Ecuador: el ‘reality’ bananero
2 March, 2012 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo C. Follow @apariciocc
Original publicado en LibertadDigital.com.
El juicio de Rafael Correa contra El Universo ha sido una maratón del absurdo. Un circo romano posmoderno. Luego de que obtuvo el fallo definitivo en su favor, el César andino se tomó una semana para decidir si bajaba el pulgar, o lo subía. Estaba atrapado. La opinión del mundo entero se puso en su contra, y sabía que no podía seguir con un proceso que violaba las más mínimas pautas del sentido común. No hace falta ser un académico para percatarse de que una condena por injuria a tres años de cárcel y cuarenta millones de dólares, contra el autor de un artículo y los directivos del diario, está fuera de toda proporción conocida. Al final, el mashi (“compañero”, en quechua, como le gusta que le digan) decidió perdonar y pedir al juez que archive la sentencia.
Si tan solo hubieran guardado las formas, quizá se habría salido con la suya. Pero el despropósito fue demasiado burdo. Se pegó un tiro en el propio pie, e intentó salir caminando, para que lo aplauda la galería, aunque ya fuese tarde para recomponer su imagen exterior.
Así termina la primera temporada de un reality show que empezó el 30 de septiembre de 2010. Ese día, una protesta policial se convirtió en una crisis nacional gracias a la imprudencia de Correa. En una de sus recurrentes rabietas, al presidente no se le ocurrió nada mejor que meterse en medio de un cuartel de policía alzado en huelga. Al ver que los reclamantes seguían increpándolo, perdió los cabales en medio de gestos ridículos, cursis y desafiantes. La situación se descontroló, y Correa tuvo que alojarse en un hospital aledaño. Ahí se mantuvo, sitiado por los manifestantes. A pesar del “secuestro”, pudo decretar la censura de todos los medios privados, ordenándoles que se conecten a la señal del canal del Gobierno, y pudo también recibir la visita continua de sus colaboradores. Ocho muertos hubo en el país ese día, dos de ellos en la operación de rescate ejecutada para salvarlo.
Desde ese momento, las hordas propagandísticas del gobierno aprovecharon para empezar una caza de brujas mediática contra todo lo que se moviese. Intentaron vender la disparatada tesis de un intento de golpe de Estado. Culparon a la “extrema derecha”, a los orcos neoliberales, a los medios privados, a los partidos de la oposición, y hasta al chupacabras. Pero no fueron capaces de probar nada, hasta el día de hoy. Metieron en la cárcel a algunos policías insurrectos, calumniaron de “golpistas” a todo aquel que los criticó. Los enlaces televisivos de Correa se trasformaron desde entonces en una feria de elucubraciones, deshonras e insultos. Él decía que demandaba como ciudadano, no como presidente (sí, así de alucinante era la situación).
Un día el director de opinión de El Universo, Emilio Palacio, escribió un artículo ciertamente subido de tono, donde sugería que Rafael Correa había ordenador disparar a civiles para rescatarlo, cometiendo así un crimen de lesa humanidad. Aprovecharon el escrito y agarraron a su responsable como chivo expiatorio. Y ahí comenzó un juicio surrealista, lleno de irregularidades. El Gobierno no escatimó recursos en difamar día y noche a todo aquel que osó criticar su actitud. El proceso fue una parodia propia de Chaplin.
Y todo esto pasa mientras Ecuador se sumerge en el tribalismo económico más anacrónico. La carga tributaria ha subido sustancialmente. El gasto público llega a niveles históricos; de hecho, es de los más altos de América Latina en relación al PIB. La política arancelaria ha optado por el ostracismo, premiando la falta de competitividad de los empresarios locales. Se reparten puestos con buenos sueldos en una maraña creciente de agencias burocráticas. Se otorgan subsidios por todas partes. Ya ni el dinero del petróleo alcanza, y hay que pedir prestado. Casi no queda ámbito de la vida que no esté sujeto a regulación. La empresa privada se contrae, y solo se expande en aquellos sectores dependientes del leviatán estatal.
Como lo certifica la propia CEPAL, la inversión extranjera huye en estampida, a contracorriente de lo que sucede en Colombia, Uruguay, Brasil, Chile o Perú. La pobreza ha disminuido, sí, pero lo mismo ha pasado en el resto de la región. La diferencia es que Ecuador no aprovecha la racha y erosiona las bases de su prosperidad en el largo plazo, con las mismas recetas mesiánicas que lastraron el crecimiento del continente en el pasado. Esto se corroboró recientemente con el informe Panorama de Inversión Española en Latinoamérica 2012, el cual señaló el optimismo de los empresarios ibéricos con relación al futuro de América Latina, con la excepción de Ecuador, Bolivia y Venezuela, “mercados que suscitan más dudas en cuanto a su evolución económica”. Me pregunto qué tendrán en común estos tres.
