Ecuador: el ‘reality’ bananero
2 March, 2012 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo C. Follow @apariciocc
Original publicado en LibertadDigital.com.
El juicio de Rafael Correa contra El Universo ha sido una maratón del absurdo. Un circo romano posmoderno. Luego de que obtuvo el fallo definitivo en su favor, el César andino se tomó una semana para decidir si bajaba el pulgar, o lo subía. Estaba atrapado. La opinión del mundo entero se puso en su contra, y sabía que no podía seguir con un proceso que violaba las más mínimas pautas del sentido común. No hace falta ser un académico para percatarse de que una condena por injuria a tres años de cárcel y cuarenta millones de dólares, contra el autor de un artículo y los directivos del diario, está fuera de toda proporción conocida. Al final, el mashi (“compañero”, en quechua, como le gusta que le digan) decidió perdonar y pedir al juez que archive la sentencia.
Si tan solo hubieran guardado las formas, quizá se habría salido con la suya. Pero el despropósito fue demasiado burdo. Se pegó un tiro en el propio pie, e intentó salir caminando, para que lo aplauda la galería, aunque ya fuese tarde para recomponer su imagen exterior.
Así termina la primera temporada de un reality show que empezó el 30 de septiembre de 2010. Ese día, una protesta policial se convirtió en una crisis nacional gracias a la imprudencia de Correa. En una de sus recurrentes rabietas, al presidente no se le ocurrió nada mejor que meterse en medio de un cuartel de policía alzado en huelga. Al ver que los reclamantes seguían increpándolo, perdió los cabales en medio de gestos ridículos, cursis y desafiantes. La situación se descontroló, y Correa tuvo que alojarse en un hospital aledaño. Ahí se mantuvo, sitiado por los manifestantes. A pesar del “secuestro”, pudo decretar la censura de todos los medios privados, ordenándoles que se conecten a la señal del canal del Gobierno, y pudo también recibir la visita continua de sus colaboradores. Ocho muertos hubo en el país ese día, dos de ellos en la operación de rescate ejecutada para salvarlo.
Desde ese momento, las hordas propagandísticas del gobierno aprovecharon para empezar una caza de brujas mediática contra todo lo que se moviese. Intentaron vender la disparatada tesis de un intento de golpe de Estado. Culparon a la “extrema derecha”, a los orcos neoliberales, a los medios privados, a los partidos de la oposición, y hasta al chupacabras. Pero no fueron capaces de probar nada, hasta el día de hoy. Metieron en la cárcel a algunos policías insurrectos, calumniaron de “golpistas” a todo aquel que los criticó. Los enlaces televisivos de Correa se trasformaron desde entonces en una feria de elucubraciones, deshonras e insultos. Él decía que demandaba como ciudadano, no como presidente (sí, así de alucinante era la situación).
Un día el director de opinión de El Universo, Emilio Palacio, escribió un artículo ciertamente subido de tono, donde sugería que Rafael Correa había ordenador disparar a civiles para rescatarlo, cometiendo así un crimen de lesa humanidad. Aprovecharon el escrito y agarraron a su responsable como chivo expiatorio. Y ahí comenzó un juicio surrealista, lleno de irregularidades. El Gobierno no escatimó recursos en difamar día y noche a todo aquel que osó criticar su actitud. El proceso fue una parodia propia de Chaplin.
Y todo esto pasa mientras Ecuador se sumerge en el tribalismo económico más anacrónico. La carga tributaria ha subido sustancialmente. El gasto público llega a niveles históricos; de hecho, es de los más altos de América Latina en relación al PIB. La política arancelaria ha optado por el ostracismo, premiando la falta de competitividad de los empresarios locales. Se reparten puestos con buenos sueldos en una maraña creciente de agencias burocráticas. Se otorgan subsidios por todas partes. Ya ni el dinero del petróleo alcanza, y hay que pedir prestado. Casi no queda ámbito de la vida que no esté sujeto a regulación. La empresa privada se contrae, y solo se expande en aquellos sectores dependientes del leviatán estatal.
