La desigualdad social no es mala
8 December, 2011 § 10 Comments
Por Aparicio Caicedo C. Follow @apariciocc
Los índ
ices de desigualdad son nada más que meros artilugios estadísticos. No significan nada. Solo sirven para llenar con demagogia los discursos de políticos, académicos, activistas, etc. Queda bien siempre una frase como “…pero tenemos pendiente un gran desafío en materia de desigualdad”.
Uno conversa tranquilamente sobre lo bien que Chile (por poner un ejemplo entre muchos) lo está haciendo desde que empezó a liberalizar partes de su economía, blablabla….y súbitamente aparece ese talentoso felino, al que no se le escapa una, y clava el zarpazo: pero es el país donde hay más desigualdad de América Latina, ¿eso te parece ejemplar? Uy, ahí uno se queda pensando. Todos te miran, inquisidores. El astuto felino se relame su garra intelectual, indiferente, como quien sabe que ha desgarrado fatalmente el argumento de su presa. Las miradas pesan. Porque nadie se atreve a defender la desigualdad. Eso sería como defender la pedofilia, o peor. Igualdad o desigualdad, ¿en qué bando estás?. Tic-tac, tic-tac.
Pero la respuesta es simple: la desigualdad no es mala en sí misma, e incluso a veces es un indicio de prosperidad general. Una vez que las cabezas de tus interlocutores hayan dejado de dar vueltas de 360° sobre su propio eje, prosigue: esos índices y ranking de desigualdad solo miden el nivel de repartición de la riqueza, pero no te dicen nada de cuánta riqueza le toca a cada uno y sobre los niveles de vida de la población. Por ejemplo, según el índice Gini, en términos desigualdad mejor ubicados están Pakistán y Bangladesh que Canadá y Suiza. Y según ese mismo ese mismo coeficiente, Ruanda y Senegal son menos desiguales que Chile. Creo que no hace falta un segundo análisis para ver que hay algo de raro en esto.
El tigrillo de la igualdad no te dice (porque no se ha tomado molestia de estudiarlo) que ese “pedazo” de riqueza en manos del “10 por ciento más pobre” de un país como Chile, por ejemplo, es mucho más grande que aquellos pedazos que se reparten en sociedades más “igualitarias” como Bolivia o Ecuador. ¿Por qué? Porque la quinta parte de una pizza pequeña sigue siendo menor que la décima parte de una pizza treinta veces más grande. Prueba de esto es que Chile es uno de los poquísimos países de América Latina que hoy atrae inmigrantes. Basta con recorrer un barrio periférico de Santiago para percatarse de la cantidad de peruanos, ecuatorianos y bolivianos que hay. Estos inmigrantes, por su parte, prefieren el pedazo de pizza que les toca en el desigual Chile, que los diminutos pedazos de pizza que les toca en sus más igualitarios países (recuérdese que Ecuador, Bolivia y Perú están mejor ubicados según el índice Gini). ¿Por qué no vemos chilenos emigrando a países más igualitarios?
Martín Krause lo explica claramente:
Por otro lado, calificar la prosperidad de una población por las “estadísticas de desigualdad en reparto de la riqueza” de un momento dado es como juzgar la película por un solo recuadro de la cinta. No te dice, por ejemplo, que ese “pedazo” de riqueza que ahora atesora ese percentil que “menos tiene” en países que han crecido económicamente es mucho más grande que el que tenían hace X años. Aunque quizá los chilenos ricos sean todavía más rico, y las diferencias sean más contrastantes, los que antes ocupaban el porcentaje más bajo también están mucho mejor, o simplemente salieron de ese nivel de pobreza. Muchos chilenos ya no están dispuestos a realizar las tareas de servicio domésticos que sus padres tuvieron que realizar para subsistir. ¿Por qué? Porque esas familias han salido de la pobreza. En 1975, por poner una fecha, sus padres tenían como única opción ir a ofrecerse como empleados domésticos para ganarse la vida. En 2011, su condición económica ha cambiado y los hijos de los empleados domésticos no están dispuestos a desempeñar tales trabajos, o si lo hacen exigen mayores salarios. Ese lugar lo ocupan ahora los inmigrantes, que sí están dispuestos a trabajar por menor paga. Toman ese pedazo de pizza que los chilenos ahora desprecian porque sigue siendo más grande que el igualitario pedazo que les hubiera tocado en su país de origen. Y encima da para enviar las sobras a casa.
Les recomiendo ver este vídeo, que explica muy bien esta cuestión en el caso de Estados Unidos:
Señala que en Estados Unidos son precisamente los pobres los que más se han beneficiado del crecimiento económico, si vemos la película completa y no nos limitamos a un par de recuadros. Efectivamente, los estudios dicen que el 20 por ciento más pobre de americanos concentra menos porcentaje de la riqueza que antes, y que el 20 por ciento más rico concentra más. Y así es. Lo que no te dicen es que la pizza es mucho más grande, y que los ingresos de las familias más pobres en Estados Unidos, si comparas su situación en el tiempo, han crecido en un porcentaje mucho mayor que los ingresos de los que más tienen. La familia pobre en 1970, por ejemplo, no lo sigue siendo en 1990, etc. Este dinamismo económico se debe a las oportunidades que brinda una economía abierta, oportunidades por las que miles de inmigrantes arriesgan sus vidas en la frontera todos los días.
