Europa ha sido tan austera como Strauss-Kahn casto.
1 February, 2012 § 2 Comments
Por Aparicio Caicedo C. Follow @apariciocc
Que la austeridad no ha funcionado, dice el gurú socialista don Paul Krugman. Y otros repiten mecánicamente sin saber muy bien de lo que hablan.
Mientras, yo me pregunto: ¿de qué austeridad están hablando? El gasto público en Europa, que ya era gigantesco, no hizo más que crecer durante la crisis, precisamente en los países más afectados por la misma (salvo en Grecia, que ya debe el 120% de su PIB). ¿Eso es a lo que ellos llaman austeridad?
Si les queda alguna duda, los invito a ver el slide 8 de esta presentación de Power Point que me facilitó el profesor Bob Murphy, del Mises Institute. Apunta que en España, Portugal e Irlanda el gasto público no hizo más que subir entre 2008 y 2010 (la fuente es el BCE). La única excepción es Grecia, porque simplemente ya no tenía ni capacidad de endeudarse. Queda clarísimo que aquí ha habido de todo, menos austeridad:
Si esto es ser austero, Strauss-Kahn es casto.
Se preguntarán: ¿pero durante el 2011 sí que hemos sido austeros? Pues no. Y le cedo la palabra a Juan Ramón Rallo:
En 2011 los Estados de la Eurozona –todos– han gastado más dinero del que se fundieron en 2007, el último año de las falsas vacas gordas, con los erarios a rebosar.
¿Austeridad? El único que de verdad está siendo austero en la presente crisis es el sector privado, que, allá donde le han dejado, no ha tenido más remedio que redimensionarse y cuadrar sus cuentas. Los Estados, sin embargo, han continuado exhibiendo un comportamiento marcadamente irresponsable, que han tratado de camuflar monetizando deuda (como ha sucedido en EEUU y Reino Unido) o prometiendo en solemnes y repetidas cumbres que ya han aprendido la lección y que, esta vez sí, dejarán de gastar más de lo que ingresan.
Así pues, por mucho que se haya querido ligar la recaída en la recesión a partir de la segunda mitad del año a los programas de austeridad pública, semejante argumento carece de toda base. No sólo no ha habido austeridad alguna (el gasto se ha recortado en unos rubros… y se ha incrementado en otros), es que los auténticos problemas de la economía mundial tienen que ver con la enorme incertidumbre sobre la solvencia a largo plazo de nuestras economías.
Más Ron Paul y menos Paul Krugman
1 October, 2011 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com Follow @apariciocc
Lean, y comparen. Saquen sus propias conclusiones.
Ron Paul, 2003: “Como todas las burbujas artificialmente creadas, el boom en los precios inmobiliarios caerá, los dueños de las casas experimentarán dificultad mientras su patrimonio es barrido. Más aún, los tenedores de títulos de deuda hipotecaria también tendrán una pérdida. Estas pérdidas serán mayores de las que hubiesen sufrido en circunstancias distintas“.
Krugman, 2002: “Para luchar contra la recesión la Fed necesita más que contestar drásticamente; necesita un incremento en el gasto de los hogares para compensar la moribunda inversión empresarial. Y para hacerlo Alan Greenspan necesita crear una burbuja inmobiliaria para reemplazar a la burbuja puntcom“.
¿Es Ron Paul un profeta o un genio superdotado? No, simplemente tiene una concepción realista de la economía, se ha formado en la tradición doctrinal austriaca. Los economistas “austriacos” vienen explicando y previniendo todo este desastre hace muchos años; comprenden que la culpa de las recesiones está en la interferencia de los Gobiernos, no en el libre desempeño del mercado. Pero pocos parecen escuchar.
Visto lo visto, ¿quién creen que tenía la razón al final?, ¿quién creen que tiene la razón ahora? No siempre se dejen deslumbrar por un Premio Nobel.
“Soy austríaco en Economía”, sobre el informe del Deutsche Bank
17 September, 2011 § 2 Comments
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com
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Disponible en pdf.
El analista principal del Deutsche Bank, Thomas Mayer, ha publicado un reporte con un sugerente título “Soy austríaco en Economía“. El contenido del documento es un masazo doctrinal sobre las auténticas causas de la crisis económica mundial. Esta se deben a la intervención del Estado en la economía, y no como reza la leyenda a las fuerzas oscuras del mercado.