Como lo certifica la propia CEPAL, la inversión extranjera huye en estampida, a contracorriente de lo que sucede en Colombia, Uruguay, Brasil, Chile o Perú. La pobreza ha disminuido, sí, pero lo mismo ha pasado en el resto de la región. La diferencia es que Ecuador no aprovecha la racha y erosiona las bases de su prosperidad en el largo plazo, con las mismas recetas mesiánicas que lastraron el crecimiento del continente en el pasado. Esto se corroboró recientemente con el informe Panorama de Inversión Española en Latinoamérica 2012, el cual señaló el optimismo de los empresarios ibéricos con relación al futuro de América Latina, con la excepción de Ecuador, Bolivia y Venezuela, “mercados que suscitan más dudas en cuanto a su evolución económica”. Me pregunto qué tendrán en común estos tres.
Pero mientras la fiesta sigue y el dinero ajeno rueda, los votos se compran con subsidios. Además, muchos empresarios locales están muy cómodos con los contratos públicos millonarios y los aranceles proteccionistas adoptados. Y si el precio del petróleo lo permite, esto no tiene por qué acabar pronto.
El Universo fue uno más de muchos chivos expiatorios que han servido para avivar a las masas contra el “gran capital”, en términos del mashi. El pueblo quiere sangre (de la prensa, de los ricos, de la oposición, de quien sea), y mira el espectáculo con morbo guillotinesco. Correa sabía que tenía la opción de teatralizar con un perdón público. El mashi magnánimo, cómo no. Y así lo hizo. Y en esta estamos, ha
Sobre la ridícula persecusión a El Universo
29 January, 2012 § 1 Comment
Por Aparicio Caicedo C.
Estaba leyendo un artículo de Glenn Greewald, en la revista americana Salon, y de repente me saltó un párrafo lapidario en el que tacha a Obama hasta de asesino de niños. El artículo me recordó el absoluto y surrealista absurdo que están viviendo Emilio Palacio y los dueños de El Universo en Ecuador, donde un presidente está movilizando todo el poder estatal disponible para difamarlos, sentenciarlos a una millonaria indemnización, y encima enviarlos a la cárcel. Todo por un artículo que en Estados Unidos no llegaría ni a categoría de “polémico”.
Lean esta parte del texto de Greenwald en Salon:
El presidente Obama mantiene atroces opiniones es un montón de cuestiones críticas y ha hecho él mismo algunas cosas atroces con el poder que le ha sido conferido. Ha masacrado civiles–niños musulmanes por docenas–no solo una o dos veces, sino de manera contínua en numerosas naciones con aviones no tripulados, bombas de racimo y otras formas de ataque… Él ha institucionalizado los poderes del Presidente–en secreto y sin control–para señalar civiles americanos para ser asesinados pro la CIA, lejos de cualquier campo de batalla…
Nótese que Greenwald acusa, con nombres y apellidos, al presidente Obama de nada menos que matar niños y ordenar el asesinatos de civiles americanos fuera del campo de combate.
Ahora lean la parte “polémica” del artículo “No más mentiras”, de Emilio Palacio, y verán que la acusación supuesta es una nimiedad, comparada con la del escrito de Salon:
El Dictador debería recordar, por último, y esto es muy importante, que con el indulto, en el futuro, un nuevo presidente, quizás enemigo suyo, podría llevarlo ante una corte penal por haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente.
Cualquier americano promedio se reiría ante la sola posibilidad de que Obama considere demandar a Greenwald o, peor aún, a los directores de Salon, pidiendo una indemnización millonaria y años de cárcel. Se reirían ante algún baboso que diga: sí, quizá las persecusión judicial haya ido muy lejos, pero era un límite necesario ante los “abusos” a la prensa, y la revista debería bajar la guardia y pedir perdón o rectificar.
Los dueños de El Universo, o Emilio Palacio, no tienen obligación ni moral ni jurídica de pedir perdón o rectificar nada. Absolutamente. Es el Presidente del Ecuador el que debe ofrecer disculpas públicas por haber montado este circo inquisitorial con la plata de los demás. Punto.
Por qué no existe el “derecho a la información”
28 January, 2012 § 2 Comments
Encontré un artículo muy interesante del profesor Gabriel Zanotti, sobre el supuesto “derecho a la información” del que se repletan la boca todos los nuevos agoreros de la regulación de los medios en América Latina.