Y qué dice la historia…
También tenemos ejemplos en la historia. La primera etapa de globalización económica capitalista se dio durante durante las últimas décadas del siglo XIX, hasta la Primera Guerra Mundial. Durante este lapso, la liberalización del comercio y las finanzas a nivel mundial dieron paso a un aumento de los niveles de prosperidad sin antecendentes históricos. Subió como nunca antes el estándar de vida de millones y millones de trabajadores, inmigrantes y empresarios, gracias a los niveles de productividad industrial alcanzados y al avance tecnológico (quien más elocuentemente describe este periodo es Jeffrey A. Frieden, en Capitalismo Global). No osbtante, este lapso de inusitado crecimiento económico, si bien supuso un incremento de los estándares generales de vida nunca antes visto, también provocó una profundización de la desigualdad económica, sumado a períodos cíclicos de recesión y depresión. Mientras un sector mayoritario de la sociedad (empresarios, banqueros, comerciantes, migrantes, etc.) experimentó una opulencia económica y niveles de vida sin precedentes históricos, otros grupos (mineros, agricultores, obreros, etc.) se enfrentaron a distintas experiencias desconocidas hasta entonces de marginación social y hacinamiento urbano. No es raro por ello escuchar a muchos intelectos felinos satanizar este periodo como la época del “capitalismo salvaje”[1].
Todos los efectos sociales de la industrialización capitalista, tanto los positivos como los negativos, se manifestaron de forma especial en Estados Unidos, una nación que encabezaba todos los indicadores de crecimiento de la época. Desde la década de 1870 en adelante, la economía americana experimentó una excepcional expansión; su producción industrial llegó a alcanzar el liderazgo mundial a finales del siglo XIX. Además, sus principales indicadores económicos subían a un ritmo mucho mayor que los europeos: ingreso per cápita, producción de acero y petróleo, crecimiento de la población, consumo de energía, etc. La interferencia del Gobierno en la economía era, además, mínima en términos comparativos. Se convirtió por tanto en un polo de atracción de inmigrantes, principalmente provenientes del Viejo Continente, puesto que el nivel salarial y estándar promedio de vida eran significativamente superiores a los del resto del mundo, por más que los índices de desigualdad fueran también más extremos. ¿Y por qué?. Como bien señaló Clayne Pope:
“The dynamics of the U.S. economy in the nineteenth century created a vigorous growing economy that attracted millions of immigrants. A high standard of living and rapid growth in that standard did not create an egalitarian society. Equality may be a more feasible outcome, though not a necessary outcome, of a stagnant or less dynamic economy. An economy that attracts because of the opportunities it presents is most likely to create inequality as new participants enter, relocate, change occupations, and take risks to capture the opportunities before them. Such was the case in the United States in the nineteenth century. It gave attractive opportunities and created inequality at the same time”[2] .
Como vemos, en el caso de los Estados Unidos de los finales del siglo XIX el alto grado de desigualdad se daba precisamente como resultado de su dinamismo económico. Los ricos se hacían más ricos cada vez, pero eran muchos más los pobres que escalaban posiciones y mejoraban su nivel de vida, lo cual atraía a millones de inmigrantes que pasaban a engrosar los niveles más bajos de la pirámide.
A que te lo pensarás mejor la próxima vez que hables de igualdad. O quizá no. Más fácil siempre es pasar por romántico altruista, defensor de utopías, abanderado de los necesitados. Todos estos datos y razonamientos son demasiado complicados para digerir. Siempre será mejor que el Gobierno haga algo, cualquier cosa, antes que dejar solas a esas misteriosas fuerzas impersonales del mercado.
[1] La historiografía sobre este periodo ha sido objeto de polémica por parte de ciertos historiadores económicos que acusan una recurrente falta de parcialidad ideológica en los análisis más conocidos; véase enfoques críticos en Friedrich A. Hayek (ed.), Capitalism and Historians (University Chicago Press, Chicago, 1963).
[2] Clayne Pope, “Inequality in the Nineteenth Century”, en Stanley L. Engerman y Robert E. Gallman (eds.), The Cambridge Economic History of the United States (Cambridge University Press, Cambridge, 2000), p. 139
Thomas Paine contra el dinero fiduciario.
14 November, 2011 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com Follow @apariciocc
Cada vez que reviso los ensayos de Thomas Paine, encuentro algo nuevo e interesante en ese genial panfletista. Esta vez es su “ataque a las leyes de papel moneda” (Attack on Paper Money, noviembre 3, 1786).
Me parece que el ideólogo de la revolución americana no estaría muy de acuerdo con esa obsesión de algunos economistas contemporáneos por imprimir más y más dinero para salir de la crisis (quantitative easing, como lo llaman ahora los entendidos).
¿Qué piensa Paine del papel moneda, término que usa como sinónimo de dinero fiduciario? Simple:
Ellos dicen que el papel moneda ha mejorado el país…y que el papel moneda ha logrado muchas otras cosas buenas…Ni una sóla sílaba de esto es cierto; es un error de comienzo a fin…Nos hemos equivocado tanto en este asunto que hasta nos hemos equivocado en el nombre. El nombre no es papel moneda, sino títulos de crédito: pero parece como tuviesemos verguenza de usar ese nombre, sabiendo cuánto hemos abusado de tal cosa. Todas las emisiones de papel para propósitos del Gobierno no hacen dinero, sino que hacen uso del crédito para endeudarnos. Es anticipar o adelantar los ingresos de años futuros, arrojando la carga del pago de tales deudas sobre futuras legislaturas. Es como un hombre que hipoteca su propiedad y deja la cancelación de la deuda a sus sucesores. Pero esto no es lo peor de todo, nos deja a nosostros finalmente en la inestabilidad, desapareciendo la moneda dura, disminuyendo el valor de los ingresos, y dejando en su lugar papel, que puede valer una cosa hoy y otra mañana.
Paine había sido testigo de el uso y abuso de dinero fiduciario durante la guerra de independencia americana, lo cuál generó escaladas inflacionistas y niveles de deuda tremendamente desestabilizantes para la economía.
Paine además denuncia que el poder de crear papel moneda no se encuentra entre las competencias legítimas de un Estado, de acuerdo a los “fundamental principles of civil government“:
En lo que se refiere a hacer de tales títulos lo que se llama moneda de curso legal…una asamblea que asuma tal poder , asume un poder desconocido para un gobierno civil, y comete traición contra sus principios.
Los principios fundamentales del gobierno civil son la integridad de nuestros derechos y personas como hombres libres, y la integridad de la propiedad. Una ley de moneda, por tanto, no puede ser compatible con tales principios, porque en su virtud se priva al hombre de su libertad natural y civil, y se atenta contra la integridad de la propiedad.
