Por qué no existe el “derecho a la información”
28 January, 2012 § 2 Comments
Encontré un artículo muy interesante del profesor Gabriel Zanotti, sobre el supuesto “derecho a la información” del que se repletan la boca todos los nuevos agoreros de la regulación de los medios en América Latina.
“Los medios tienen obligación de dar “información objetiva”, sin distorsiones, en sus franjas informativas, etc”: así más o menos reza la cantaleta. El problema es que no existe tal cosa como una “información objetiva”, por tanto no puede existir derecho a ella, ni obligación jurídica de brindarla. Comenta Zanotti:
…lo más interesante radica en el grave error epistemológico que presupone la palabra “información”. Presupone que hay distinción entre hechos, objetivos y verdaderos, y opiniones, “subjetivas”. No es sólo “doctrina Cristina Kirchner”: es lo habitual de la bibliografía sobre ese tema. Pero claro, si es así, un gobierno podría decir que un medio está “abusando” de la libertad de prensa (que comienza a ser denigrada en el discurso como una mera libertad de empresa) ocultando la “información objetiva” para atacar al gobierno en cuestión. De allí a proyectos de control y estatización de medios para “garantizar la información objetiva”, y “el derecho que el pueblo tiene a la información”, hay sólo un paso, que todos los actuales dictadorzuelos latinoamericanos ya están dando (con Chávez a la cabeza, desde luego). Pero el error no es sólo de los Kirchner o los Chávez, a los cuales no se les podría reprochar su falta de formación en epistemología y hermenéutica. El error es de todos aquellos que suponen que la función periodística es transmitir hechos en bruto, sin la “contaminación” del comunicador en cuestión. Se ignora que todo ser humano, cuando habla, medios de comunicación incluídos, emiten mensajes, que son proposiciones formadas desde el horizonte de precomprensión (horizonte cultural) del hablante. Por lo tanto, todo lo que una persona dice está influida por su cosmovisión del mundo, incluso lo que parezca más evidente al destinatario del mensaje. Podemos decir “Obama es el presidente de los EEUU”, y es real, es verdadero (no hay ninguna oposición entre interpretación y verdad) pero en ese caso estamos interpretando lo que significa ser presidente desde nuestro horizonte cultural. Además, todo mensaje es un acto del habla, y todo acto del habla es acción (Wittgenstein), y tiene por ende una intención, que puede ser perfectamente noble, honesta, o no. Pero la tiene. El sujeto siempre está presente en el mensaje, y los mensajes, el lenguaje, son parte concomitante del tejido social; no son meros transmisores. Por ende, es obvio que no hay “información” si por información se entiende “mensajes neutros de sujetos”. Lo humano es el conocimiento, esto es, interpretación. Y por ende todo medio de comunicación comunicadesde un punto de vista. Si ese punto de vista no agrada al gobierno de turno, esa es precisamente la ventaja de la libertad de prensa en un sistema democrático. Pero si dejamos de hablar de libertad de prensa y comenzamos a hablar de un derecho a la información, suponiendo además que hay una información “objetiva” que el gobierno tiene como función proteger, para que los perversos medios capitalistas no la falseen…. Está todo perdido.
Otra cosa que menciona Zanotti, que comparto plenamente y que además es aplicable a cualquier país:
La pregunta debería ser más amplia: ¿debe haber legislaciones específicas que regulen la libertad de prensa?
La pregunta supone una distinción que habitualmente no se hace: derecho de legislación. “Derecho” se refiere más bien a los derechos personales básicos; “legislación” indica en cambio disposiciones administrativas para la administración de bienes públicos. Lamentablemente toda la inflación legislativa que han sufrido las naciones occidentales, y América Latina en particular, ha implicado que los derechos hayan sido sistemáticamente violados por las “leyes” que reglamentan su ejercicio….
Estado de Propaganda
6 October, 2011 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com
Original publicado en el diario El Universo (Ecuador).
Ecuador, durante el último año, se ha convertido en un Estado de Propaganda. La política nacional se ha transformado en un reality show producido y dirigido por la Secom. Se han esforzado mucho, sin escatimar con el dinero público, y han tenido relativo éxito. Pero han fallado en el principal objetivo de su masiva campaña publicitaria.