“Los medios tienen obligación de dar “información objetiva”, sin distorsiones, en sus franjas informativas, etc”: así más o menos reza la cantaleta. El problema es que no existe tal cosa como una “información objetiva”, por tanto no puede existir derecho a ella, ni obligación jurídica de brindarla. Comenta Zanotti:
…lo más interesante radica en el grave error epistemológico que presupone la palabra “información”. Presupone que hay distinción entre hechos, objetivos y verdaderos, y opiniones, “subjetivas”. No es sólo “doctrina Cristina Kirchner”: es lo habitual de la bibliografía sobre ese tema. Pero claro, si es así, un gobierno podría decir que un medio está “abusando” de la libertad de prensa (que comienza a ser denigrada en el discurso como una mera libertad de empresa) ocultando la “información objetiva” para atacar al gobierno en cuestión. De allí a proyectos de control y estatización de medios para “garantizar la información objetiva”, y “el derecho que el pueblo tiene a la información”, hay sólo un paso, que todos los actuales dictadorzuelos latinoamericanos ya están dando (con Chávez a la cabeza, desde luego). Pero el error no es sólo de los Kirchner o los Chávez, a los cuales no se les podría reprochar su falta de formación en epistemología y hermenéutica. El error es de todos aquellos que suponen que la función periodística es transmitir hechos en bruto, sin la “contaminación” del comunicador en cuestión. Se ignora que todo ser humano, cuando habla, medios de comunicación incluídos, emiten mensajes, que son proposiciones formadas desde el horizonte de precomprensión (horizonte cultural) del hablante. Por lo tanto, todo lo que una persona dice está influida por su cosmovisión del mundo, incluso lo que parezca más evidente al destinatario del mensaje. Podemos decir “Obama es el presidente de los EEUU”, y es real, es verdadero (no hay ninguna oposición entre interpretación y verdad) pero en ese caso estamos interpretando lo que significa ser presidente desde nuestro horizonte cultural. Además, todo mensaje es un acto del habla, y todo acto del habla es acción (Wittgenstein), y tiene por ende una intención, que puede ser perfectamente noble, honesta, o no. Pero la tiene. El sujeto siempre está presente en el mensaje, y los mensajes, el lenguaje, son parte concomitante del tejido social; no son meros transmisores. Por ende, es obvio que no hay “información” si por información se entiende “mensajes neutros de sujetos”. Lo humano es el conocimiento, esto es, interpretación. Y por ende todo medio de comunicación comunicadesde un punto de vista. Si ese punto de vista no agrada al gobierno de turno, esa es precisamente la ventaja de la libertad de prensa en un sistema democrático. Pero si dejamos de hablar de libertad de prensa y comenzamos a hablar de un derecho a la información, suponiendo además que hay una información “objetiva” que el gobierno tiene como función proteger, para que los perversos medios capitalistas no la falseen…. Está todo perdido.
Otra cosa que menciona Zanotti, que comparto plenamente y que además es aplicable a cualquier país:
La pregunta debería ser más amplia: ¿debe haber legislaciones específicas que regulen la libertad de prensa?
La pregunta supone una distinción que habitualmente no se hace: derecho de legislación. “Derecho” se refiere más bien a los derechos personales básicos; “legislación” indica en cambio disposiciones administrativas para la administración de bienes públicos. Lamentablemente toda la inflación legislativa que han sufrido las naciones occidentales, y América Latina en particular, ha implicado que los derechos hayan sido sistemáticamente violados por las “leyes” que reglamentan su ejercicio….
Estado de Propaganda
6 October, 2011 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com
Original publicado en el diario El Universo (Ecuador).
Ecuador, durante el último año, se ha convertido en un Estado de Propaganda. La política nacional se ha transformado en un reality show producido y dirigido por la Secom. Se han esforzado mucho, sin escatimar con el dinero público, y han tenido relativo éxito. Pero han fallado en el principal objetivo de su masiva campaña publicitaria.
El márquetin oficialista ha promovido distintos “productos” a lo largo de estos años. Algunos de ellos se han vendido bien. Han logrado vender como pan caliente, por ejemplo, las leyendas negras acerca de los medios como parte de una confabulación del “capital”. No me sorprende tanto, porque durante los días de la crisis bancaria sí que vimos un manejo inescrupuloso de algunos medios privados vinculados a la banca (que hoy, valga recordar, se encuentran bajo el absoluto control del Gobierno). Es normal que seamos presa del resentimiento ante ese recuerdo, y optemos por el facilismo argumentativo de generalizaciones absurdas, alimentadas por un ejército de cheerleaders a sueldo.