Si un hombre tuviese cien dólares de plata en su posesión, como su propiedad, sería extraña la ley que lo obligue a entregarlos a cualquiera que descubriese que él posee tal suma, y a tomar cien dólares de papel a cambio. Ahora bien, el caso es exactamente el mismo que si hubiese prestado ‘dólares duros’ a su amigo, y se lo obligue a aceptar en pago a tal deuda cien papeles. La transacción sería contra su voluntad, y en su perjuicio, y los principios de gobierno se orientan a proteger y no a violar sus derechos y propiedad. El Estado, por tanto, que realiza tal operación, no es un Estado de gobierno civil, y las personas no pueden ser obligadas a obedecer una ley que ampara y promociona la traición de los principios en los que el gobierno civil se basa.
Y esta es la parte que más me gusta, porque es casi como escuchar hablar a los austriacos, con respecto a la definición de dinero de curso legal. Deja patente que entonces se concebía como una completa rareza lo que hoy aceptamos como algo supuesto: que sea el Gobierno de cada país quien imponga los medios de pagos permitidos como válidos en las transacciones comerciales. Entonces, y hasta comienzos del siglo XX, eso quedaba a la voluntad de las partes en cada transacción comercial:
La única clase de moneda de curso legal que puede existir en un país bajo un gobierno civil es aquella cosa particular estipulada en cada compromiso y contrato. Esa cosa particular constituye la moneda de curso legal. Si una persona se ha comprometido a entregar trigo, no deberá entregar centeno, de la misma manera que alguien que se compremete a pagar en moned dura está en libertad de pagar con papel… Estos contratos o acuerdos han expresado lo que constituye moneda de curso legal para ambas partes”
Entrevista a Boettke: enriquecer la economía con sentido común
20 October, 2011 § Leave a Comment
Traducción de Mario Šilar, Senior Researcher del Instituto Acton Argentina.
“Una sociedad de individuos libres y responsables
va a requerir que éstos participen en una economía de mercado
basada en el sistema de pérdidas y ganancias”.
Peter J. Boettke
Boettke: Muy raramente alguien se nos acerca y nos dice: “¡Economía! ¡Acabo de enamorarme de la economía!”, excepto por las personas que están cerca de uno, y que suelen ser profesores de economía. Sin embargo, me gusta imaginar que mi tarea como profesor es justamente la de enseñar a mis estudiantes a que aprecien un tipo de saber que ocupa un rol muy importante en sus vidas. Casi todos los días uno recibe, por ejemplo, noticias de índole económica, por lo que se puede decir que la posesión de un conocimiento económico básico es algo verdaderamente necesario. Sin embargo, quienes estudiamos economía no logramos transmitir este mensaje con convicción. Hay una gran oportunidad que está siendo desperdiciada. En efecto, se puede decir que el profesor que dicta “Principios de economía” debería ser uno de los intelectuales de mayor importancia en el debate público que está ocurriendo actualmente en Estados Unidos.
Kokai: ¿Crees que la gente actualmente está más predispuesta a aprender sobre economía que lo que lo estaba antes de la crisis financiera?
B: Creo que sí y que hay una serie de factores que han hecho que esto suceda. Uno de ellos es que la economía ocupa un lugar destacado en los telediarios, lo que hace que la gente quiera aprender y saber sobre lo que está sucediendo. La ciudadanía escucha muchas cosas acerca de las políticas de estímulo o acerca de por qué no se recupera todavía el mercado laboral. Todas estas ideas están en el debate público por lo que resulta natural que la gente tenga más interés por aprender acerca de ellas. Pero hay otro debate que se está llevando a cabo, y en esto uno debe darle crédito al congresista Ron Paul –que en gran medida es uno de sus impulsores–; me refiero al debate en torno a determinar cuál es el papel de la FED en la coyuntura actual; esto es otra cosa que la gente está investigando hoy en día. Además, Internet ha permitido que los ciudadanos puedan rastrear la información pertinente y se ilustren sobre los problemas actuales de una manera que nunca antes se pudo hacer. En verdad, toda la situación actual es extraordinaria.
Algo que ofrece un gran nivel de pensamiento económico y que puede tener alcance masivo son los podcasts de Russ Roberts[2]. Se puede acceder a estos podcasts desde cualquier lugar del planeta y uno puede aprender sobre ideas económicas y sobre lo que piensan diversos economistas que defienden el libre mercado –e incluso se puede conocer qué piensan aquellos que se oponen al mercado–. Otro recurso de gran utilidad es Youtube[3]. Por ejemplo, las clases de Gary Becker sobre el capital humano son accesibles online y uno puede acceder al material completo[4]. En síntesis, creo que es increíble lo que está ocurriendo en el ámbito de la educación actualmente. Sin embargo, frente al gran abanico de posibilidades que se abre, apenas estamos todavía estamos tocando la superficie respecto de cómo los social media e
Internet pueden ser útiles para divulgar las ideas económicas.
K: La mayor parte de la gente que lee o escucha estos contenidos no va a volver a la universidad e intentar obtener un grado en economía. ¿Cuáles deberían ser los conocimientos de economía básicos que deberían saber para desenvolverse mejor en sus vidas?
B: El punto principal en el que se deben concentrar es en el tema de los incentivos. Además, creo que actualmente existe un gran consenso en que los hombres desean vivir en una sociedad de ciudadanos libres y responsables. Luego, aunque esto requiera un poco más de tiempo, deben entender que una sociedad de individuos libres y responsables va a requerir que éstos participen en una economía de mercado basada en el sistema de pérdidas y ganancias.