La trascendencia de lo dicho por Mayer es muy bien descrita por Libremercado.com:
El mensaje no deja lugar a dudas. Thomas Mayer, quien es, dentro del sector privado, uno de los economistas más influyentes del mundo, le está diciendo al paradigma académico dominante:”Señores, no se empeñen, sus trabajos no nos ayudan a entender la realidad; es más, dado el impacto que sus ideas han llegado a tener sobre el diseño institucional de la política económica -muy especialmente en lo que a política monetaria respecta- sus teorías son también dañinas.”
El artículo es extremadamente revelador no sólo por su contenido sino, sobre todo, por quién lo escribe. Mayer no es un académico criticando la teoría de un académico competidor en defensa de la suya propia, sino que es un consumidor insatisfecho de la teoría dominante, y ésta es su hoja de reclamaciones.
Y es que son muchos los casos de economistas que, cansados de la incapacidad de la teoría macroeconómica moderna para dar respuesta a la realidad cambiante, han abandonado posiciones en departamentos de Economía en universidades de reconocido prestigio para dedicarse a la práctica profesional. Al final, la práctica profesional es la única salida que le queda a todos aquellos que discrepan del paradigma neoclásico dominante; un paradigma que, a modo de ”pensamiento único”, ha copado los principales departamentos de economía y publicaciones científicas del mundo.
El mensaje que ha lanzado es claro, en sus propias palabras: “esta crisis ha sido causada por demasiada confianza en la efectividad de la planificación económica y financiera”. Mayer recoge algo que los economistas de la tradición austríaca vienen reclamando por décadas y décadas: que las más severas depresiones del siglo XX se han originado por la intervención masiva del Estado por medio de la manipulación tecnocrática de los tipos de interés. Es en los bancos centrales donde hay que buscar culpables de burbujas financieras como la del 2007, no en las fuerzas del mercado. Esto es algo sobre lo que ya hemos escrito, en La Crisis financiera que el Estado causó (for dummies).
Obviamente, Mayer alude la tesis hayekiana de la “fatal arrogancia” cuando dice:
Hemos sufrido de “ilusión de control”. Necesitamos reconocer los límites de la planificación del futuro y la superioridad de orden liberal de mercado, donde los Estados, las empresas y los individuos puedan ser llamados a responder por las decisiones financieras que han tomado.
Mayer acusa que uno de los principales problemas de los economistas que es que no le hacen caso a las lecciones de la historia, porque están demasiado confiados en sus absurdos modelos matemáticos (con lo que alude a los economistas que siguen el paradigma neoclásico). Los economistas austríacos, en su amplia mayoría, se oponen al uso de estos modelos porque reflejan una imagen irreal del ser humano, como si fuese un robot con aspiraciones predecibles y estimables en números. La doctrina austríaca comienza por advertir que el mercado está compuesto por personas de carne y hueso, con un número ilimitado y cambiante de fines, cuyas decisiones pueden variar indefinidamente dependiendo de cada momento, lugar y de los medios disponibles; esto torna cualquier predicción basada en modelos matemáticos un ejercicio de pedantería intelectual, es tratar el universo humano con métodos propios de la química o la física. Por ello, Mayer dice:
La macroeconomía y la finanza moderna alientan la convicción de que nosotros podemos planificar exitosamente el futuro…
Finalmente, los economistas deberían ser más humildes. Por demasiado tiempo han intentado ser como los científicos naturales… Nos gusta desarrollar nuestras teorías con métodos de deducción—comenzar con algunos axiomas y explicar el mundo en términos matemáticos a partir ahí. Esto fue un poco presuntuoso, por decir lo menos. Debemos darnos cuenta de que somos en un grado muy significante una ciencia social. Los científicos políticos, como los historiadores, usan el método de la inducción. Observan y luego desarrollan descripciones tentativas del mundo en base a tales observaciones. Porque no prestamos suficiente atención a la historia económica y confiamos demasiado fuertemente en modelos formales de la economía repetimos un número de errores que causaron la Gran Depresión.