El equipo del Mashi cuenta con un abultado presupuesto que le permite contratar la mejor asesoría para perfeccionar sus técnicas. Solo unos cuantos ejemplos recientes: en agosto del presente año, el experto colombiano en nuevas tecnologías de la información, Germán Escorcia Saldarriaga, recibió 38 mil dólares por una consultoría en “institucionalidad ejecutiva”; otro recibió 42 mil, etcétera. El mismo mes se contrató a una empresa de comunicación, por un monto de 498 mil dólares, para promocionar una iniciativa concreta del Gobierno. Por otra parte, una asesora recibió 46 mil dólares por aconsejar mejores mañas de “propaganda gubernamental”. Y esto sin mencionar la compra constante de tecnología de punta y demás.
¿Quién más tiene una bolsa de gasto sin fondo, financiada con dinero ajeno?, ¿quién más puede darse el lujo de rellenar su arsenal propagandístico sin preocuparse por sus balances de pérdidas y ganancias?
Sin embargo, paradójicamente, lo único que no han podido vender es su producto estrella del año: la disparatada tesis del intento de golpe de Estado, el cacareado 30-S. Simplemente, un año después, su teoría no encaja. Y eso que lo intentan todo: logo, banda sonora, documentales a medida, conciertos, mentiras, pancartas, vigilias, marchas con antorchas, publicidad, vallas gigantes, enlaces sabatinos, redes sociales, periodistas, artistas y geeks a sueldo, etcétera. Solo falta que saquen el videojuego, o la película (subsidiada por el Ministerio de Cultura, claro).
Ecuador hoy vive un Estado de Propaganda, no de opinión, y menos de Derecho. Es la Casa del Gran Mashi. Todo un equipo de producción trabajando a tiempo completo. Su eslogan es uno solo: the show must go on. El dinero no es problema, el contribuyente paga la cuenta. Lo importante es mantener el grado de tensión siempre alto. Por la pantalla desfilan jueces hiperactivos, funcionarios complacientes, abogados figuretis, ministros dóciles, todos con guiones detalladamente preparados. El único que puede nominar a los expulsados del juego es el Gran Mashi, y lo hace con frecuencia, para conservar el elevado rating.
Le cedo la conclusión al siempre sabio Camus (El Hombre Rebelde): “El Estado se identifica… con el conjunto de mecanismos de conquista y de represión. La conquista dirigida hacia el interior del país se llama propaganda (el primer paso hacia el infierno…) o represión”.
Propaganda estatal del 30S, lo mismo de siempre.
30 September, 2011 § 1 Comment
La propaganda milenarista, mesiánica, redentora, o como la quieran llamar, sigue siendo el arma de márquetin preferida de los Estados para manipular la opinión. La campaña del 30S lo demuestra. Lo único que cambia son los detalles estilísticos, pero el principio permanece igual: evocación cursiloide de nuestros instintos tribales.
Nótese que en las tres primeras imágenes hay personajes con la mano alzada hacia el horizonte, hacia el futuro posible, hacia el edén prometido. Truquito repetido, pero efectivo. Somos así.
Comparen y saquen sus conclusiones.
Los soviéticos:
Franco, una vez ganada la Guerra Civil Española:
Este no necesita presentación:
Y, desde luego, no podía faltar la propaganda estadounidense durante la Primera Guerra Mundial. De hecho, fue el Gobierno de Woodrow Wilson el que perfeccionó los métodos de propaganda estatal que hoy conocemos, para convencer a su pueblo de ir a morir en la Gran Guerra (ojo, siempre en aras de una supuesta democracia en peligro). Al mando de esta penosa tarea estuvo el entonces ídolo intelectual del movimiento progresista americano, Walter Lippman (ay, los santos progres, tan inocentes ellos, tan humanos).
El Tribunal Europeo de DDHH indemnizaría a El Universo
28 September, 2011 § Leave a Comment
Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com Follow @apariciocc
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos acaba de ratificar una sentencia en la que ordena que el Estado español indemnice a Arnaldo Otegi (político vasco del entorno de la banda terrorista ETA) con 23 mi euros por haber sido condenado por la justicia española a una pena desproporcionada, dentro de un juicio de injurias graves.
La justicia española condenó a Otegi a un año de prisión por delito de injurias graves contra el Rey (delito cuya mera existencia es cuestionada, con razón, por el TEDH). Nótese además que la sentencia nunca llegó a aplicarse, pero lo indemnizan por el solo daño que significa haber sido condenado de esa forma.
Mientras, la adelantada justicia ecuatoriana condena por un delito similar a los directivos del diario EL Universo (que lo único que ha derramado es tinta) no solo a tres años de prisión sino que también a 40 millones de dólares en indemnización, creando así una especie de “superdelito de injurias contra el cacique mesiánico de turno”.