Pero mientras la fiesta sigue y el dinero ajeno rueda, los votos se compran con subsidios. Además, muchos empresarios locales están muy cómodos con los contratos públicos millonarios y los aranceles proteccionistas adoptados. Y si el precio del petróleo lo permite, esto no tiene por qué acabar pronto.
El Universo fue uno más de muchos chivos expiatorios que han servido para avivar a las masas contra el “gran capital”, en términos del mashi. El pueblo quiere sangre (de la prensa, de los ricos, de la oposición, de quien sea), y mira el espectáculo con morbo guillotinesco. Correa sabía que tenía la opción de teatralizar con un perdón público. El mashi magnánimo, cómo no. Y así lo hizo. Y en esta estamos, ha
Sobre la ridícula persecusión a El Universo
29 January, 2012 § 1 Comment
Por Aparicio Caicedo C.
Estaba leyendo un artículo de Glenn Greewald, en la revista americana Salon, y de repente me saltó un párrafo lapidario en el que tacha a Obama hasta de asesino de niños. El artículo me recordó el absoluto y surrealista absurdo que están viviendo Emilio Palacio y los dueños de El Universo en Ecuador, donde un presidente está movilizando todo el poder estatal disponible para difamarlos, sentenciarlos a una millonaria indemnización, y encima enviarlos a la cárcel. Todo por un artículo que en Estados Unidos no llegaría ni a categoría de “polémico”.
Lean esta parte del texto de Greenwald en Salon:
El presidente Obama mantiene atroces opiniones es un montón de cuestiones críticas y ha hecho él mismo algunas cosas atroces con el poder que le ha sido conferido. Ha masacrado civiles–niños musulmanes por docenas–no solo una o dos veces, sino de manera contínua en numerosas naciones con aviones no tripulados, bombas de racimo y otras formas de ataque… Él ha institucionalizado los poderes del Presidente–en secreto y sin control–para señalar civiles americanos para ser asesinados pro la CIA, lejos de cualquier campo de batalla…
Nótese que Greenwald acusa, con nombres y apellidos, al presidente Obama de nada menos que matar niños y ordenar el asesinatos de civiles americanos fuera del campo de combate.
Ahora lean la parte “polémica” del artículo “No más mentiras”, de Emilio Palacio, y verán que la acusación supuesta es una nimiedad, comparada con la del escrito de Salon:
El Dictador debería recordar, por último, y esto es muy importante, que con el indulto, en el futuro, un nuevo presidente, quizás enemigo suyo, podría llevarlo ante una corte penal por haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente.
Cualquier americano promedio se reiría ante la sola posibilidad de que Obama considere demandar a Greenwald o, peor aún, a los directores de Salon, pidiendo una indemnización millonaria y años de cárcel. Se reirían ante algún baboso que diga: sí, quizá las persecusión judicial haya ido muy lejos, pero era un límite necesario ante los “abusos” a la prensa, y la revista debería bajar la guardia y pedir perdón o rectificar.
Los dueños de El Universo, o Emilio Palacio, no tienen obligación ni moral ni jurídica de pedir perdón o rectificar nada. Absolutamente. Es el Presidente del Ecuador el que debe ofrecer disculpas públicas por haber montado este circo inquisitorial con la plata de los demás. Punto.
Estado de Propaganda
6 October, 2011 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com
Original publicado en el diario El Universo (Ecuador).
Ecuador, durante el último año, se ha convertido en un Estado de Propaganda. La política nacional se ha transformado en un reality show producido y dirigido por la Secom. Se han esforzado mucho, sin escatimar con el dinero público, y han tenido relativo éxito. Pero han fallado en el principal objetivo de su masiva campaña publicitaria.
El márquetin oficialista ha promovido distintos “productos” a lo largo de estos años. Algunos de ellos se han vendido bien. Han logrado vender como pan caliente, por ejemplo, las leyendas negras acerca de los medios como parte de una confabulación del “capital”. No me sorprende tanto, porque durante los días de la crisis bancaria sí que vimos un manejo inescrupuloso de algunos medios privados vinculados a la banca (que hoy, valga recordar, se encuentran bajo el absoluto control del Gobierno). Es normal que seamos presa del resentimiento ante ese recuerdo, y optemos por el facilismo argumentativo de generalizaciones absurdas, alimentadas por un ejército de cheerleaders a sueldo.