Lo de “métodos inductivos y deductivos” y sus diferencias, así como las consencuencias intelectuales de tales diferencias, es un tema difícil de digerir, sobre todo por el alto nivel de abstracción. Recomiendo leer este escrito introductorio a la Praxeología (base intelectual del método de análisis austriaco basado en la deducción lógica a partir de ciertos axiomas de la acción humana) de Hans Herman-Hoppe , y ver este vídeo donde te lo explican inmejorablemente (ya verán por qué digo “inmejorablemente”):
Lo único que quizá me decepcionó del escrito fue su análisis histórico de la Gran Depresión de los 30, pero sólo porque me parece que no tuvo en cuentan el trabajo historiográfico de autores como Robert Higgs, quien ha explicado sobradamente las razones por la que dicha crisis se prolongó tanto y solo fue superada después de la Segunda Guerra (y no gracias a la guerra, sino a pesar de ella), y Murray Rothbard, quien ha hablado largo y tendido sobre las causas reales de la Gran Depresión (la política monetaria de la Fed durante los años veinte). De hecho contacté con Mayer, y me dijo que no sabía de la existencia de estos trabajos, y me agradeció por las referencias. Esperemos que le sirvan.
No obstante, creo que es muy acertado cuando se refiere a las políticas monetarias de Alan Greenspan, desde finales de la década de los 80. Libremercado.com resume bien lo dicho por Mayer en este punto:
Fue Alan Greenspan al mando de la Reserva Federal americana quien lideró este nuevo enfoque, tras sustituir al restrictivo Paul Volcker en 1987. Este mismo año, en el que tuvo lugar un importante crashbursátil, Greenspan aplicó por primera vez su receta mágica para deshacerse de las recesiones:bajar los tipos de interés cuando las cosas se ponían feas. Más tarde, tanto en la crisis de 1990-91 de los bancos de ahorro y préstamos (savings and loans), como tras la caída de Long Term Capital Management (LTCM), como en la crisis de las puntocom de 2000-2001, Greenspan volvió a actuar de la misma manera. Todo este periodo, desde final de la crisis de la estanflación a la Gran Recesión, fue conocido como la Gran Moderación, por la ausencia de crisis severas.
Sin embargo, afirma Mayer que lo sucedido después de 2007 puso de manifiesto que la Gran Moderación fue una “gran ilusión”. En realidad este período engendró masivos desequilibrios que desembocaron en la Gran Recesión.
Para comprender lo dicho por Mayer sobre la política monetaria de Greenpan es muy ilustrativo el documental ‘Overdoze: The Next Financial Crisis‘, que recojió en esencia el mismo planteamiento y advirtió hace algún tiempo de la nueva recesión económica que estamos enfrentando.
Espero que alguien los escuche, y se den cuenta que mucho de lo que nos enseñan en universidad y centros de estudios, mucho de lo que dicen los políticos y sus asesores, mucho de lo que vemos en los medios, no es más que la consecuencia de un error intelectual de base, fundamental. Como ya he señalado antes: “los apóstoles del colectivismo estatistas parten de premisas fundamentales equivocadas, a partir de las cuales se derivan conclusiones falaces, de las cuales a su vez nacen una serie de medidas gubernamentales destinadas a imponer por la fuerza sus errores. La principal fuente de error es una imagen tergiversada de la historia, en la que pasan inadvertidas las verdaderas causas de los procesos sociales que más nos afectan“.
Como conclusión, me remito a Mayer nuevamente:
debemos deshacernos de las teorías de ‘la Tierra es plana’ que prometen que los resultados económicos y financieros pueden ser planificados con un alto grado de certidumbre y necesitamos a otras teorías que aceptan los límites de nuestro conocimiento sobre el futuro. Un resurgir de la Economía Austríaca podría ser una buena manera de empezar para dicho programa de investigación.
La gran burbuja de la deuda del 2011
31 January, 2011 § 1 Comment
Por Johan Norberg, académico asociado del Cato Institute y autor del libro In Defense of Global Capitalism (Cato Institute, 2003), traducido y publicado por elcato.org.