Leyendo la sentencia del Tribunal Europeo, no me queda duda de que este daría una generosa indemnización a El Universo y a Emilio Palacio, solo por todo el daño inferido hasta el momento por una decisión judicial mucho más disparatada que la pena impuesta por los jueces españoles.
Esto fue lo que había dicho por Otegui, para que comparen con lo escrito por Emilio Palacio:
“¿Cómo es posible que se fotografíen hoy en día en Bilbao con el Rey español, cuando el Rey español es el jefe máximo del Ejército español, es decir, el responsable de los torturadores y que ampara la tortura y que impone su régimen monárquico a nuestro pueblo mediante la tortura y la violencia?”
Lo que me pareció más interesante de la sentencia del Tribunal Europeo de DDHH es esto (léanlo, está clarísimo y es plenamente aplicable al caso de El Universo):
50. …los límites de la crítica admisible son más amplios respecto a un hombre político, contemplado en este carácter, que los de un particular: a diferencia del segundo, el primero se expone inevitable y conscientemente a un control atento de sus hechos y gestos tanto por los periodistas como por el conjunto de los ciudadanos; debe, por lo tanto, mostrar una mayor tolerancia (Lingens, antes citado, § 42, Vacío Aizsardzības Klubs c. Letonia, n 57829/00, § 40, 27 de mayo de 2004, y Lopes Gomas DA Silva c. Portugal, n 37698/97, § 30, CEDDH 2000 ‑ X). Tiene ciertamente derecho a ver protegida su reputación, incluso fuera del marco de su vida privada, pero los imperativos de esta protección deben ponderarse con los intereses del libre debate de las cuestiones políticas, las excepciones a la libertad de expresión requieren una interpretación restrictiva (véase, en particular, Pakdemirli, antes citado, § 45, y Artun y Güvener c. Turquía, nº 75510/01, § 26, 26 y de junio de 2007).
54.Examinando las manifestaciones en sí mismas, el Tribunal admite que las expresiones utilizadas por el demandante pudieron ser consideradas como provocativas. Sin embargo, si bien es cierto que todo individuo que se compromete en un debate público de interés general, como el demandante en este caso, no debe superar algunos límites, en particular, el respeto de la reputación y los derechos de otros, le está permitido recurrir a una determinada dosis de exageración, o incluso de provocación, es decir, de ser un tanto inmoderado en sus observaciones (Mamère, precitada, § 25). El Tribunal observa que si algunos términos del discurso del demandante describen un cuadro muy negativo del Rey como institución y dan así al relato una connotación hostil, no incitan sin embargo a la violencia, y no se trata de un discurso de odio, lo que a los ojos del Tribunal es el elemento esencial que debe tenerse en cuenta (véase, a contrario, Sürek c. Turquía(n 1) [GC], n 26682/95, § 62, CEDDH 1999 ‑ IV). Por lo demás, tiene en cuenta que ni los órganos jurisdiccionales internos ni el Gobierno justificaron la condena del demandante hablando de la incitación a la violencia o discurso de odio.
60. Nada en las circunstancias del presente caso, donde las afirmaciones controvertidas se hicieron en el contexto de un debate sobre una cuestión que presentaba un interés público legítimo, podía justificar la imposición de una pena de prisión. Por su propia naturaleza, tal sanción produce inevitablemente un efecto disuasorio, a pesar del hecho de que se haya suspendido la ejecución de la pena del demandante. Si tal medida pudo aliviar la situación del demandante, no borra sin embargo su condena ni las repercusiones duraderas de toda inscripción en el registro de antecedentes penales (véase, mutatis mutandis, Artun y Güvener, antes citados, § 33, y Martchenko c. Ucrania, nº 4063/04, § 52, 19 de febrero de 2009).
Qué suerte que tiene el Mashi, y qué ‘buenos’ abogados.
Otegi, un ser humano despreciable perteneciente a un entorno de criminales llamado ETA, logra una indemnización por una sentencia ilegítima mucho menos absurda que la del juez Paredes.
Pero, en el Ecuador de Correa, un periodista y los dueños de El Universo, en cambio, reciben sentencia draconiana de un sistema de justicia macondesco, por el solo hecho de criticar en duros términos al presidente. Qué diferencia.
A ver qué dicen los jueces de la Corte Interamericana.