El verdadero rompecabezas de nuestro tiempo es que cuando se generan espacios en los que las personas son libres, pero sin un adecuado sentido de responsabilidad, y, cuando estas personas pueden participar en una economía de mercado sin el temor que supone la idea de que puedan sufrir pérdidas –es decir, cuando pueden privatizar las ganancias y beneficios pero socializar las pérdidas– algo malo va a suceder. En efecto, ¿por qué nos vamos sorprender de que la gente se obnubile y se descontrole?, o dicho de otro modo ¿por qué nos vamos a sorprender de que todo el sistema colapse? En verdad, si la gente tiene libertad pero no tiene responsabilidad, actuarán irresponsablemente. Si la gente puede participar en una economía de mercado privatizando los beneficios y socializando las pérdidas, tarde o temprano, se involucrarán en comportamientos imprudentes y muy arriesgados.
Esto es precisamente lo que ocurrió en los acontecimientos anteriores a la crisis de 2008. Los principios y reglas básicas sobre toma de decisiones y comportamientos prudentes fueron arrojados por la ventana. Además, las reglas de juego bancarias básicas vinculadas a la necesidad de sólo comprometerse en estrategias de préstamos prudentes también fueron arrojadas por la borda. Como resultado final se generó un escenario global en el que las personas se involucraron en tipos de conductas que condujeron a errores sistémicos y que terminaron por comprometer a todo el sistema.
En el intento de transmitir y divulgar todas estas ideas, he terminado en algo bastante sutil y complejo pero que empezó con un punto de partida muy básico: en el hecho de que los incentivos importan, y para que esos incentivos funcionen correctamente, se debe tener libertad y responsabilidad; y también se debe tener una economía de mercado con un sólido sistema de pérdidas y ganancias.
K: Lo que dices tiene mucho sentido pero ¿por qué los actores políticos en Washington no parecen estar muy convencidos de todo esto?
B: Por el problema de los incentivos. Los incentivos de la política en democracia suelen ser claros: por definición un político aspira a ser elegido en los procesos electorales. Los políticos, para ser elegidos necesitan votos pero también necesitan contribuciones económicas para financiar sus campañas electorales. Los votantes también se enfrentan con el problema de los incentivos, por ejemplo, ¿cuál es el incentivo concreto de los electores para votar de un modo verdaderamente informado? Por lo tanto, lo que suele suceder es que se produce un sesgo generalizado en el proceso de interacción en la vida política por el que las ventajas que se ponen en juego en el proceso electoral se concentran en los lobbies y grupos de interés, que están bien organizados e informados. Por su parte, los costos se dispersan sobre el conjunto desorganizado y mal informado de la población y que constituye la masa crítica de votantes. En síntesis, se asiste a un proceso en el que un pequeño grupo concentra los beneficios en el corto plazo y que dispersa los costos en el largo plazo.
Por el contrario, una reflexión económica sólida y coherente permite entender cómo la economía de mercado logra invertir completamente esta ecuación. En una economía de mercado genuina lo que en verdad sucede es que los costos se concentran en el agente que toma las decisiones. Ello, además, permite que los beneficios se dispersen ampliamente a lo largo de todos los agentes económicos. Este es el modo como la economía de mercado ha alentado un proceso de prosperidad cada vez más generalizada. Además, se produce una concentración de los costos en las decisiones que se toman en el corto plazo y una dispersión de los beneficios en el largo plazo.
Por ejemplo, pensemos en cómo ha evolucionado el mercado de los teléfonos móviles. Los que tenemos mayor edad podemos recordar las dimensiones de los primeros modelos, que eran casi del tamaño de una cabeza. Actualmente su tamaño es muchísimo más pequeño. Además, en la medida en que su uso se extendió se produjo una paulatina disminución en los precios de venta. Al principio eran unos aparatos carísimos, casi prohibitivos, posteriormente pasaron a ser menos caros, siendo utilizados cada vez por más personas. Así es como funcionan los mercados. A eso me refiero cuando digo que una economía de mercado permite concentrar los costos en el corto plazo y dispersar los beneficios en el largo plazo.
En el juego de la política sucede exactamente lo contrario: concentra los beneficios en el corto plazo y dispersa los costos en el largo plazo. Se puede afirmar que una “buena” política entra en conflicto con una buena economía, y como sabemos, en Washington la política (y no la economía) es la moneda corriente. Lo que sucede entonces es que los políticos aplican las medidas económicas que permiten concentrar los beneficios y dispersar los costos. Las medidas que no son populares, aquellas que exigen de los políticos decisiones arduas, austeras y que impliquen un refreno de sus tendencias demagógicas, no suelen ser promovidas. Esta sería mi explicación frente a la situación actual.
K: De acuerdo a tu exposición se trata entonces de un problema endémico al sistema y no fruto de algunos malos políticos que lograron acceder a posiciones estratégicas, pero entonces ¿cómo se pueden cambiar las cosas?
B: Bueno, creo que lo que esto está poniendo en evidencia es que se deben cambiar las reglas de juego en la política. James Buchanan, mi mentor, tiene un escrito en el que explica que no son los mejores jugadores sino las mejores reglas las que hacen mejor un juego. Si queremos que haya un mejor juego en la política debemos ser capaces de crear reglas de juego que logren neutralizar la autoridad discrecional de los actores políticos. Cuando logremos hacer esto seremos capaces de tener un mejor escenario de juego en la vida política.
K: ¿Tienes alguna esperanza o confianza de que en algún momento lleguemos a una situación en la que esta visión que expones sea compartida por un número suficiente de ciudadanos, como para que la convicción de que hace falta algún tipo de cambio sea mayoritaria?
B: Creo que actualmente, debido a la crisis financiera, estamos en un momento especial y apasionante. Estamos ante una gran oportunidad porque creo que la crisis fiscal nos va a forzar –y con ello me refiero no sólo a la deuda del gobierno federal, sino también a la que se padece a nivel estatal y local– a que un día se produzca un proceso de sinceramiento en el que debamos reflexionar y plantearnos frontalmente qué tamaño y escala de gobierno queremos. Y creo que va a ser precisamente en ese contexto, cuando se discuta qué tamaño y alcance de gobierno queremos, en el que se pueda generar un espacio público para discutir acerca de las reglas de juego que necesitamos en la política. Debemos ser capaces de pensar unas reglas de juego políticas verdaderamente justas y equitativas en lugar de las que tenemos, y que hacen posible que unos pocos obtengan sus beneficios a expensas de otros.