El márquetin oficialista ha promovido distintos “productos” a lo largo de estos años. Algunos de ellos se han vendido bien. Han logrado vender como pan caliente, por ejemplo, las leyendas negras acerca de los medios como parte de una confabulación del “capital”. No me sorprende tanto, porque durante los días de la crisis bancaria sí que vimos un manejo inescrupuloso de algunos medios privados vinculados a la banca (que hoy, valga recordar, se encuentran bajo el absoluto control del Gobierno). Es normal que seamos presa del resentimiento ante ese recuerdo, y optemos por el facilismo argumentativo de generalizaciones absurdas, alimentadas por un ejército de cheerleaders a sueldo.
El equipo del Mashi cuenta con un abultado presupuesto que le permite contratar la mejor asesoría para perfeccionar sus técnicas. Solo unos cuantos ejemplos recientes: en agosto del presente año, el experto colombiano en nuevas tecnologías de la información, Germán Escorcia Saldarriaga, recibió 38 mil dólares por una consultoría en “institucionalidad ejecutiva”; otro recibió 42 mil, etcétera. El mismo mes se contrató a una empresa de comunicación, por un monto de 498 mil dólares, para promocionar una iniciativa concreta del Gobierno. Por otra parte, una asesora recibió 46 mil dólares por aconsejar mejores mañas de “propaganda gubernamental”. Y esto sin mencionar la compra constante de tecnología de punta y demás.
¿Quién más tiene una bolsa de gasto sin fondo, financiada con dinero ajeno?, ¿quién más puede darse el lujo de rellenar su arsenal propagandístico sin preocuparse por sus balances de pérdidas y ganancias?
Sin embargo, paradójicamente, lo único que no han podido vender es su producto estrella del año: la disparatada tesis del intento de golpe de Estado, el cacareado 30-S. Simplemente, un año después, su teoría no encaja. Y eso que lo intentan todo: logo, banda sonora, documentales a medida, conciertos, mentiras, pancartas, vigilias, marchas con antorchas, publicidad, vallas gigantes, enlaces sabatinos, redes sociales, periodistas, artistas y geeks a sueldo, etcétera. Solo falta que saquen el videojuego, o la película (subsidiada por el Ministerio de Cultura, claro).
Ecuador hoy vive un Estado de Propaganda, no de opinión, y menos de Derecho. Es la Casa del Gran Mashi. Todo un equipo de producción trabajando a tiempo completo. Su eslogan es uno solo: the show must go on. El dinero no es problema, el contribuyente paga la cuenta. Lo importante es mantener el grado de tensión siempre alto. Por la pantalla desfilan jueces hiperactivos, funcionarios complacientes, abogados figuretis, ministros dóciles, todos con guiones detalladamente preparados. El único que puede nominar a los expulsados del juego es el Gran Mashi, y lo hace con frecuencia, para conservar el elevado rating.
Le cedo la conclusión al siempre sabio Camus (El Hombre Rebelde): “El Estado se identifica… con el conjunto de mecanismos de conquista y de represión. La conquista dirigida hacia el interior del país se llama propaganda (el primer paso hacia el infierno…) o represión”.
Ecuador TV, órgano de propaganda mashista
22 August, 2011 § Leave a Comment
Emilio Palacio no se equivocó, se quedó corto. EcuadorTV es un instrumento totalitarista, creado con fines propagandísticos, y sigue una larga tradición fascista.
Es verdad que no todas la TVs públicas son hijas del fascismo, pero en cualquier caso todas se han visto enfrentadas al mismo fenómeno, tarde o temprano: terminar por convertirse en un mero instrumento de propaganda de la facción gobernante.
Por esa experiencia, en la mayoría de países democráticos donde existen medios estatales se han asegurado de desligar al Gobierno central de sus órganos de dirección, precisamente para evitar que estos medios se conviertan en un instrumento de propaganda. Algunos lo han logrado, otros no, otros casi.
En Ecuador no…..la revolución mashistas hace exactamente lo contrario.
En Ecuador, el Presidente de la República es el amo, señor y dueño de los medios públicos. Puede nombrar y despedir a sus directivos en el momento que quiera, por la razón que quiera. Estos no tienen ninguna independencia, son sus empleados. El Gobierno central, por medio del Ministerio de Cultura, es el dueño del 98 por ciento del capital accionario, controla el órgano de dirección. Y no hace falta un análisis demasiado sofísticado para darse cuenta, basta con revisar los estatutos de la empresa.