Vídeo: una lección de Derecho para Mashi
18 September, 2011 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com
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Una auténtica lección de Derecho y, más aún, de sentido común, fue lo que dio Joffre Campaña al Presidente del Ecuador, Rafael Correa (a quien le gusta que le digan “mashi”). Este vídeo recoge uno de los mejores momentos de la audiencia de apelación de la sentencia contra el diario El Universo, por una falsa injuria contra el Presi. Dicha sentencia condenó al autor de un artículo y directivos del diario a tres años de cárcel y 40 millones de dólares en indemnización por un artículo de opinión. Sí, así es.
Si leen el párrafo que origina la acusación de injuria, y todo lo demás, pensarán que todo es un guión escrito por el mismísimo Kafka. Aquí va, recomiendo discreción si hay menores presentes:
El Dictador debería recordar, por último, y esto es muy importante, que con el indulto, en el futuro, un nuevo presidente, quizás enemigo suyo, podría llevarlo ante una corte penal por haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente
Sí, aunque no lo crean, así es, como se los cuento.
Los dejo con el vídeo, vale la pena, para que vean lo que pueden hacer unos abogados turros con un cliente poderoso que sí que ha sufrido una metamorfosis kafkiana en el Gobierno.
Ecuador TV, órgano de propaganda mashista
22 August, 2011 § Leave a Comment
Emilio Palacio no se equivocó, se quedó corto. EcuadorTV es un instrumento totalitarista, creado con fines propagandísticos, y sigue una larga tradición fascista.
Es verdad que no todas la TVs públicas son hijas del fascismo, pero en cualquier caso todas se han visto enfrentadas al mismo fenómeno, tarde o temprano: terminar por convertirse en un mero instrumento de propaganda de la facción gobernante.
Por esa experiencia, en la mayoría de países democráticos donde existen medios estatales se han asegurado de desligar al Gobierno central de sus órganos de dirección, precisamente para evitar que estos medios se conviertan en un instrumento de propaganda. Algunos lo han logrado, otros no, otros casi.
En Ecuador no…..la revolución mashistas hace exactamente lo contrario.
En Ecuador, el Presidente de la República es el amo, señor y dueño de los medios públicos. Puede nombrar y despedir a sus directivos en el momento que quiera, por la razón que quiera. Estos no tienen ninguna independencia, son sus empleados. El Gobierno central, por medio del Ministerio de Cultura, es el dueño del 98 por ciento del capital accionario, controla el órgano de dirección. Y no hace falta un análisis demasiado sofísticado para darse cuenta, basta con revisar los estatutos de la empresa.
Conclusión: Emilio Palacio tiene razón, aunque quizá no fue lo suficientemente lejos, o explícitio. Ecuador TV es una iniciativa de inspiración fascista (Goebbels es el gurú de todos estos truquitos de márketin), destinada a la propaganda del Gobierno nacional, y está enteramente dominada por el Presidente de la República. Dos más dos, son cuatro.
Si estuviesemos en 1950, todavía se admitiría todo esto como un desliz. Pero ya esto se sabe hace mucho, y los emplazo a que revisen el régimen legal e historia reciente de la TVs públicas de Chile, España, Francia, etc. En todos estos casos veremos que lo que se ha intentado es desligar al caudillo de turno de toda injerencia en el gobierno corporativo de los medios estatales. Pero no, los cheerleaders correístas obviaron todo esto.
Neutralidad de la web: caballo de Troya del Estado
19 August, 2011 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com Follow @apariciocc
Eso de la “neutralidad de la web” es el nuevo caballo de T
roya del Estado. Utilizan catchy words como “neutralidad” para disfrazar algo que no tiene nada que ver con “neutralidad”. ¿Qué buscan? Básicamente, darle al Estado la capacidad de regular Internet, para que se asegure de que las empresas no puedan “filtrar” el servicio, privilegiando el acceso a ciertas páginas y restringiendolo a otras. Es decir, quieren interferir en la libertad de una empresa para establecer las condiciones de su servicio a sus clientes, con pretextos redentores (suena familiar, ¿verdad?).
Eso, en mi barrio, se llama “receta típica de regulación”: un gramo de fines humanitarios, tres eufemismos y un kilo de poder al Estado. Doramos, y catapum: más burócratas con poder sobre tu vida, que siempre que fracasan (y siempre fracasan) nos convencerán de que necesitan un poquito más de poder, porque los malos (ricos, empresas., etc) son muy fuertes……(síndrome estatista de “sólo la puntita”).