[1] Senior Researcher, Instituto Acton Argentina.
[2] Boettke se refiere a la serie de extensas entrevistas semanales que realiza Russell Roberts a distintos economistas y que son accesibles en: http://www.econtalk.org/.
[3] Mucha información sobre los diversos economistas vinculados al Mercatus Center y a la George Mason University se puede encontrar en el portal del FEE – Foundation for Economic Education: http://www.youtube.com/user/feeseminars.
[4] Accesibles en: http://www.youtube.com/watch?v=QajILZ3S2RE.
Burbuja inmobiliaria en Ecuador
16 February, 2011 § 7 Comments
Ecuador está inflando su “burbujita” inmobiliaria, y los signos ya se han hecho manifiestos en Guayaquil, su capital económica. El precio de la vivienda ha subido hasta en un 30 por ciento. Eso es mucho, y solo sirve de signo de lo que está pasando en el resto del país. ¿Por qué? Porque el Gobierno sigue empeñado en crear ilusión de prosperidad, en el facilismo del gasto fiscal, en la misma receta que ha llevado al mundo a la recesión en la que se encuentra.
Según el diario Expreso, la subida de precios era ya fácilmente palpable hace meses, en junio de 2010.
…indagando en varias urbanizaciones la respuesta era general: las casas se revalorizan continuamente…
Para muestra un botón. Sambocity, ubicada en el kilómetro 12 de la vía Samborondón, ofrece 10 modelos de casas diferentes; sin embargo, en el modelo Cameron tiene a una de las más económicas.
Valorada en $ 41.900, su financiamiento propone el 30% de entrada ($ 12.570), que incluye el 10% de la reserva ($ 1.000), un bono de $ 5.000 del Miduvi y el resto a meses plazo. El otro 70% se tramita por medio de cualquier institución financiera. Pese a ello, al preguntarle al vendedor si en caso de que el cliente se decida a separarla a finales de año, la repuesta es que subiría de precio. “El alza es variable. Cada cuatro meses pueden subir 200 dólares, y anualmente hasta 2.000”, aseguró sin querer ser identificado.
El boom imobiliario que está sucediendo en Ecuador, se debe a la distorsión que el Estado está creando mediante su intervención masiva por medio de subsidios del otorgados por el Ministerio de Vivienda, y fundamentalmente por la concesión de crédito”artificialmente barato”, bajo el auspicio del Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social.
Otra noticia nos advierte que:
Los precios de las viviendas en Guayaquil y Samborondón, nuevas o de segunda mano, se han elevado en los últimos meses entre el 20% y el 30%, señalan corredores de bienes raíces consultados.
Consideran que uno de los factores principales que presionaron al alza los valores es el incremento del tope del crédito hipotecario del Banco del IESS (Biess), que pasó de $ 70 mil a $ 100 mil, en noviembre.
Dicha entidad, además, planea inyectar nada menos que 2700 millones de dólares de crédito en el sector durante el 2011.
¿Crédito “artificialmente” barato?
Primero, ¿qué quiere decir que un crédito sea “artificialmente barato”? Básicamente, que el tipo de interés no obedece a las condiciones del mercado, lo que llamaríamos “criterio económico” o naturales, sino a criterios políticos. Las tasas de interés son la forma como los consumidores expresan sus preferencias temporales. Una tasa de interés alta significa que los inversionistas quieren su dinero lo antes posible, que no están muy dispuesto a sacrificar su dinero por mucho tiempo, prefieren gastarlo en consumo, o inversiones de rentabilidad inmediata. Por el contrario, cuando las tasas de interés bajan, es porque las personas están dispuesta a sacrificar consumo inmediato, para invertir a largo plazo y recibir así una mayor gratificación. Significa, en otras palabras, que hay ahorro. Por ello llas instituciones financieras, más capitalizadas por este ahorro, empiezan a bajar las tasas de interés para atraer a los inversionistas en el largo plazo.
La explicación de todo este proceso es compleja, y merece mucho tiempo de estudio (y aburrimiento), pero un buen starter puede ser esta lección de economía, del profesor Huerta de Soto:
El tipo de interés le está diciendo a los emprendedores: no inviertas en producir bienes de consumo (ropa, televisores, vasos, etc.) que reportan ganancias inmediatas, sino que mejor usa ese dinero para producir bienes de capital cuyo proceso de producción es más largo (casas, fábricas, maquinaria agrícola) porque las personas están ahorrando en consumo inmediato, pensando en el futuro. Esto se da generalmente cuando hay confianza en el futuro de la economía. Esto tiene un efecto expansivo: constructoras contratan, proveedoras de insumos y servicios venden, etc.
Los constructores y demás inversionistas, obviamente, no pasan por todo ese argumento, simplemente ven tasas bajas de interés, y compradores dispuestos a gastar ese dinero “barato”. Lo mismo sucede con nosotros, el ciudadano común, que nos endeudamos a 30 años. Vemos dinero fácil, en nuestra mano, y lo tomamos. Los precios de todo suben, como pasó en Estados Unidos y España. Al comienzo, todos celebran, porque la plata rueda: compramos y vendemos.
¿Cuál es el problema?
El problema es que esta confianza se ve traicionada por la realidad, porque no existe una contracción en el consumo inmediato, y no existe tampoco ahorro. Lo que único existe es un tecnócrata ansioso por ver resultados, con capacidad de inyectar recursos públicos. Pero las personas que se endeudan no están ahorrando, ni tampoco cumplen los requisitos normalmente exigidos; cumplen eso sí los requisitos impuestos en un decreto o reglamento, que no obedece a criterios justicieros, no técnicos. Ese pequeño detalle, el del ahorro previo y la solvencia real del prestamista, no es problema para el tecnócrata, es simplemente una artimaña teórica de los defensores del “neoliberalismo“. Toda mejora, en tales términos, no necesita sacrificio previo, necesita un Estado generoso.