“Lo peor de la tormenta ha pasado”, declaró Barack Obama a principios del año pasado. Por su parte, Gordon Brown aseguró a Gran Bretaña que las especulaciones sobre tiempos difíciles venideros “simplemente no eran ciertas”. Ambos hablaron de cuán determinados estaban en sanear sus economías, pero no pareció importarles utilizar las mismas técnicas que crearon la burbuja anterior. El rescate a los bancos y los enormes paquetes de estímulo sí han logrado que prestemos, gastemos y especulemos nuevamente. Las tasas de interés de los bancos han caído a niveles históricamente bajos, brindando crédito barato a los mercados de bienes raíces y financieros. El ánimo en este año es de optimismo cauto. Todo sería tranquilizador, si solo no fuese tan inquietantemente similar al pasado reciente.
En el 2003, luego de que el estallido de la “burbuja punto.com” y los ataques del 11 de septiembre sumieron a EE.UU. en una recesión, todos querían que continuara la fiesta de consumo financiada con deuda. No es que lo hayan dicho de esta manera. Se usaron eufemismos, así como sucede ahora: debería haber “respaldo” estatal, un toque de Keynes. El Premio Nobel de economía Paul Krugman le pidió a Alan Greenspan “crear una burbuja inmobiliaria para reemplazar la burbuja de [la bolsa de valores] Nasdaq”. El titular de la Reserva Federal le hizo caso, recortando las tasas de interés a niveles históricamente bajos. En Gran Bretaña, las tasas de interés base se redujeron en un 50% entre 2000 y 2003. El dinero era lo suficientemente barato como para que todos prestaran de nuevo y volvieran al mercado. Los precios de las viviendas se dispararon. Todo esto parecía ser prosperidad. Las burbujas muchas veces aparentan serlo.
Nada es más peligroso que una idea cuando esa es la única que usted tiene. Hay un amplio consenso de que la crisis financiera del 2007 fue al menos en parte el resultado de tasas de interés históricamente bajas, gigantescos déficits y consumo de gran escala financiado con crédito. Hoy, los gobiernos alrededor del mundo están intentando resolver la crisis mediante tasas de interés históricamente bajas, gigantescos déficits y consumo de gran escala financiado con crédito. En esta ocasión, también están utilizando medios más novedosos de crear dinero fácil: rescates a los bancos, paquetes de estímulo y relajamiento cuantitativo. Una vez más, ha producido resultados: las compras navideñas fueron abundantes. Pero nadie ha preguntando cuántas de esas cuentas de compras navideñas fueron pagadas con dinero prestado.
A pesar de todo lo que se habla de austeridad, los gobiernos alrededor del mundo planean pasar el 2011 y más allá endeudándose como locos. Los países ricos del mundo han aumentado su deuda en alrededor de un 50% durante los últimos tres años, de acuerdo al FMI. Tales estadísticas muchas veces podrían parecer insignificantes, pero durante la campaña para las elecciones generales en el Reino Unido, David Cameron encontró una manera de hacerlas reales. Él develó un póster que decía que un bebe nacido hoy debería 17.000 libras ($26.334) solo en deuda pública. De acuerdo a sus propios cálculos, esa carga aumentará a 21.000 libras ($32.536) dentro de cuatro años. Menos de lo que habría sido sin los recortes de gasto implementados por su gobierno, seguramente, pero una cifra impresionante de todas maneras.
Todos los gobiernos apuestan a que podrán seguir pidiendo prestado tales cantidades de dinero a tasas muy bajas. Pero puede ser que los mercados tengan otros planes. Veamos la evolución de esta crisis. El colapso se dio porque los hogares consumieron demasiado, transfiriendo sus deudas a los bancos. Los bancos endosaron estas deudas a los gobiernos y, como vimos con Irlanda, incluso los gobiernos podrían tener problemas con saldarlas. Por ende, están transfiriendo sus deudas a la Unión Europea. Pero, ¿a quién le endosará la UE estas deudas cuando su tarjeta de crédito llegue a su límite?
Grecia e Irlanda no solamente no tienen liquidez, sino que además son insolventes —y nada se resuelve asumiendo préstamos nuevos y más grandes cuando ni siquiera pueden pagar los anteriores. Si Irlanda o Grecia incumplen con el pago de su deuda, forzando a los acreedores a sufrir profundas pérdidas, los mercados se podrían asustar y esto podría ser la gota que derrame el vaso.