Conclusión: Emilio Palacio tiene razón, aunque quizá no fue lo suficientemente lejos, o explícitio. Ecuador TV es una iniciativa de inspiración fascista (Goebbels es el gurú de todos estos truquitos de márketin), destinada a la propaganda del Gobierno nacional, y está enteramente dominada por el Presidente de la República. Dos más dos, son cuatro.
Si estuviesemos en 1950, todavía se admitiría todo esto como un desliz. Pero ya esto se sabe hace mucho, y los emplazo a que revisen el régimen legal e historia reciente de la TVs públicas de Chile, España, Francia, etc. En todos estos casos veremos que lo que se ha intentado es desligar al caudillo de turno de toda injerencia en el gobierno corporativo de los medios estatales. Pero no, los cheerleaders correístas obviaron todo esto.
Entre “desear” e “imponer”: respuesta a Ricardo Tello
9 April, 2011 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com
Hace pocos días, el columnista del El Universo, Ricardo Tello Carrión, en su artículo “Por qué SÍ, por que NO“, daba sus razones para votar “sí” a la tercera pregunta de la Consulta Popular planteada por el Gobierno del Ecuador, por la que se limitaría radicalmente la libertad económica de directivos, accionistas y dueños de empresas privadas de comunicación y financieras. Tello basa sus argumentos, según el mismo dice, en las tesis del libro Gestión de empresas periodísticas, editado por el SIP, y escrito por Carlos Jornet. El problema es que dicho autor no está de acuerdo con él.
Señaló en su columna de El Universo, citando repetidamente a Jornet:
Entendiendo la función social que tienen los medios, es “digerible” la intención de que no existan conflictos de interés en el interior de las empresas periodísticas, como es deseable también que no haya tales conflictos dentro de los medios públicos.
Al contrario de lo que argumentan quienes impulsan el NO a la pregunta 3, la periodística no es una empresa como cualquier otra. Tiene sus particularidades: a más de los objetivos comerciales, lícitos, “exhiben un carácter ideológico y de formación de opinión pública”. A nadie interesaría el carácter ideológico del propietario de una empresa de zapatos –perdón si el ejemplo es prosaico– pero el de una empresa periodística sí, por razones y conclusiones que no las voy a nombrar por evidentes.
Además, los trabajadores de los medios de comunicación establecen una especial relación con el poder: “conviven con él, se mimetizan y muchas veces se dejan atrapar por sus redes”, dice Jornet.
Las empresas periodísticas están expuestas al “riesgo cotidiano de errores con consecuencias para terceros”, lo que eleva el nivel de estrés de los empleados e implican un riesgo profesional específico.
Pero Jornet, director del diario argentino La Voz del Interior, y autor del libro citado, no está de acuerdo con las conclusiones a las que llega Tello. Se lo he preguntado. Esto es lo que respondió:
En mi trabajo aludo, sí, a que los medios de difusión tienen objetivos comerciales y un carácter ideológico o de opinión y señalo que el periodismo tiene un alto poder de formación de la opinión pública, de liderazgo social. Por ello, hablo de la doble responsabilidad que las empresas de comunicación deben practicar ante la sociedad, una suerte de responsabilidad social empresaria agravada.
Más adelante, señalo que la enorme influencia que los medios tienen sobre la sociedad, en especial a partir de la formación de grandes conglomerados multimedia, genera también reacciones negativas, crecientes exigencias de transparencia en su accionar y desarrollo de mecanismos de autocontrol o de control social que acoten ese impacto. Pero a renglón seguido subrayo que ello debe lograrse sin limitar las libertades de prensa y de expresión.
Y más adelante, en la página 72 del libro, hago notar que en la mayoría de los países existen restricciones para legislar normas de regulación de la prensa, tras lo cual apunto: Es que abrir la posibilidad de limitar la libertad de prensa suele ser el primer paso para instaurar regímenes autoritarios.
Es decir, tanto en el libro aludido como en otros escritos y en toda mi actividad profesional he defendido con igual énfasis la necesidad de un manejo responsable de los medios como la de preservar su independencia ante los poderes políticos, para no dar lugar a restricciones que, bajo el presunto propósito de defender a la sociedad, terminen avalando o permitiendo regímenes dictatoriales. Justamente acabo de regresar de Caracas, donde pude apreciar in situ el clima de confrontación social y de sofocación de libertades implantado por el gobierno de Hugo Chávez, que comenzó “regulando” la labor de la prensa para “garantizar” que la información fuera “verídica”.