Estas ansias pueden ser muy loables y humanitarias, pero terminan causando estragos terribles. Además de todo lo anterior, el Gobierno le está diciendo a los bancos competidores que hagan lo mismo, si quieren sobrevivir. Y eso es exactamente lo que está pasando en Ecuador en estos momentos, según apunta El Universo:
Con el Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (Biess) compitiendo en el mercado de los hipotecarios, con una tasa que la redujo al 7,9% y con el anuncio de que analiza extender a 30 años el financiamiento, la banca prevé este año inyectar más recursos para no perder el ritmo de crecimiento en este segmento.
Y lo más grave es que la banca privada está siendo arrastrada, porque se ve impedida de competir en condiciones normales. Esto hace que la bola de nieve se haga más y más grande. El Gobierno verá promocionará esto como un logro, contento con el efecto inmediato. No dirá que su loable objetivo de hacer más accequible las casas es falso, porque el alza de precios que ocasiona, descompensa con creces los tipos de interés preferenciales que pagan los afiliados al IESS. Lo único que tienen es dinero en la mano más fácil, pero pagarán mucho más que antes por sus viviendas, bajo la falsa ilusión de que esta prosperidad seguirá para siempre, y podrán pagar sus cuotas.
Y el proceso inflacionario se expande a otros sectores de la economía, como ya es notorio de acuerdo con la prensa:
Materiales Tyrone Portero, directivo de Oglobsa, empresa de intermediación en la venta de bienes raíces, atribuye también al incremento del costo de la mano de obra y de los materiales de construcción, el alza de los precios de viviendas.
¿Culpa de los banqueros?
Sería fácil satanizar a los directivos de la banca, pero su posición los hace demasiado vulnerables a este tipo de presiones, aun si están conscientes de los peligros en el largo plazo. La lógica es la misma que viralizó el boom inmoviliario en Estados Unidos: si ellos lo hacen, nosotros también tenemos que hacerlo.Tienen accionistas detrás que no quieren historias sobre la tasas “artificiales”, que quieren que sus acciones rindan lo máximo posible, y si ven que el administrador de turno se está quedando atrás, por la causa que sea, simplemente lo reemplazarán. Y nadie quiere ser despedido. Ello pasa por ofrecer tasas de interés más bajas, para competir con un mastodonte como el IESS. Pero recordemos que todo esto no se debe al aumento del ahorro–causa natural–sino a la intervención de una autoridad política–causa artificial.
¿Ya ha pasado antes?
El Gobierno de Bush (no hay mucha diferencia entre neoconservadores y neosocialistas) cayó en la misma tentación populista de Correa para comprar simpatías. Primero, desde el 11-S, la Reserva Federal, bajo el mando de Greenspan, bajó “artificalmente” los tipos de interés, para que la economía siga pujante a pesar de la hecatombe terrorista. Por otra, parte inició un programa federal de aval de hipotecas para personas de escasos recursos. Es decir, el Gobierno americano dijo a los estadounidenses: ¿no eres solvente?, ¿no tienes para pagar una casa?, ¡ no importa!, yo te avalo, aquí tienes tu crédito. Ello lógicamente mandó una señal clara a los bancos: presten a quién sea, yo respondo. Bum: las hipotecas basura se multiplicaron como pulgas, y ya sabemos lo que pasó. Todo ello queda maravillosamente bien explicado en este vídeo:
Para quienes hemos vivido en España los últimos años del boom, y los primeros del crash, la historia parece repetirse en Ecuador, fielmente, como siguiendo un guión estricto. Y se parece en todo, porque también están aplicando políticas de regulación laboral demagógicas, aupadas con los malabarismos semánticos de siempre, medidas que han sumido a ese país en un callejón sin salida. El padre querendón del Estado gasta y gasta.
¿Y al final qué?
Un día nos enteramos que esas casas valen menos de lo que pensábamos, porque la subida fue el efecto inflacionista de una medida del Gobierno; nos enteramos que las personas que recibieron los préstamos no eran tan solventes, y ya no tienen cómo pagar; nos enteramos que tenemos miles de casas construidas que nadie quiere, millones tirados al agua en inversiones faraónicas. Comenzamos a despertar, y sentimos la resaca. Party is over. Resultado: bancos que quiebran, empresas que quiebran, personas endeudadas hasta la coronilla, desempleo, desaparece el crédito, acreedores internacionales en la puerta, etc. Debacle.
Si lo quieren la explicación teórica en versión hip-hop (la letra con rima, entra), no se pierdan este MC entre Hayek y Keynes, con subtítulos en español:
Lo malo es que esta ilusión creada no se disolverá hoy, ni mañana, sino dentro de dos, tres o seis años. Hasta los más realistas dudarán y se creerán la farsa, si esta se prolonga lo suficiente, si el precio del petróleo y la generosidad de los prestatarios (China, etc.) lo permiten. Pero la lógica económica se sale con la suya siempre, y espera el momento más inoportuno para aguar esas fiestas a las que no la invitan. Los pocos que se atrevieron a prevenir la presente crisis económica eran vistos como bichos raros, ridiculizados, cuando la música sonaba:
Pero la culpa, al final, sin ninguna duda, la tendrá el neoliberalismo y los pérfidos capitalistas; y la solución aportada será más Gobierno, más interferencia en la libertad económica. La historia absolverá a todos esos profetas mesiánicos del estatismo que sólo sirven de lastre al desarrollo. Así es el cíclico Macondo, así somos.
La gran burbuja de la deuda del 2011
31 January, 2011 § 1 Comment
Por Johan Norberg, académico asociado del Cato Institute y autor del libro In Defense of Global Capitalism (Cato Institute, 2003), traducido y publicado por elcato.org.
