palpable hace meses, en junio de 2010.
…indagando en varias urbanizaciones la respuesta era general: las casas se revalorizan continuamente…
Para muestra un botón. Sambocity, ubicada en el kilómetro 12 de la vía Samborondón, ofrece 10 modelos de casas diferentes; sin embargo, en el modelo Cameron tiene a una de las más económicas.
Valorada en $ 41.900, su financiamiento propone el 30% de entrada ($ 12.570), que incluye el 10% de la reserva ($ 1.000), un bono de $ 5.000 del Miduvi y el resto a meses plazo. El otro 70% se tramita por medio de cualquier institución financiera. Pese a ello, al preguntarle al vendedor si en caso de que el cliente se decida a separarla a finales de año, la repuesta es que subiría de precio. “El alza es variable. Cada cuatro meses pueden subir 200 dólares, y anualmente hasta 2.000”, aseguró sin querer ser identificado.
El boom imobiliario que está sucediendo en Ecuador, se debe a la distorsión que el Estado está creando mediante su intervención masiva por medio de subsidios del otorgados por el Ministerio de Vivienda, y fundamentalmente por la concesión de crédito”artificialmente barato”, bajo el auspicio del Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social.
Otra noticia nos advierte que:
Los precios de las viviendas en Guayaquil y Samborondón, nuevas o de segunda mano, se han elevado en los últimos meses entre el 20% y el 30%, señalan corredores de bienes raíces consultados.
Consideran que uno de los factores principales que presionaron al alza los valores es el incremento del tope del crédito hipotecario del Banco del IESS (Biess), que pasó de $ 70 mil a $ 100 mil, en noviembre.
Dicha entidad, además, planea inyectar nada menos que 2700 millones de dólares de crédito en el sector durante el 2011.
¿Crédito “artificialmente” barato?
Primero, ¿qué quiere decir que un crédito sea “artificialmente barato”? Básicamente, que el tipo de interés no obedece a las condiciones del mercado, lo que llamaríamos “criterio económico” o naturales, sino a criterios políticos. Las tasas de interés son la forma como los consumidores expresan sus preferencias temporales. Una tasa de interés alta significa que los inversionistas quieren su dinero lo antes posible, que no están muy dispuesto a sacrificar su dinero por mucho tiempo, prefieren gastarlo en consumo, o inversiones de rentabilidad inmediata. Por el contrario, cuando las tasas de interés bajan, es porque las personas están dispuesta a sacrificar consumo inmediato, para invertir a largo plazo y recibir así una mayor gratificación. Significa, en otras palabras, que hay ahorro. Por ello llas instituciones financieras, más capitalizadas por este ahorro, empiezan a bajar las tasas de interés para atraer a los inversionistas en el largo plazo.
La explicación de todo este proceso es compleja, y merece mucho tiempo de estudio (y aburrimiento), pero un buen starter puede ser esta lección de economía, del profesor Huerta de Soto:
El tipo de interés le está diciendo a los emprendedores: no inviertas en producir bienes de consumo (ropa, televisores, vasos, etc.) que reportan ganancias inmediatas, sino que mejor usa ese dinero para producir bienes de capital cuyo proceso de producción es más largo (casas, fábricas, maquinaria agrícola) porque las personas están ahorrando en consumo inmediato, pensando en el futuro. Esto se da generalmente cuando hay confianza en el futuro de la economía. Esto tiene un efecto expansivo: constructoras contratan, proveedoras de insumos y servicios venden, etc.
Los constructores y demás inversionistas, obviamente, no pasan por todo ese argumento, simplemente ven tasas bajas de interés, y compradores dispuestos a gastar ese dinero “barato”. Lo mismo sucede con nosotros, el ciudadano común, que nos endeudamos a 30 años. Vemos dinero fácil, en nuestra mano, y lo tomamos. Los precios de todo suben, como pasó en Estados Unidos y España. Al comienzo, todos celebran, porque la plata rueda: compramos y vendemos.
¿Cuál es el problema?
El problema es que esta confianza se ve traicionada por la realidad, porque no existe una contracción en el consumo inmediato, y no existe tampoco ahorro. Lo que único existe es un tecnócrata ansioso por ver resultados, con capacidad de inyectar recursos públicos. Pero las personas que se endeudan no están ahorrando, ni tampoco cumplen los requisitos normalmente exigidos; cumplen eso sí los requisitos impuestos en un decreto o reglamento, que no obedece a criterios justicieros, no técnicos. Ese pequeño detalle, el del ahorro previo y la solvencia real del prestamista, no es problema para el tecnócrata, es simplemente una artimaña teórica de los defensores del “neoliberalismo“. Toda mejora, en tales términos, no necesita sacrificio previo, necesita un Estado generoso.
Estas ansias pueden ser muy loables y humanitarias, pero terminan causando estragos terribles. Además de todo lo anterior, el Gobierno le está diciendo a los bancos competidores que hagan lo mismo, si quieren sobrevivir. Y eso es exactamente lo que está pasando en Ecuador en estos momentos, según apunta El Universo:
Con el Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (Biess) compitiendo en el mercado de los hipotecarios, con una tasa que la redujo al 7,9% y con el anuncio de que analiza extender a 30 años el financiamiento, la banca prevé este año inyectar más recursos para no perder el ritmo de crecimiento en este segmento.