El equipo del Mashi cuenta con un abultado presupuesto que le permite contratar la mejor asesoría para perfeccionar sus técnicas. Solo unos cuantos ejemplos recientes: en agosto del presente año, el experto colombiano en nuevas tecnologías de la información, Germán Escorcia Saldarriaga, recibió 38 mil dólares por una consultoría en “institucionalidad ejecutiva”; otro recibió 42 mil, etcétera. El mismo mes se contrató a una empresa de comunicación, por un monto de 498 mil dólares, para promocionar una iniciativa concreta del Gobierno. Por otra parte, una asesora recibió 46 mil dólares por aconsejar mejores mañas de “propaganda gubernamental”. Y esto sin mencionar la compra constante de tecnología de punta y demás.
¿Quién más tiene una bolsa de gasto sin fondo, financiada con dinero ajeno?, ¿quién más puede darse el lujo de rellenar su arsenal propagandístico sin preocuparse por sus balances de pérdidas y ganancias?
Sin embargo, paradójicamente, lo único que no han podido vender es su producto estrella del año: la disparatada tesis del intento de golpe de Estado, el cacareado 30-S. Simplemente, un año después, su teoría no encaja. Y eso que lo intentan todo: logo, banda sonora, documentales a medida, conciertos, mentiras, pancartas, vigilias, marchas con antorchas, publicidad, vallas gigantes, enlaces sabatinos, redes sociales, periodistas, artistas y geeks a sueldo, etcétera. Solo falta que saquen el videojuego, o la película (subsidiada por el Ministerio de Cultura, claro).
Ecuador hoy vive un Estado de Propaganda, no de opinión, y menos de Derecho. Es la Casa del Gran Mashi. Todo un equipo de producción trabajando a tiempo completo. Su eslogan es uno solo: the show must go on. El dinero no es problema, el contribuyente paga la cuenta. Lo importante es mantener el grado de tensión siempre alto. Por la pantalla desfilan jueces hiperactivos, funcionarios complacientes, abogados figuretis, ministros dóciles, todos con guiones detalladamente preparados. El único que puede nominar a los expulsados del juego es el Gran Mashi, y lo hace con frecuencia, para conservar el elevado rating.
Le cedo la conclusión al siempre sabio Camus (El Hombre Rebelde): “El Estado se identifica… con el conjunto de mecanismos de conquista y de represión. La conquista dirigida hacia el interior del país se llama propaganda (el primer paso hacia el infierno…) o represión”.
El Tribunal Europeo de DDHH indemnizaría a El Universo
28 September, 2011 § Leave a Comment
Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com Follow @apariciocc
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos acaba de ratificar una sentencia en la que ordena que el Estado español indemnice a Arnaldo Otegi (político vasco del entorno de la banda terrorista ETA) con 23 mi euros por haber sido condenado por la justicia española a una pena desproporcionada, dentro de un juicio de injurias graves.
La justicia española condenó a Otegi a un año de prisión por delito de injurias graves contra el Rey (delito cuya mera existencia es cuestionada, con razón, por el TEDH). Nótese además que la sentencia nunca llegó a aplicarse, pero lo indemnizan por el solo daño que significa haber sido condenado de esa forma.
Mientras, la adelantada justicia ecuatoriana condena por un delito similar a los directivos del diario EL Universo (que lo único que ha derramado es tinta) no solo a tres años de prisión sino que también a 40 millones de dólares en indemnización, creando así una especie de “superdelito de injurias contra el cacique mesiánico de turno”.
Leyendo la sentencia del Tribunal Europeo, no me queda duda de que este daría una generosa indemnización a El Universo y a Emilio Palacio, solo por todo el daño inferido hasta el momento por una decisión judicial mucho más disparatada que la pena impuesta por los jueces españoles.
Esto fue lo que había dicho por Otegui, para que comparen con lo escrito por Emilio Palacio:
“¿Cómo es posible que se fotografíen hoy en día en Bilbao con el Rey español, cuando el Rey español es el jefe máximo del Ejército español, es decir, el responsable de los torturadores y que ampara la tortura y que impone su régimen monárquico a nuestro pueblo mediante la tortura y la violencia?”