Si el comentarista hubiera seguido la lectura del libro hasta la página 256, hubiera leído allí la reproducción del Acta de Chapultepec, adoptada por la Conferencia Hemisférica sobre Libertad de Expresión celebrada en México D.F. el 11 de marzo de 1994. Ésta dice: Sólo mediante la libre expresión y circulación de las ideas ( ) es posible mantener una sociedad libre.
Sin medios independientes agrega, sin garantías para su funcionamiento libre, sin autonomía en su toma de decisiones y sin seguridades para el ejercicio pleno de ella, no será posible la práctica de la libertad de expresión. Prensa libre es sinónimo de expresión libre.
Y destaca: Cuando con el pretexto de cualesquiera objetivos se cercena la libertad de prensa, desaparecen las demás libertades.
Creo que Tello escribe con sinceridad, y no obedece a ningún interés partidista, y hasta donde sé no recibe salario ni beneficio del Gobierno de Correa. Pero me llamó mucho la atención su artículo, y creí que era necesario aclarar, porque este es un error muy común que se comete en el debate. Una cosa es que se considere que, para asegurar parámetros éticos adecuados, las empresas de comunicación deban seguir voluntariamente ciertas estructuras de gobierno y capital corporativo que no comprometan su independencia–lo que defiende inteligentemente Jornet. Eso es un tema sobre el que hay mucho escrito, y es un asunto de debate en escuelas de comunicación y de administración, dada la especiales necesidades del ámbito mediático. Otra cosa muy distinta es saltarse un largo recorrido lógico, y pasar de un buen deseo, en términos éticos, a justificar una imposición pura y dura de nuestra opiniones por medios estatales, tomando por justos los juicios y prejuicios de la mayoría, aupada en campañas oficiales de revanchismo guillotinesco. Lo “deseable” deja de serlo el momento que se logra a costa de la libertad de los demás.
Las mentiras flagrantes del Gobierno de Ecuador
29 March, 2011 § 7 Comments
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com
Lo tartufócratas de Carondelet mienten para justificar sus acciones. La primera vez que me percaté de ello fue en una entrevista hecha a Alexis Mera, asesor jurídico de la Presidencia del Ecuador. En ella decía, mientras defendía la creación de una órgano de regulación a la prensa, que en Ecuador “no hay control a los medios escritos y sí debe haberlo, como en todos los países del mundo”. Señalaba enseguida que “las leyes británicas, por ejemplo, son durísimas en los temas de responsabilidad ulterior”. “Son terribles”, concluía.
Lo dicho por Mera es simplemente MENTIRA. No existe ningún órgano gubernamental de regulación de medios escritos en Reino Unido, mucho menos leyes “durísimas” en tema de responsabilidad ulterior de los mismos. La prensa escrita en Reino Unido goza de la más absoluta libertad. Lo único que existe es un ente privado, conformado de forma voluntaria por los propios medios, que se llama Press Complaints Commission. Esta organización funciona en base a un código de buenas prácticas consensuando por los propios editores de los medios, y prevé un trámite para que los lectores que se sientan afectados presenten quejas puedan acudir. La “sanción” prevista es que los medios aludidos publiquen en sus páginas las conclusiones a las que llegue la PCC. Los medios tienen la opción de aceptarlo, o no. ¡Uy, qué terrible!
Pero mucho más grave fue lo que escuché recientemente del propio Presidente del Ecuador. En una entrevista de radio con la periodista Estéfani Espín, Correa defendió la siguiente pregunta dispuesta en la consulta popular que su Gobierno promueve:
“¿Está usted de acuerdo con prohibir que las instituciones del sistema financiero privado, así como las empresas de comunicación privadas, de carácter nacional, sus directores y principales accionistas, sean dueños o tengan participación accionaria fuera del ámbito financiero o comunicacional, respectivamente, enmendando la Constitución como lo establece el anexo 3?”
Correa señaló enfáticamente que tal posibilidad sería simplemente emular lo que hacen otros Estados del mundo, como EEUU, donde los banqueros sólo pueden ser banqueros.
Eso es MENTIRA, o una verdad a medias cuando menos.