Y lo más grave es que la banca privada está siendo arrastrada, porque se ve impedida de competir en condiciones normales. Esto hace que la bola de nieve se haga más y más grande. El Gobierno verá promocionará esto como un logro, contento con el efecto inmediato. No dirá que su loable objetivo de hacer más accequible las casas es falso, porque el alza de precios que ocasiona, descompensa con creces los tipos de interés preferenciales que pagan los afiliados al IESS. Lo único que tienen es dinero en la mano más fácil, pero pagarán mucho más que antes por sus viviendas, bajo la falsa ilusión de que esta prosperidad seguirá para siempre, y podrán pagar sus cuotas.
Y el proceso inflacionario se expande a otros sectores de la economía, como ya es notorio de acuerdo con la prensa:
Materiales Tyrone Portero, directivo de Oglobsa, empresa de intermediación en la venta de bienes raíces, atribuye también al incremento del costo de la mano de obra y de los materiales de construcción, el alza de los precios de viviendas.
¿Culpa de los banqueros?
Sería fácil satanizar a los directivos de la banca, pero su posición los hace demasiado vulnerables a este tipo de presiones, aun si están conscientes de los peligros en el largo plazo. La lógica es la misma que viralizó el boom inmoviliario en Estados Unidos: si ellos lo hacen, nosotros también tenemos que hacerlo.Tienen accionistas detrás que no quieren historias sobre la tasas “artificiales”, que quieren que sus acciones rindan lo máximo posible, y si ven que el administrador de turno se está quedando atrás, por la causa que sea, simplemente lo reemplazarán. Y nadie quiere ser despedido. Ello pasa por ofrecer tasas de interés más bajas, para competir con un mastodonte como el IESS. Pero recordemos que todo esto no se debe al aumento del ahorro–causa natural–sino a la intervención de una autoridad política–causa artificial.
¿Ya ha pasado antes?
El Gobierno de Bush (no hay mucha diferencia entre neoconservadores y neosocialistas) cayó en la misma tentación populista de Correa para comprar simpatías. Primero, desde el 11-S, la Reserva Federal, bajo el mando de Greenspan, bajó “artificalmente” los tipos de interés, para que la economía siga pujante a pesar de la hecatombe terrorista. Por otra, parte inició un programa federal de aval de hipotecas para personas de escasos recursos. Es decir, el Gobierno americano dijo a los estadounidenses: ¿no eres solvente?, ¿no tienes para pagar una casa?, ¡ no importa!, yo te avalo, aquí tienes tu crédito. Ello lógicamente mandó una señal clara a los bancos: presten a quién sea, yo respondo. Bum: las hipotecas basura se multiplicaron como pulgas, y ya sabemos lo que pasó. Todo ello queda maravillosamente bien explicado en este vídeo:
Para quienes hemos vivido en España los últimos años del boom, y los primeros del crash, la historia parece repetirse en Ecuador, fielmente, como siguiendo un guión estricto. Y se parece en todo, porque también están aplicando políticas de regulación laboral demagógicas, aupadas con los malabarismos semánticos de siempre, medidas que han sumido a ese país en un callejón sin salida. El padre querendón del Estado gasta y gasta.
¿Y al final qué?
Un día nos enteramos que esas casas valen menos de lo que pensábamos, porque la subida fue el efecto inflacionista de una medida del Gobierno; nos enteramos que las personas que recibieron los préstamos no eran tan solventes, y ya no tienen cómo pagar; nos enteramos que tenemos miles de casas construidas que nadie quiere, millones tirados al agua en inversiones faraónicas. Comenzamos a despertar, y sentimos la resaca. Party is over. Resultado: bancos que quiebran, empresas que quiebran, personas endeudadas hasta la coronilla, desempleo, desaparece el crédito, acreedores internacionales en la puerta, etc. Debacle.
Si lo quieren la explicación teórica en versión hip-hop (la letra con rima, entra), no se pierdan este MC entre Hayek y Keynes, con subtítulos en español:
Lo malo es que esta ilusión creada no se disolverá hoy, ni mañana, sino dentro de dos, tres o seis años. Hasta los más realistas dudarán y se creerán la farsa, si esta se prolonga lo suficiente, si el precio del petróleo y la generosidad de los prestatarios (China, etc.) lo permiten. Pero la lógica económica se sale con la suya siempre, y espera el momento más inoportuno para aguar esas fiestas a las que no la invitan. Los pocos que se atrevieron a prevenir la presente crisis económica eran vistos como bichos raros, ridiculizados, cuando la música sonaba:
Pero la culpa, al final, sin ninguna duda, la tendrá el neoliberalismo y los pérfidos capitalistas; y la solución aportada será más Gobierno, más interferencia en la libertad económica. La historia absolverá a todos esos profetas mesiánicos del estatismo que sólo sirven de lastre al desarrollo. Así es el cíclico Macondo, así somos.