Este vídeo de la revista Reason, con subtítulos en español, lo deja muy claro:
Dirán: “No es poder al Estado, porque también queremos que el Gobierno respete la neutralidad”. Ya, sí, pero ahí uno se pregunta: ¿y cómo van a lograrlo si no es creando una nueva instancia de regulación que se encarge de sancionar y controlar a los malvados proveedores que se atreven a violar la “neutralidad”?. Y, para muestra, basta un fragmento la recientemente aprobada Ley de Neutralidad de Chile:
Para la protección de los derechos de los usuarios de Internet, el Ministerio, por medio de la Subsecretaria, sancionará las infracciones a las obligaciones legales o reglamentarias asociadas a la implementación, operación y funcionamiento de la neutralidad de red que impidan, dificulten o de cualquier forma amenacen su desarrollo o el legítimo ejercicio de los derechos que de ella derivan….
Bum, ahí lo tenemos, enchusados con más poder estatal, en un parrafito inofensivo. El burócrata de turno, siempre tan “neutral” él, será quien tenga el mando, ya no la empresa. Pero si no te gusta, tu subscripción con el Estado simplemente no la puedes cancelar para irte con la competencia. Yo me quedo con los “abusos” de la empresa.
Y no hay problema con que defiendan su posición, pero sí sería mejor que llamen a las cosas por su nombre. Deberían decir “movimiento por la regulación del Internet para restringir la libertad de operadoras con el objetivo de satisfacer a todos los usuarios”. Porque “neutral”, según la RAE, es lo que se dice de aquel “que no participa de ninguna de las opciones en conflicto”, no de quien “no presta un servicio de tal forma que no me satisface”.
Las empresas no son ángeles, obviamente. Y quizá algún día (cosa que no ha pasado), discriminen contenidos por ánimos de lucro y me quiten acceso a ciertas páginas. Sería una mierda, sí. Pero cuando eso pase, saldrán 10 compañías pequeñas que dirán: ven conmigo, por el mismo precio te ofrezco que te metas donde quieras. Mercado, maravilloso mercado. Claro, ese es un proceso lento, no inmediato, quizá no heróico ni estético, pero en todo caso preferible a abrirle la puerta al político de turno, para que diga: ¡pero si tú mismo me invitaste a intervenir, no te quejes!. Pero siempre queremos show, declaraciones emotivas, conquistas legales, que se haga algo, cualquier cosa, con tal de estar calientitos, arropaditos por la certeza que sólo nos da el Gobierno (porque la democracia depende de ello, blablabla).
La Encyclopédie: obra de la libertad y el ánimo de lucro.
12 June, 2011 § 2 Comments
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com Follow @apariciocc
Los Socialistas del siglo XXI, siguiendo una centenaria tradición antiliberal, se desgarran las vestiduras contra los medios privados de prensa. El presidente del Ecuador, Rafael Correa, es uno de los exponentes más activos de esta cruzada contra la libertad de opinar. Repite una frase que en su mente sonará lapidaria: la libertad de prensa ha sido históricamente la libertad del dueño del medio de prensa. Y con ello pretende justificar sus proyectos de censura (perdón, de regulación) mediática.
Lo paradójico del caso es que tiene toda la razón. La propiedad privada de los medios de prensa ha sido su mayor garantía de independencia frente al poder. Y sí, lo que se defiende–lo que yo defiendo al menos–es eso: su libertad de hacer lo que quieran con su propiedad privada (imprenta, canal de televisión, estación de radio, etc.). Eso es todo lo que se necesita, y todo a lo que podemos aspirar. El uso que cada uno haga de esa libertad es otra cosa.
Tenemos ejemplos históricos de sobra. La propia Encyclopédie, potenciador intelectual de la Ilustración, no hubiese sido posible si no gracias a la propiedad privada del medio de prensa empleado y el satánico ánimo de lucro de sus dueños.