Los mercados le están prestando miles de millones a España (e Italia, Bélgica, tal vez también a Francia) porque los inversionistas suponen que, mientras que los países en sí podrían estar en bancarrota, alguien más garantiza la inversión. Estoy seguro que yo no fui el único al que su banco le dijo que era seguro invertir en deuda de la periferia de Europa (Irlanda, por ejemplo) ya que la UE siempre intervendría en lugar de permitir que estos quiebren. Los mercados de bonos soberanos entraron en pánico cuando Angela Merkel sugirió que los inversionistas algún día tendrían que asumir sus propias pérdidas.
Si empiezan las moras de pago —o si se le ocurre a los mercados que el Fondo de Estabilidad Financiera de la Unión Europea no tiene ni la mitad de lo que se requeriría para salvar a España, la novena economía más grande del mundo— entonces los inversionistas podrían darse a la fuga. Y esto, para David Cameron y George Osborne, produciría algunas sorpresas profundamente desagradables. ¿Qué les pasaría a los bancos ingleses que han prestado más de $110.000 millones a España, o a los bancos franceses que le prestaron $162.000 millones o a los alemanes que le prestaron $182.000 millones?
Este año está lleno de riesgos para las naciones más endeudadas de Europa. Los bancos españoles ya están muy frágiles e —incluso en la mejor de las circunstancias— necesitan pedir prestado unos impresionantes $111.000 millones este año. Cualquiera que les preste este dinero podría detenerse a reflexionar que su exposición a Portugal, probablemente la próxima pieza en caer, es de casi $80.000 millones. Para pagar deudas viejas, necesitan encontrar nuevos acreedores. Desde mayo a junio, el gobierno de Portugal debe pedir prestado $10.000 millones a los mercados para sobrevivir. Durante esos mismos meses, España necesita más de $15.000 millones, incluso si no incurre en un solo euro de déficit durante este año.
Tomando en cuenta esto, el 2011 se ve tan horrible como el 2008. Nuevamente los bancos están haciendo agua, esperando poder seguir pidiendo prestado —e intentando echar mano a la mayor cantidad posible de capital para cubrir sus pérdidas. Aún así su riesgo es el mismo que la última vez. Hemos visto lo nerviosos que se pueden poner los mercados mundiales y lo perjudiciales que pueden ser las consecuencias. Solo se necesitó que colapsara un banco importante —Lehman Brothers— para que los mercados mundiales se asustaran tanto que evitaron prestarle a cualquiera. En ese entonces, fueron los bancos los que cayeron como fichas de dominó. La próxima vez, podrían ser los estados.
El paquete de “estímulo” de Barack Obama (nombrado por sus intenciones, más no por sus resultados) se basa en su creencia de que EE.UU. podrá seguir pidiendo prestado cuánto desee debido al estatus del dólar como moneda de reserva mundial. Pero conforme EE.UU. continúe con su relajamiento cuantitativo —esto es, imprimiendo dinero— el dólar podría dejar de parecer una inversión tan segura. Las percepciones pueden cambiar rápidamente, especialmente para EE.UU., país que tiene que renovar alrededor de la mitad de su gigantesca deuda nacional cada año. Durante los últimos seis meses, el Tesoro de EE.UU. ha tenido que aumentar a 3,5% el interés que paga sobre sus bonos a 10 años —un punto porcentual entero por encima de lo que pagaba este verano. Si el costo de prestar del Tío Sam continúa subiendo a este ritmo (España está pagando 5,5% e Irlanda 8,5%), el déficit de EE.UU. empezará a verse como un agujero negro.
A estas alturas, es común decir: gracias a Dios por esas economías dinámicas en el Este Asiático, India y Brasil. Pero, ¿qué tan real es su impresionante crecimiento? Observémoslo detenidamente e incluso esto podría ser en parte el resultado de un estímulo artificial. El crecimiento de la India y de Brasil está financiado con capital golondrina del extranjero: dinero que podría desaparecer de la noche a la mañana. El dinero fácil siempre termina en algún lugar. La última vez fue en bienes raíces, esta vez en los mercados emergentes (y muchas veces en los mercados de bienes raíces de los mercados emergentes).
La riqueza y las perspectivas de China deslumbran a un Occidente enterrado en deuda. “Dinero, dinero en todas partes”, dijo el economista de Pekín Patrick Chovenec en un reciente análisis de China. “Llena de carros lujosos, condominios y joyas caras, los chinos están disfrutando de lo que parece ser una bonanza sin fin”. Los precios de los bienes raíces de lujo en algunas de las ciudades más ricas se han casi duplicado en dos años. Los precios en el mundo financiero también están aumentando, provocando que el gobierno apriete los frenos.
