Ley, tabaco y libertad en España
4 January, 2011 § 8 Comments
Por Miguel Casanova y Mario Silar
La discusión suscitada en España por la polémica ley anti-tabaco, vigente desde el pasado 2 de enero, constituye un nuevo síntoma del delicado y complejo avance de la cosmovisión científica moderna sobre todas las áreas de la vida social. Gabriel Zanotti, ofreciendo una aguda reinterpretación del epistemólogo Paul Feyerabend, ha advertido de los peligros que subyacen en algunas leyes actuales, funcionales a la cosmovisión cientificista, y que reflejan una decidida unión ciencia-estado. Se trata de una unión que poco tiene que envidiar a la unión Iglesia-estado propia de la premodernidad. En efecto, hace algunos siglos, resultaba normal que las verdades enseñadas y defendidas por la Iglesia fueran, en cierta medida, impuestas a través de la autoridad civil secular-estatal. En las sociedades con fuertes convicciones religiosas, la certeza de estar en la verdad, otorgada por la fe, hacía que fácilmente se creyera que era oportuno imponer un determinado modus vivendi, aunque ello supusiera la coerción y la violencia. Además, no se debe olvidar que en el contexto cultural medieval, la Teología era “el” saber científico por excelencia. Por tanto, nada resultaba más razonable que dejar al saber teológico iluminar las reglas que regían la convivencia social. Con el tiempo, las revoluciones y, fundamentalmente, con la razón, se llegó a la conclusión de que, como señalaba uno de los grandes pensadores del siglo XX, “la verdad no se impone sino por virtud de sí misma” siendo inútil obligar, prohibir o imponer la verdad. La adecuada distinción entre Iglesia y Estado, que supone nuevos desafíos –bien es sabido que el número de personas que dicen profesar la religión en Europa occidental ha disminuido significativamente en los últimos años– constituye una mejor comprensión en la interrelación entre ambas esferas. Entre las cosas positivas cabe destacar un elemento que resulta fundamental para la existencia de la libertad religiosa: los practicantes hoy pueden profesar su fe libremente, en virtud de sus propias convicciones; no de modo formal o por imposición o por buscar los beneficios que se seguirían de formar parte de una religión oficial.
Con las legislaciones anti-tabaco (anti-descargas, etc.), sucede algo parecido. En efecto, se ha producido una suerte de unión ciencia-estado por la que se pretende imponer algunas “verdades” respecto del bien y de la vida humana que quedarían legitimadas por el aura de “cientificidad” que estas conclusiones tendrían. Y todo esto sin tener en cuenta el intenso debate epistemológico sucedido a lo largo del siglo XX en el que se da cuenta del carácter conjetural y falible del saber empírico-científico (Popper, Kuhn, Lakatos). Como se puede apreciar, se trata de un cambio en el contenido de legitimación del saber científico (antes la Teología, en la actualidad las tecnociencias empíricas) pero que conserva la misma forma mentis del medioevo. Ciertamente, las normas morales o religiosas impuestas por el poder secular medieval se basaban en verdades incuestionadas por la gran mayoría de la población en aquel tiempo. Una buena prueba de ello lo constituyen las innumerables vidas que se ofrecieron en protección de esas convicciones. En cambio, no puede afirmarse que los argumentos de salud pública esgrimidos por la ley anti-tabaco del estado-científico posean una certeza absoluta y, sin perjuicio de ello, con gran licencia, se ha optado por restringir severamente la libertad personal y empresarial de las personas. No se trata de impedir que las leyes se “ilustren” por el saber humano, en el que el saber científico posee singular importancia. Por tanto, la crítica ofrecida no exige caer en la deriva relativista posmoderna.
Sin embargo, sí se debe advertir que lamentablemente el ciudadano contemporáneo se ha acostumbrado a una unión sui generis ciencia-Estado que cercena cada vez más ámbitos de la libertad humana. La táctica parece ser la del fuego lento. Casi sin que el hombre se de cuenta, la libertad, pieza esencial de la dignidad humana, se va consumiendo poco a poco bajo el calor de la intervención gubernamental. La ley anti-tabaco es otro pequeño escalón en esta dirección. La alternativa parece clara. Solo con libertad informada se respeta la dignidad humana. En tal sentido no parece tan desacertada la anterior estrategia de propaganda estatal en contra del cigarrillo.
En este ámbito, el rol del gobierno convencido del perjuicio a la salud que ocasiona el tabaco debería ser el de convencer con argumentos de razonabilidad pública y que, así, “la verdad se imponga por sí misma”, sin normas coactivas que, como muchas otras, acabarán perjudicando incluso a aquellos a quienes pretendían proteger.
La “progresía” contra Assange
7 December, 2010 § Leave a Comment
¿Hay una confabulación progre contra el director de Wikileaks?