La historia la cuenta con detalle el francés Philipp Blom, en su Encyclopédie. El triunfo de la razón en tiempos irracionales (Anagrama, 2004). La Encyclopédie fue una obra iniciada por un grupo de intelectuales fraceses, en 1750, que se convirtió el éxito editorial de su época, responsable parcial de la explosión de las ideas liberales por toda Europa y el mundo, que contó con la contribución de las lumbreras académicas del siglo. Denis Diderot, su editor y fundamental artífice, se enfrentó a la ruina económica, a la devastación familiar, a la censura e incluso a la cárcel para poder sacarla adelante. Fue una empresa en la que el ánimo de trascendencia intelectual y de lucro económico se conjugaron con absoluto éxito, como lo describe Blom:
“A la hora de la verdad, la Encyclopédie sería más cara, y mucho más lucrativa, de lo que habían pensado los libreros. En su momento culminante, daba empleo a un millar de impresores, grabadores, dibujantes, encuadernadores y otros. Lo que significa que casi uno de cada cien parisinos se beneficiaba económicamente de la empresa, directa o indirectamente… El director de publicaciones tenía que haberse dado cuenta que la Encyclopédie no sólo tenía ramificaciones ideológicas para la Iglesia y para el Estado, sino también otras económicas muy importantes para el comercio del libro francés…” (p. 93)
Y, desde luego, los tartufócratas de turno también hicieron lo posible por silenciar a Diderot y sus socios, por ser enemigos de los intereses del “público”, del “Estado”, del “bien común”, y la doctrina religiosa del momento (hoy sería el Buen vivir). Lo bueno es que la mirada torpe de los censores de la fe y las buenas costumbres (hoy les dicen órganos de regulación) era fácilmente burlada con ironías y sarcasmos encubiertos.
Como en materia política y religiosa los autores no podían defender tan frontalmente la libertad, por miedo a la censura, en economía se explayaron. En una entrada, encargada al conocido economista Étienne-François Turgot, existen frases que por su simpleza y realismo siguen siendo un diagnóstico exacto del presente: “mientras que el curso natural del comercio es suficiente para la creación de mercados, nos vemos enfrentados al desafortunado principio de… la manía de controlar y regularlo todo y nunca servir a los verdaderos intereses del pueblo”. Esta, como tantas otras, es una verdad que seguimos sin digerir.
En cualquier caso, Correa tiene razón, aunque derive de ello conclusiones erróneas. La propiedad privada de los medios de prensa es la esencia de la libertad de prensa. Sin la propiedad de los medios de producción (intelectual, artística, periodística, industrial, etc,.), no existiría esa frontera de autonomía personal que nos permite ser libres ante el poder estatal. Porque el respeto a la propiedad privada es eso: respeto para escoger nuestros propios fines, que inexorablemente requiere del control de los medios obtenidos para satisfacer dichos fines. Por ello, cuando defendemos la “independencia” de la prensa no se pretende otra cosa que la aludida: control independiente ejercido por los propietarios de los medios de prensa, por contraposición al control ajeno, estatal. No se alude al uso que hagamos de dicha “independencia”, si este es ético, o estético, si es bueno o malo. Libertad de elegir, eso es todo, y ello incluye la libertad de ser grandes periodistas, o mediocres; de ser amarillistas, facciosos, serios o imparciales. La propia obra de Diderot no estaba exenta de terribles prejuicios y graves falacias.
Si no, imaginemos qué hubiese pasado si los emprendedores de la Encyclopédie no hubiesen sido dueños de la imprenta, si el ánimo de lucro de sus inversores no hubiese facilitado los medios económicos necesarios, si hubiesen sucumbido a la pesada persecución del Estado, justificada en el bien común. Imaginemos que la autoridad de turno hubiese dicho, en defensa de la persecución montada: defendamos a aquellos que no pueden pagar la suscripción, que no pueden acceder a otras fuentes alternativas de información, que son proclives a la manipulación de sus autores. Imaginemos también al censor hablando de “dimensión social de la libertad de expresión” y otras babosadas, mientras justificaban una Ley de comunicación enciclopédica. Imaginemos que, en vez de inversores privados, el Gobierno francés hubiese utilizado dinero ajeno arrebatado de forma coactiva a sus súbditos para emprender su Corporación Enciclopédica Nacional.
PD. Imagino a un genio, en arrebato de felina agudeza, argumentando: pero las frecuencias electromagnéticas son de propiedad del Estado, y solo concesionadas a las estaciones de TV y radio; ergo, no pueden hacer lo que les da la gana. Respuesta simple: ese es un problema que deberíamos eliminar, privatizando el espectro electromagnético, posibilidad que nunca se ha ensayado. De hecho, ese es uno de los mecanismos más comunes que los políticos en el poder tienen para presionar a los medios, cuando se acerca la época de renovación de licencias, y es la forma que tienen también de contentar a sus aliados mediáticos.
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