En realidad, esto no es el resultado de mejores perspectivas económicas sino de un shock monetario. Dejando a un lado los flujos entrantes de capital extranjero, China tuvo su propio paquete de estímulo, tan grande como el de EE.UU. Pekín ha impreso yuanes y presionado a los bancos y gobiernos locales para que gasten como keynesianos borrachos. De manera absurda, la oferta de dinero en China ahora es más grande incluso que aquella de EE.UU., aún cuando su economía tiene un tercio de su tamaño. Podemos ver los resultados de este estímulo en los precios en la bolsa de valores y en los nuevos puentes, carreteras y complejos residenciales a lo largo de todo el país.
No es que alguien quiera usar esas carreteras o vivir en esos edificios. En agosto, la empresa más importante de energía en China reportó que una cantidad asombrosa de 65,4 millones de residencias no han consumido electricidad alguna durante los últimos seis meses —una señal confiable de que estas siguen vacías. Ahora hay ciudades fantasma, como la nueva Ordos al norte de China, donde decenas de miles de edificios permanecen vacíos. Y aún así los precios de las viviendas en Ordos se han duplicados durante los últimos tres años. Esto no se debe a la demanda popular, sino a pura especulación. En algunos lugares, se habla de China como si fuese la última esperanza que tiene la economía mundial. Pero podría ser la próxima burbuja en explotar.
En la película original de Superman, el héroe rescata a Lois Lane cuando ella se cae de un rascacielos. “No se preocupe, señora, yo la salvo”, dice él en el aire. “¿Usted me salva? ¿Quién lo salva a usted?”, responde ella. Esta es la pregunta que nadie se está haciendo ahora. Si China nos está prestando a nosotros, ¿quién le está prestando a China? Si los gobiernos están salvando a los bancos, ¿quién salvará a los gobiernos? Si la Unión Europea está ofreciendo una red de seguridad, ¿quién estará ahí para rescatar a la UE? Hay otras preguntas que no se están haciendo: ¿qué país, en la historia económica reciente, ha salido exitosamente de una crisis mediante préstamos? ¿Por qué funcionaría ahora? ¿Cómo podemos justificar que carguemos a la siguiente generación con una deuda de esta magnitud?
“El problema con el socialismo”, dijo una vez Margaret Thatcher, “es que eventualmente a usted se le acaba el dinero de los demás”. Esta vez es peor: estamos quedándonos sin el dinero de nuestros hijos y nietos. Estamos asumiendo que tendremos una oferta sin fin de dinero prestado y no tenemos un plan de respaldo si esta oferta se detiene. La situación podría parecer segura en este momento. Todavía podemos pedir prestado fácilmente de los mercados internacionales. También lo podía hacer Lehman Brothers el 12 de septiembre del 2008 —el día antes de que el banco colapsara.
Soy un optimista por naturaleza. Cada generación parece cometer terribles errores y aún así hemos logrado crear la civilización más rica de la historia —entonces es bastante probable que también logremos salir de esta crisis financiera. A largo plazo. Pero nuestra dependencia en el endeudamiento solo puede hacer que ese largo plazo sea incluso más largo.
Este artículo fue publicado originalmente en The Spectator (Reino Unido) el 1 de enero de 2011.
Sobredosis: la recesión que el Estado creó
26 January, 2011 § 3 Comments
Recomendamos el documental Overdose – The Next Financial Crisis, producido por el sueco, Henrik Devell, y dirigido por Johan Norberg y Martin Borgs. Da una clara explicación de las causas de la debacle económica, consecuencia de una década de intervención del Gobierno americano por medio de políticas monetarias irresponsables, patrocinadas por la Reserva Federal. Desdice por completo aquellas leyendas que culpan al liberalismo económico de la tormenta que estamos sufriendo.
Pero lo más interesante de este documental es la escabrosa predicción que hace: lo peor no ha pasado, porque los gobiernos se han encargado de reinflar la burbuja mediante los gigantescos planes de ayuda económica, y esta explotará nuevamente. Nótese que los expertos y economistas que aparecen en la película fueron los únicos que supieron prever la actual crisis años antes de que comience, a contracorriente.