Parece ser que así es. Por un lado, la administración de Barack Obama, el mesías que prometió erradicar la triste herencia neocon, lo persigue como perro con hambre, lo ha asfixiado hasta el punto que Julian Assange ha preferido entregarse. Por otro, en perfecto complot, activistas feministas lo persiguen judicialmente porque su definición legal de “violación” y “abuso sexual” incluye el hecho de negarse a utilizar un condón.
A que Obama se contradiga a sí mismo estamos acostumbrados. Lo dejó claro cuando firmó la renovación de todas las medidas inconstitucionales aplicadas por Bush, en virtud de la famosa Patriot Act que tanto satanizó la izquierda americana (con toda la razón).
Lo llamativo esta vez es que la progresía feminista haya sido el instrumento para atraparlo. De hecho, como señala el británico Daily Mail, las dos mujeres en cuestión han dicho enfáticamente que el sexo fue consentido, que incluso hubo cortejo previo de parte y parte. Su pecado fue negarse a usar condón en una ocasión, y que el preservativo se le haya roto en otra. Así, gracias a un malabar interpretativo de los imaginativos fiscales suecos, se va preso porque eso lo convierte en un abusador y un violador.
Al final, se va a terminar poniendo celosa la derecha conservadora de su némesis electoral. O, probablemente, se den por fin cuenta de que ambas no son más que las dos caras de una misma moneda liberticida.
Wikileaks: diplomáticos trabajan para Bisbal
6 December, 2010 § 1 Comment
Wikileaks ha reafirmado algo que algunos ya sabían: Albert Jay Nock tenía razón, “nuestro enemigo es el Estado”. La diplomacia es sólo otra de las caras de un leviatán eternamente rendido ante los intereses particulares, la burocracia de siempre pero con más pompa.
Lo novedoso del cablegate son los ejemplos que aporta. Las comunicaciones de la Embajada de los Estados Unidos en España revelan una vehemente preocupación por el cumplimiento de las leyes de propiedad intelectual en suelo ibérico. En uno de esos cables llegan a señalar con detalles algunas webs “piratas” locales. ¿En qué momento las embajadas se convirtieron en agencias protectoras de los derechos de productoras y discográficas?, ¿es eso crucial para los ciudadanos estadounidenses?, ¿tiene alguna relevancia para preservar la Pax Americana?, ¿sirve al menos a los intereses de España y/o los españoles?
Punto a aclarar: la propiedad intelectual es una institución proteccionista, y nada tiene que ver con la protección de la innovación tecnológica o artística. Tampoco constituye un requisito insoslayable “de la creación intelectual” (esta cita sale de una declaración de ZP, recogida en uno de los cables). Esa es simplemente la tapadera. De hecho, los términos “propiedad” y “piratería” no son más que eufemismos empleados con fines propagandísticos; sirven para colocar a quien se descarga una canción en la misma condición de un vil y degenerado cuatrero al que hay que perseguir y castigar.
Lo correcto sería hablar de “monopolio intelectual”, porque los copyrights y las patentes, por ejemplo, constituyen un privilegio de uso y explotación económica establecido por el Estado en favor de una o varias personas, un privilegio legal que interfiere y regula la libre utilización y reproducción de ideas por parte de terceros. Esto suena muy distinto. Visto así, al menos, nos damos cuenta de que la persona que descarga una canción sólo viola un privilegio, sin vulnerar la vida, la libertad o la propiedad de absolutamente nadie.
Todo esto lo cuenta muy bien el libro de Stephan Kinsella, Against Intellectual Property (Mises Institute, 2008), un agudo ataque argumentativo a las premisas habituales de quienes defienden la PI como institución necesaria en términos éticos y prácticos. Y también recomiendo la obra de Michele Boldrin y David K. Levine, Against Intellectual Monopoly (Cambridge University Press, 2008). Hay quien señala incluso que las patentes, la joya de la corona del proteccionismo intelectual, no sólo no fomentan la innovación, sino que incluso la retrasa y encarece en áreas de máxima importancia como la sanidad.
Lo mismo se aplica a los tratados de “libre comercio” negociados por los EEUU y la UE por todo el mundo, que constituyen un decálogo interminable de compromisos en materia de PI para imponer medidas intervencionistas, contrarias a la lógica básica del liberalismo económico, y que requieren el engorde del andamiaje burocrático. ¿A quién favorecen estos pactos? A nadie más que a algunas cuantas empresas con dinero para pagar ejércitos de lobbistas en Washington, Bruselas o Madrid, con influencia política para movilizar a todo un aparato diplomático en defensa de sus privilegios.
Como señala Sheldon Richman, editor de The Free Man, Washington parece empeñado en exporting bigger government a otros países, en beneficio de powerful business interests.