Lo que me pareció más interesante de la sentencia del Tribunal Europeo de DDHH es esto (léanlo, está clarísimo y es plenamente aplicable al caso de El Universo):
50. …los límites de la crítica admisible son más amplios respecto a un hombre político, contemplado en este carácter, que los de un particular: a diferencia del segundo, el primero se expone inevitable y conscientemente a un control atento de sus hechos y gestos tanto por los periodistas como por el conjunto de los ciudadanos; debe, por lo tanto, mostrar una mayor tolerancia (Lingens, antes citado, § 42, Vacío Aizsardzības Klubs c. Letonia, n 57829/00, § 40, 27 de mayo de 2004, y Lopes Gomas DA Silva c. Portugal, n 37698/97, § 30, CEDDH 2000 ‑ X). Tiene ciertamente derecho a ver protegida su reputación, incluso fuera del marco de su vida privada, pero los imperativos de esta protección deben ponderarse con los intereses del libre debate de las cuestiones políticas, las excepciones a la libertad de expresión requieren una interpretación restrictiva (véase, en particular, Pakdemirli, antes citado, § 45, y Artun y Güvener c. Turquía, nº 75510/01, § 26, 26 y de junio de 2007).
54.Examinando las manifestaciones en sí mismas, el Tribunal admite que las expresiones utilizadas por el demandante pudieron ser consideradas como provocativas. Sin embargo, si bien es cierto que todo individuo que se compromete en un debate público de interés general, como el demandante en este caso, no debe superar algunos límites, en particular, el respeto de la reputación y los derechos de otros, le está permitido recurrir a una determinada dosis de exageración, o incluso de provocación, es decir, de ser un tanto inmoderado en sus observaciones (Mamère, precitada, § 25). El Tribunal observa que si algunos términos del discurso del demandante describen un cuadro muy negativo del Rey como institución y dan así al relato una connotación hostil, no incitan sin embargo a la violencia, y no se trata de un discurso de odio, lo que a los ojos del Tribunal es el elemento esencial que debe tenerse en cuenta (véase, a contrario, Sürek c. Turquía(n 1) [GC], n 26682/95, § 62, CEDDH 1999 ‑ IV). Por lo demás, tiene en cuenta que ni los órganos jurisdiccionales internos ni el Gobierno justificaron la condena del demandante hablando de la incitación a la violencia o discurso de odio.
60. Nada en las circunstancias del presente caso, donde las afirmaciones controvertidas se hicieron en el contexto de un debate sobre una cuestión que presentaba un interés público legítimo, podía justificar la imposición de una pena de prisión. Por su propia naturaleza, tal sanción produce inevitablemente un efecto disuasorio, a pesar del hecho de que se haya suspendido la ejecución de la pena del demandante. Si tal medida pudo aliviar la situación del demandante, no borra sin embargo su condena ni las repercusiones duraderas de toda inscripción en el registro de antecedentes penales (véase, mutatis mutandis, Artun y Güvener, antes citados, § 33, y Martchenko c. Ucrania, nº 4063/04, § 52, 19 de febrero de 2009).
Qué suerte que tiene el Mashi, y qué ‘buenos’ abogados.
Otegi, un ser humano despreciable perteneciente a un entorno de criminales llamado ETA, logra una indemnización por una sentencia ilegítima mucho menos absurda que la del juez Paredes.
Pero, en el Ecuador de Correa, un periodista y los dueños de El Universo, en cambio, reciben sentencia draconiana de un sistema de justicia macondesco, por el solo hecho de criticar en duros términos al presidente. Qué diferencia.
A ver qué dicen los jueces de la Corte Interamericana.
Vídeo: una lección de Derecho para Mashi
18 September, 2011 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com
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Una auténtica lección de Derecho y, más aún, de sentido común, fue lo que dio Joffre Campaña al Presidente del Ecuador, Rafael Correa (a quien le gusta que le digan “mashi”). Este vídeo recoge uno de los mejores momentos de la audiencia de apelación de la sentencia contra el diario El Universo, por una falsa injuria contra el Presi. Dicha sentencia condenó al autor de un artículo y directivos del diario a tres años de cárcel y 40 millones de dólares en indemnización por un artículo de opinión. Sí, así es.
Si leen el párrafo que origina la acusación de injuria, y todo lo demás, pensarán que todo es un guión escrito por el mismísimo Kafka. Aquí va, recomiendo discreción si hay menores presentes:
El Dictador debería recordar, por último, y esto es muy importante, que con el indulto, en el futuro, un nuevo presidente, quizás enemigo suyo, podría llevarlo ante una corte penal por haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente
Sí, aunque no lo crean, así es, como se los cuento.