En Estados Unidos, efectivamente, un banco no puede ser dueño de otros negocios. Es decir, Bank of America no puede ser dueña de acciones en General Motors. Hasta ahí todo bien. No obstante, los “directores y principales accionistas” de Bank of America pueden ser a la vez accionistas, directores o simples empleados de General Motors, Mc Donalds, Los Angeles Times, tres carretillas de hot-dogs, o de lo que quieran. Esto significa que lo que propone la consulta popular, en la pregunta antes trascrita, no sucede en Estados Unidos, donde accionistas y directivos de bancos son libres de invertir su dinero donde quieran y dedicarse a lo que quieran. Lo mismo que sucede con los directivos y accionistas de medios.
Y para muestra, sólo un par de botones: Warren Buffett tiene acciones y controla una infinidad de empresas en diversas áreas, que incluyen bancos, fondos de inversión, inmobiliarias, industria alimenticia y demás. Por su parte, el magnate Samuel “Sam” Zell es accionistas principal y codirector de una infinidad de empresas igual de diversas, a la vez que director de Tribune Company, un conglomerado mediático que, entre muchas otras cosas, es dueño de nada menos que Los Angeles Times.
A Estéfani Espín, Rafael Correa le mintió. Eso, o el mandatario ecuatoriano está mal asesorado; lo cual, teniendo en cuenta que su asesor jurídico es el antes mencionado Alexis Mera, es una opción bastante probable.
Lo público/sagrado y lo privado/hereje en Ecuador
19 November, 2010 § 2 Comments
Que el Gobierno ecuatoriano esté nervioso con la campaña de recolección de firmas iniciada por el antiguo periodista Carlos Vera, no me extraña. Es lógico, cualquier tartufócrata estaría preocupado por una persona que lo quiere sacar del puesto. No debe sorprender a nadie el numerito de la tartufoministra pidiéndole información al diario El Universo, en un ejercicio interpretativo bastante alegre de la legislación de trasparencia informativa.
Lo que sí me impresiona es la mecánica argumentativa de la tartufoministra Soliz. Usa el adjetivo “público” como una especie de fórmula mágica que hace que el Estado automáticamente se convierta en un Dios todopoderoso al que ningún profano ser humano se puede resistir.
El término “público”, hoy en día, es el equivalente de lo que antes se conocía como “sagrado”, aquello que la RAE define como “digno de veneración por su carácter divino o por estar relacionado con la divinidad”. Todo lo “sagrado” antiguamente estaba regulado por la Iglesia, o por el Estado. Ejemplo: a Denis Diderot, el famoso enciclopedista del siglo XVIII, lo encerraron un tiempo por “hereje”, que es lo que se dice de quien “niega alguno de los dogmas establecidos por una religión”. Es decir, lo encarcelaron precisamente por meterse a opinar en el ámbito de lo “sagrado”, territorio reservado al clero o a las autoridades encargadas de la censura. Más aún, durante los muchos años que se editó la L’Encyclopédie, sus artífices tuvieron que hacer malabares para pasar el examen de los censores de lo sagrado (algo así como el Consejo Nacional de Telecomunicaciones de la época).
Así vemos que los tartufócratas siempre se inventan algún adjetivo para justificar su ánimo de control. Antes decían “sagrado”, luego dijeron “patriótico”, o “nacional”, y ahora es “público”. Pero el concepto siempre reposa en la más pura metafísica; en la creación de una entidad incorpórea (Dios, pueblo, nación, etc.), justificada en la realización de algún fin mesiánico (salvación eterna, justicia social, igualdad, grandeza nacional), y por tanto digna de veneración. Así, quien ejerce el poder político justifica todas sus gracias. Lo “público” o “nacional” adquiere una categoría superior, es un universo por encima de lo “hereje”, de lo “profano”, de lo “privado”. Lo “privado” se convierte en el reino de la herejía, el ámbito de lo pecaminoso.
Hay que reconocer que la Iglesia, al menos, no anda con pretensiones racionales, se reconoce a sí misma como una entidad de naturaleza religiosa, sabe que la aceptación de sus verdades depende, en última instancia, de la fe. Y, gracia a Dios (nunca mejor dicho), hoy el clero ya no tiene el poder para imponer nada a nadie. El que decide creer y seguir sus dogmas lo hace voluntariamente. No sucede lo mismo con el socialismo del siglo XIX y sectas afines, porque estos sí que tienen pretensiones seculares, y usan el Estado como herramienta para imponer su beatería justiciera.