¿Qué tiene que hacer la diplomacia americana defendiendo los intereses de Bisbal?
De Kintto Lucas, Ecuador…Tupas
30 November, 2010 § 2 Comments
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com Follow @apariciocc
Ya que el flamante vicecanciller ecuatoriano, don Kintto Lucas, ha logrado titulares con sus desvaríos diplomáticos, aprovecho para hacer un par de inocentes comentarios.
Hay quien se ha fijado en su nacionalidad, tratando de descalificarlo por no ser ecuatoriano “auténtico”. ¡Manifiesta estupidez! El talento no tiene nacionalidad. Más aún, celebro el hecho de que provenga de Uruguay, país con una población altamente preparada y un nivel intelectual sorprendente. Así que, de entrada, cualquier amago de chovinismo xenófobo en su contra constituye un sinsentido.
Lo que sí que me inquieta del vicecanciller Luca
s: su pasado de nexos y simpatías con el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaro (MLN-T). No quiero decir que esto lo descalifique automáticamente. Las personas cambian, y merecen segundas oportunidades. Pero ahí viene la pregunta: ¿ha cambiado Kintto Lucas?, ¿sigue justificando la violencia terrorista? , ¿sigue considerando a los Tupamaros meros mártires idealistas?, etc. He buscado alguna respuesta en Google, y me parece que sigue pensando igual por sus múltiples escritos. Él todavía idealiza a los que llama repetidamente “compañeros”.
Esta preocupación se ha agudizado especialmente después de haber leído Historia Tupamaras, del periodista Leonardo Haberkorn. Esa obra devela, con claridad y sin tinte alguno de demagogia ideológica, los mitos creados en la propaganda tupamara.
El primer mito que pulveriza es sobre el origen del MLN-T. Muchos de sus integrantes, entre ellos el propio presidente Pepe Mujica, han justificado los crímenes de los tupas como respuesta a la dictadura. ¡Falso! Se organizaron con el afán preciso de cargarse la democracia uruguaya. El MLN-T nace en 1962, con la conformación del ente denominado “Coordinador”, para instaurar un régimen igual al cubano, como relatan sus propios fundadores. Hicieron desde el inicio apología expresa de la violencia como medio para acabar con lo “legalidad burguesa”. La suya era “una tarea política a través de la guerra”.
Sólo con leer su catecismo, “30 Preguntas a un Tupamaro”, escrito en 1965, se desdice cualquier duda sobre sus orígenes totalitarios. La dictadura militar llegó recién en 1973, como reacción al desbande terrorista, y tuvo como testigo una población completamente ajena a los divagues ideológicos de la intelligentsia tupa.
¿Qué opina el señor Lucas acaso de las víctimas inocentes de los Tupas? Aquellos asesinados por “hablar demasiado”, por negarse aceptar sus sobornos, aquellos de sus propios “compañeros” que fueron “ajusticiados” (me impresiona cómo repiten ese eufemismo aún hoy). El chófer de bus que recibió un tiro en la cabeza por negarse a acelerar, o el guardia de una empresa “ajusticiado” a posteriori por cumplir con su deber y llamar a la policía. También está la historia del policía de pueblo; un hombre inofensivo, próximo a retirarse, que pagó con su vida el negarse a entregar su arma. Lo del humilde peón de estancia, Pascasio Báez, es escabroso; no murió de un disparo, tampoco en el fuego cruzado de una “acción”. No, nada de eso. Los humanitarios tupamaros ejecutaron al peón fría y lentamente, con una inyección letal. Su único pecado era haber descubierto uno de sus zulos. La lista sigue y sigue. Como señala un miembro arrepentido del MLN-T: “restauraron la pena de muerte… que nuestros gobernantes habían eliminado legalmente en 1905”.
En fin, se les ocurrió que el Uruguay de los 60s, la democracia más ecuánime y equitativa de Latinoamérica, ejemplo de civilidad a nivel mundial, no era más que una fachada burguesa, y que ellos eran los iluminados que debían reconducirla hacia el Edén marxista a punta de plomo y dinamita, derramando la sangre de los “infieles” en el altar de la utopía colectivista. Lo único que lograron fue ser derrotados antes de empezar, y servir de pretexto para que los milicos sacien sus bayonetas y garrotes con lo mejor de la juventud uruguaya. ¡Qué otra cosa esperaban! Esos muertos, esos desaparecidos y esos torturados, como todo lo malo de esa satánica dictadura, son también obra de esa banda de “hombres nuevos”, autoproclamados redentores, cuyos miembros aún hoy tienen el descaro de presentarse como mártires idealistas.
¿Qué hay de heroico, utópico, valiente o admirable en ello señor Lucas?