“Lo peor de la tormenta ha pasado”, declaró Barack Obama a principios del año pasado. Por su parte, Gordon Brown aseguró a Gran Bretaña que las especulaciones sobre tiempos difíciles venideros “simplemente no eran ciertas”. Ambos hablaron de cuán determinados estaban en sanear sus economías, pero no pareció importarles utilizar las mismas técnicas que crearon la burbuja anterior. El rescate a los bancos y los enormes paquetes de estímulo sí han logrado que prestemos, gastemos y especulemos nuevamente. Las tasas de interés de los bancos han caído a niveles históricamente bajos, brindando crédito barato a los mercados de bienes raíces y financieros. El ánimo en este año es de optimismo cauto. Todo sería tranquilizador, si solo no fuese tan inquietantemente similar al pasado reciente.
En el 2003, luego de que el estallido de la “burbuja punto.com” y los ataques del 11 de septiembre sumieron a EE.UU. en una recesión, todos querían que continuara la fiesta de consumo financiada con deuda. No es que lo hayan dicho de esta manera. Se usaron eufemismos, así como sucede ahora: debería haber “respaldo” estatal, un toque de Keynes. El Premio Nobel de economía Paul Krugman le pidió a Alan Greenspan “crear una burbuja inmobiliaria para reemplazar la burbuja de [la bolsa de valores] Nasdaq”. El titular de la Reserva Federal le hizo caso, recortando las tasas de interés a niveles históricamente bajos. En Gran Bretaña, las tasas de interés base se redujeron en un 50% entre 2000 y 2003. El dinero era lo suficientemente barato como para que todos prestaran de nuevo y volvieran al mercado. Los precios de las viviendas se dispararon. Todo esto parecía ser prosperidad. Las burbujas muchas veces aparentan serlo.
Nada es más peligroso que una idea cuando esa es la única que usted tiene. Hay un amplio consenso de que la crisis financiera del 2007 fue al menos en parte el resultado de tasas de interés históricamente bajas, gigantescos déficits y consumo de gran escala financiado con crédito. Hoy, los gobiernos alrededor del mundo están intentando resolver la crisis mediante tasas de interés históricamente bajas, gigantescos déficits y consumo de gran escala financiado con crédito. En esta ocasión, también están utilizando medios más novedosos de crear dinero fácil: rescates a los bancos, paquetes de estímulo y relajamiento cuantitativo. Una vez más, ha producido resultados: las compras navideñas fueron abundantes. Pero nadie ha preguntando cuántas de esas cuentas de compras navideñas fueron pagadas con dinero prestado.
A pesar de todo lo que se habla de austeridad, los gobiernos alrededor del mundo planean pasar el 2011 y más allá endeudándose como locos. Los países ricos del mundo han aumentado su deuda en alrededor de un 50% durante los últimos tres años, de acuerdo al FMI. Tales estadísticas muchas veces podrían parecer insignificantes, pero durante la campaña para las elecciones generales en el Reino Unido, David Cameron encontró una manera de hacerlas reales. Él develó un póster que decía que un bebe nacido hoy debería 17.000 libras ($26.334) solo en deuda pública. De acuerdo a sus propios cálculos, esa carga aumentará a 21.000 libras ($32.536) dentro de cuatro años. Menos de lo que habría sido sin los recortes de gasto implementados por su gobierno, seguramente, pero una cifra impresionante de todas maneras.
Todos los gobiernos apuestan a que podrán seguir pidiendo prestado tales cantidades de dinero a tasas muy bajas. Pero puede ser que los mercados tengan otros planes. Veamos la evolución de esta crisis. El colapso se dio porque los hogares consumieron demasiado, transfiriendo sus deudas a los bancos. Los bancos endosaron estas deudas a los gobiernos y, como vimos con Irlanda, incluso los gobiernos podrían tener problemas con saldarlas. Por ende, están transfiriendo sus deudas a la Unión Europea. Pero, ¿a quién le endosará la UE estas deudas cuando su tarjeta de crédito llegue a su límite?
Grecia e Irlanda no solamente no tienen liquidez, sino que además son insolventes —y nada se resuelve asumiendo préstamos nuevos y más grandes cuando ni siquiera pueden pagar los anteriores. Si Irlanda o Grecia incumplen con el pago de su deuda, forzando a los acreedores a sufrir profundas pérdidas, los mercados se podrían asustar y esto podría ser la gota que derrame el vaso.
Los mercados le están prestando miles de millones a España (e Italia, Bélgica, tal vez también a Francia) porque los inversionistas suponen que, mientras que los países en sí podrían estar en bancarrota, alguien más garantiza la inversión. Estoy seguro que yo no fui el único al que su banco le dijo que era seguro invertir en deuda de la periferia de Europa (Irlanda, por ejemplo) ya que la UE siempre intervendría en lugar de permitir que estos quiebren. Los mercados de bonos soberanos entraron en pánico cuando Angela Merkel sugirió que los inversionistas algún día tendrían que asumir sus propias pérdidas.
Si empiezan las moras de pago —o si se le ocurre a los mercados que el Fondo de Estabilidad Financiera de la Unión Europea no tiene ni la mitad de lo que se requeriría para salvar a España, la novena economía más grande del mundo— entonces los inversionistas podrían darse a la fuga. Y esto, para David Cameron y George Osborne, produciría algunas sorpresas profundamente desagradables. ¿Qué les pasaría a los bancos ingleses que han prestado más de $110.000 millones a España, o a los bancos franceses que le prestaron $162.000 millones o a los alemanes que le prestaron $182.000 millones?
Este año está lleno de riesgos para las naciones más endeudadas de Europa. Los bancos españoles ya están muy frágiles e —incluso en la mejor de las circunstancias— necesitan pedir prestado unos impresionantes $111.000 millones este año. Cualquiera que les preste este dinero podría detenerse a reflexionar que su exposición a Portugal, probablemente la próxima pieza en caer, es de casi $80.000 millones. Para pagar deudas viejas, necesitan encontrar nuevos acreedores. Desde mayo a junio, el gobierno de Portugal debe pedir prestado $10.000 millones a los mercados para sobrevivir. Durante esos mismos meses, España necesita más de $15.000 millones, incluso si no incurre en un solo euro de déficit durante este año.