Los dejo con el vídeo, vale la pena, para que vean lo que pueden hacer unos abogados turros con un cliente poderoso que sí que ha sufrido una metamorfosis kafkiana en el Gobierno.
Entre “desear” e “imponer”: respuesta a Ricardo Tello
9 April, 2011 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com
Hace pocos días, el columnista del El Universo, Ricardo Tello Carrión, en su artículo “Por qué SÍ, por que NO“, daba sus razones para votar “sí” a la tercera pregunta de la Consulta Popular planteada por el Gobierno del Ecuador, por la que se limitaría radicalmente la libertad económica de directivos, accionistas y dueños de empresas privadas de comunicación y financieras. Tello basa sus argumentos, según el mismo dice, en las tesis del libro Gestión de empresas periodísticas, editado por el SIP, y escrito por Carlos Jornet. El problema es que dicho autor no está de acuerdo con él.
Señaló en su columna de El Universo, citando repetidamente a Jornet:
Entendiendo la función social que tienen los medios, es “digerible” la intención de que no existan conflictos de interés en el interior de las empresas periodísticas, como es deseable también que no haya tales conflictos dentro de los medios públicos.
Al contrario de lo que argumentan quienes impulsan el NO a la pregunta 3, la periodística no es una empresa como cualquier otra. Tiene sus particularidades: a más de los objetivos comerciales, lícitos, “exhiben un carácter ideológico y de formación de opinión pública”. A nadie interesaría el carácter ideológico del propietario de una empresa de zapatos –perdón si el ejemplo es prosaico– pero el de una empresa periodística sí, por razones y conclusiones que no las voy a nombrar por evidentes.
Además, los trabajadores de los medios de comunicación establecen una especial relación con el poder: “conviven con él, se mimetizan y muchas veces se dejan atrapar por sus redes”, dice Jornet.
Las empresas periodísticas están expuestas al “riesgo cotidiano de errores con consecuencias para terceros”, lo que eleva el nivel de estrés de los empleados e implican un riesgo profesional específico.
Pero Jornet, director del diario argentino La Voz del Interior, y autor del libro citado, no está de acuerdo con las conclusiones a las que llega Tello. Se lo he preguntado. Esto es lo que respondió:
En mi trabajo aludo, sí, a que los medios de difusión tienen objetivos comerciales y un carácter ideológico o de opinión y señalo que el periodismo tiene un alto poder de formación de la opinión pública, de liderazgo social. Por ello, hablo de la doble responsabilidad que las empresas de comunicación deben practicar ante la sociedad, una suerte de responsabilidad social empresaria agravada.
Más adelante, señalo que la enorme influencia que los medios tienen sobre la sociedad, en especial a partir de la formación de grandes conglomerados multimedia, genera también reacciones negativas, crecientes exigencias de transparencia en su accionar y desarrollo de mecanismos de autocontrol o de control social que acoten ese impacto. Pero a renglón seguido subrayo que ello debe lograrse sin limitar las libertades de prensa y de expresión.
Y más adelante, en la página 72 del libro, hago notar que en la mayoría de los países existen restricciones para legislar normas de regulación de la prensa, tras lo cual apunto: Es que abrir la posibilidad de limitar la libertad de prensa suele ser el primer paso para instaurar regímenes autoritarios.
Es decir, tanto en el libro aludido como en otros escritos y en toda mi actividad profesional he defendido con igual énfasis la necesidad de un manejo responsable de los medios como la de preservar su independencia ante los poderes políticos, para no dar lugar a restricciones que, bajo el presunto propósito de defender a la sociedad, terminen avalando o permitiendo regímenes dictatoriales. Justamente acabo de regresar de Caracas, donde pude apreciar in situ el clima de confrontación social y de sofocación de libertades implantado por el gobierno de Hugo Chávez, que comenzó “regulando” la labor de la prensa para “garantizar” que la información fuera “verídica”.
Si el comentarista hubiera seguido la lectura del libro hasta la página 256, hubiera leído allí la reproducción del Acta de Chapultepec, adoptada por la Conferencia Hemisférica sobre Libertad de Expresión celebrada en México D.F. el 11 de marzo de 1994. Ésta dice: Sólo mediante la libre expresión y circulación de las ideas ( ) es posible mantener una sociedad libre.