Tomando en cuenta esto, el 2011 se ve tan horrible como el 2008. Nuevamente los bancos están haciendo agua, esperando poder seguir pidiendo prestado —e intentando echar mano a la mayor cantidad posible de capital para cubrir sus pérdidas. Aún así su riesgo es el mismo que la última vez. Hemos visto lo nerviosos que se pueden poner los mercados mundiales y lo perjudiciales que pueden ser las consecuencias. Solo se necesitó que colapsara un banco importante —Lehman Brothers— para que los mercados mundiales se asustaran tanto que evitaron prestarle a cualquiera. En ese entonces, fueron los bancos los que cayeron como fichas de dominó. La próxima vez, podrían ser los estados.
El paquete de “estímulo” de Barack Obama (nombrado por sus intenciones, más no por sus resultados) se basa en su creencia de que EE.UU. podrá seguir pidiendo prestado cuánto desee debido al estatus del dólar como moneda de reserva mundial. Pero conforme EE.UU. continúe con su relajamiento cuantitativo —esto es, imprimiendo dinero— el dólar podría dejar de parecer una inversión tan segura. Las percepciones pueden cambiar rápidamente, especialmente para EE.UU., país que tiene que renovar alrededor de la mitad de su gigantesca deuda nacional cada año. Durante los últimos seis meses, el Tesoro de EE.UU. ha tenido que aumentar a 3,5% el interés que paga sobre sus bonos a 10 años —un punto porcentual entero por encima de lo que pagaba este verano. Si el costo de prestar del Tío Sam continúa subiendo a este ritmo (España está pagando 5,5% e Irlanda 8,5%), el déficit de EE.UU. empezará a verse como un agujero negro.
A estas alturas, es común decir: gracias a Dios por esas economías dinámicas en el Este Asiático, India y Brasil. Pero, ¿qué tan real es su impresionante crecimiento? Observémoslo detenidamente e incluso esto podría ser en parte el resultado de un estímulo artificial. El crecimiento de la India y de Brasil está financiado con capital golondrina del extranjero: dinero que podría desaparecer de la noche a la mañana. El dinero fácil siempre termina en algún lugar. La última vez fue en bienes raíces, esta vez en los mercados emergentes (y muchas veces en los mercados de bienes raíces de los mercados emergentes).
La riqueza y las perspectivas de China deslumbran a un Occidente enterrado en deuda. “Dinero, dinero en todas partes”, dijo el economista de Pekín Patrick Chovenec en un reciente análisis de China. “Llena de carros lujosos, condominios y joyas caras, los chinos están disfrutando de lo que parece ser una bonanza sin fin”. Los precios de los bienes raíces de lujo en algunas de las ciudades más ricas se han casi duplicado en dos años. Los precios en el mundo financiero también están aumentando, provocando que el gobierno apriete los frenos.
En realidad, esto no es el resultado de mejores perspectivas económicas sino de un shock monetario. Dejando a un lado los flujos entrantes de capital extranjero, China tuvo su propio paquete de estímulo, tan grande como el de EE.UU. Pekín ha impreso yuanes y presionado a los bancos y gobiernos locales para que gasten como keynesianos borrachos. De manera absurda, la oferta de dinero en China ahora es más grande incluso que aquella de EE.UU., aún cuando su economía tiene un tercio de su tamaño. Podemos ver los resultados de este estímulo en los precios en la bolsa de valores y en los nuevos puentes, carreteras y complejos residenciales a lo largo de todo el país.
No es que alguien quiera usar esas carreteras o vivir en esos edificios. En agosto, la empresa más importante de energía en China reportó que una cantidad asombrosa de 65,4 millones de residencias no han consumido electricidad alguna durante los últimos seis meses —una señal confiable de que estas siguen vacías. Ahora hay ciudades fantasma, como la nueva Ordos al norte de China, donde decenas de miles de edificios permanecen vacíos. Y aún así los precios de las viviendas en Ordos se han duplicados durante los últimos tres años. Esto no se debe a la demanda popular, sino a pura especulación. En algunos lugares, se habla de China como si fuese la última esperanza que tiene la economía mundial. Pero podría ser la próxima burbuja en explotar.
En la película original de Superman, el héroe rescata a Lois Lane cuando ella se cae de un rascacielos. “No se preocupe, señora, yo la salvo”, dice él en el aire. “¿Usted me salva? ¿Quién lo salva a usted?”, responde ella. Esta es la pregunta que nadie se está haciendo ahora. Si China nos está prestando a nosotros, ¿quién le está prestando a China? Si los gobiernos están salvando a los bancos, ¿quién salvará a los gobiernos? Si la Unión Europea está ofreciendo una red de seguridad, ¿quién estará ahí para rescatar a la UE? Hay otras preguntas que no se están haciendo: ¿qué país, en la historia económica reciente, ha salido exitosamente de una crisis mediante préstamos? ¿Por qué funcionaría ahora? ¿Cómo podemos justificar que carguemos a la siguiente generación con una deuda de esta magnitud?
“El problema con el socialismo”, dijo una vez Margaret Thatcher, “es que eventualmente a usted se le acaba el dinero de los demás”. Esta vez es peor: estamos quedándonos sin el dinero de nuestros hijos y nietos. Estamos asumiendo que tendremos una oferta sin fin de dinero prestado y no tenemos un plan de respaldo si esta oferta se detiene. La situación podría parecer segura en este momento. Todavía podemos pedir prestado fácilmente de los mercados internacionales. También lo podía hacer Lehman Brothers el 12 de septiembre del 2008 —el día antes de que el banco colapsara.
Soy un optimista por naturaleza. Cada generación parece cometer terribles errores y aún así hemos logrado crear la civilización más rica de la historia —entonces es bastante probable que también logremos salir de esta crisis financiera. A largo plazo. Pero nuestra dependencia en el endeudamiento solo puede hacer que ese largo plazo sea incluso más largo.
Este artículo fue publicado originalmente en The Spectator (Reino Unido) el 1 de enero de 2011.