Sin medios independientes agrega, sin garantías para su funcionamiento libre, sin autonomía en su toma de decisiones y sin seguridades para el ejercicio pleno de ella, no será posible la práctica de la libertad de expresión. Prensa libre es sinónimo de expresión libre.
Y destaca: Cuando con el pretexto de cualesquiera objetivos se cercena la libertad de prensa, desaparecen las demás libertades.
Creo que Tello escribe con sinceridad, y no obedece a ningún interés partidista, y hasta donde sé no recibe salario ni beneficio del Gobierno de Correa. Pero me llamó mucho la atención su artículo, y creí que era necesario aclarar, porque este es un error muy común que se comete en el debate. Una cosa es que se considere que, para asegurar parámetros éticos adecuados, las empresas de comunicación deban seguir voluntariamente ciertas estructuras de gobierno y capital corporativo que no comprometan su independencia–lo que defiende inteligentemente Jornet. Eso es un tema sobre el que hay mucho escrito, y es un asunto de debate en escuelas de comunicación y de administración, dada la especiales necesidades del ámbito mediático. Otra cosa muy distinta es saltarse un largo recorrido lógico, y pasar de un buen deseo, en términos éticos, a justificar una imposición pura y dura de nuestra opiniones por medios estatales, tomando por justos los juicios y prejuicios de la mayoría, aupada en campañas oficiales de revanchismo guillotinesco. Lo “deseable” deja de serlo el momento que se logra a costa de la libertad de los demás.
Lo público/sagrado y lo privado/hereje en Ecuador
19 November, 2010 § 2 Comments
Que el Gobierno ecuatoriano esté nervioso con la campaña de recolección de firmas iniciada por el antiguo periodista Carlos Vera, no me extraña. Es lógico, cualquier tartufócrata estaría preocupado por una persona que lo quiere sacar del puesto. No debe sorprender a nadie el numerito de la tartufoministra pidiéndole información al diario El Universo, en un ejercicio interpretativo bastante alegre de la legislación de trasparencia informativa.
Lo que sí me impresiona es la mecánica argumentativa de la tartufoministra Soliz. Usa el adjetivo “público” como una especie de fórmula mágica que hace que el Estado automáticamente se convierta en un Dios todopoderoso al que ningún profano ser humano se puede resistir.
El término “público”, hoy en día, es el equivalente de lo que antes se conocía como “sagrado”, aquello que la RAE define como “digno de veneración por su carácter divino o por estar relacionado con la divinidad”. Todo lo “sagrado” antiguamente estaba regulado por la Iglesia, o por el Estado. Ejemplo: a Denis Diderot, el famoso enciclopedista del siglo XVIII, lo encerraron un tiempo por “hereje”, que es lo que se dice de quien “niega alguno de los dogmas establecidos por una religión”. Es decir, lo encarcelaron precisamente por meterse a opinar en el ámbito de lo “sagrado”, territorio reservado al clero o a las autoridades encargadas de la censura. Más aún, durante los muchos años que se editó la L’Encyclopédie, sus artífices tuvieron que hacer malabares para pasar el examen de los censores de lo sagrado (algo así como el Consejo Nacional de Telecomunicaciones de la época).
Así vemos que los tartufócratas siempre se inventan algún adjetivo para justificar su ánimo de control. Antes decían “sagrado”, luego dijeron “patriótico”, o “nacional”, y ahora es “público”. Pero el concepto siempre reposa en la más pura metafísica; en la creación de una entidad incorpórea (Dios, pueblo, nación, etc.), justificada en la realización de algún fin mesiánico (salvación eterna, justicia social, igualdad, grandeza nacional), y por tanto digna de veneración. Así, quien ejerce el poder político justifica todas sus gracias. Lo “público” o “nacional” adquiere una categoría superior, es un universo por encima de lo “hereje”, de lo “profano”, de lo “privado”. Lo “privado” se convierte en el reino de la herejía, el ámbito de lo pecaminoso.
Hay que reconocer que la Iglesia, al menos, no anda con pretensiones racionales, se reconoce a sí misma como una entidad de naturaleza religiosa, sabe que la aceptación de sus verdades depende, en última instancia, de la fe. Y, gracia a Dios (nunca mejor dicho), hoy el clero ya no tiene el poder para imponer nada a nadie. El que decide creer y seguir sus dogmas lo hace voluntariamente. No sucede lo mismo con el socialismo del siglo XIX y sectas afines, porque estos sí que tienen pretensiones seculares, y usan el Estado como herramienta para imponer su beatería justiciera.