Escudo antimisiles: keynesianismo militar puro y duro.
6 October, 2011 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo, editor deTartufocracia.com Follow @apariciocc
Leía hoy la noticia del nuevo plan antimisiles de la OTAN para Europa. Un proyecto de gasto público de 100 mil millones de euros. ¿Para qué?, ¿qué amenaza tan grave tiene Europa que justifique esto?, ¿justo ahora en plena crisis? La respuesta es simple: no tiene nada que ver con ningún interés de seguridad real, para ninguna amenaza real. Solo se trata de un plan encubierto de estímulo industrial, al más puro estilo neocon. Capitalismo de Estado puro y duro, keynesianismo militar, o como lo quieran llamar.
La noticia dice:
Rota será a partir de 2013 base naval del sistema de defensa antimisil que la OTAN y Estados Unidos esperan desplegar para contrarrestar amenazas balísticas de países como Irán o Corea del Norte [¿¿uh??], ha anunciado este miércoles el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. En una comparecencia ante la prensa junto al secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, y el secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, en Bruselas, Zapatero ha estimado que el despliegue de cuatro buques de EE.UU. en Rota creará un millar de puestos de trabajo.
Esto me recuerda lo que escribía Martin Feldstein, antiguo asesor económico de Reagan (sí, el supuestamente liberal Reagan), en 2009, en el Wall Street Journal, bajo el título “El Gasto en Defensa sería un Gran Estímulo“:
Barack Obama y sus asesores económicos reconocen que la lucha contra una profunda recesión económica requiere un aumento en el gasto público para compensar la fuerte caída en los gastos de consumo y la inversión empresarial que ya está en marcha [ajá, ya, claro]. Sin ese aumento del gasto público,la crisis económica podría ser más profunda y más larga [es decir, Keynes reoladed, pero luego viene lo interesante]…
Un aumento temporal en los gastos… del Departamento de Defensa , en equipo y mano de obra, debe ser una parte importante de ese aumento en los gastos del gobierno en general. Lo mismo sucede con el Departamento de Seguridad Nacional, el FBI, y otras partes de la comunidad de inteligencia nacional…
Las adquisiciones militares tiene además la ventaja de que casi todos los equipos y suministros que las compras militares se realizan en los Estados Unidos, la creación de demanda y el empleo se quedan en casa.
Y a su vez recuerdo lo que dijo Robert Higgs sobre el artículo anterior:
El artículo de Feldstein nos recuerda que las élites que gobiernan este país tienen un nivel alto de desvergüenza. Que son capaces de relucir descaradamente cualquier penoso artilugio intelectual para justificar el arrebatar el dinero de los contribuyentes, y canalizarlo a las grandes empresas contratistas y privilegiada por la horda de zánganos en la nómina del Gobierno. Sin embargo, el keynesianismo militar, por intelectualmente ignominioso que sea, tiene un historial probado de conseguir llevar al stablishment a dónde quiere llegar.
Esto es lo que pensaba el mismísimo Keynes, en una carta abierta a Franklin Delano Roosevelt, escrita en 1933, en la cual el economista reconoce que su doctrina se inspira en una tradición económica militarista:
en una crisis, el gasto mediante crédito gubernamental es el único medio seguro de obtener rápidamente un aumento de la producción con un aumento de los precios. Es por eso que una guerra siempre ha causado intensa actividad industrial. En elpasado, las finanzas ortodoxas ha considerado una guerra como la única excusa legítima para la creación de empleo mediante el gasto gubernamental.
No sorprende así que incluso un premio Nobel, el progresista Paul Krugman, diga que los que necesitamos es “el equivalente financiero de una guerra”. Europa le está haciendo caso.
Por cierto, eso de que el gasto de guerra crea prosperidad es un mito alimentado tanto por conservadores como por progresistas. Hace mucho tiempo fue completamente desdichopor Frederick Bastiat, entre algunos otros. Y más recientemente fue desmontado por Robert Higgs, específicamente en relación con el caso de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.
Legado diplomático de Zapatero en Iberoamérica
1 October, 2011 § Leave a Comment
Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com
Or
iginal publicado en el diario La Razón (España), bajo el título “Iberoamérica: un puente sobre aguas populistas”.
Para América Latina, la diplomacia del zapaterismo ha sido un continuo y vano zigzagueo, un ritual del sinsentido. ¿Qué han dejado estos últimos ochos años en las relaciones con la región? Nada bueno, eso está claro. Lo que queda todavía por verse es el alcance del descrédito causado.
Cada paso dado fue en vano. El primer plan maestro de Zapatero fue intentar servir de “facilitador” entre Estados Unidos y les enfants terribles de Latinoamérica. Hubiera tenido esto algún sentido si no hubiese olvidado un pequeño detalle: tender primero puentes entre Madrid y Washington. Quiso jugar al pariente rico con acceso al Club VIP, pero terminó él mismo expulsado. Ni de Obama pudo lograr mayores gestos de aprobación.
El canciller Moratinos llamaba a Iberoamérica “el ámbito natural de nuestra política exterior”, pero se esforzó por alienar a la diplomacia ibérica en la zona. Se mimetizó con los adalides del Socialismo del Siglo XXI, en perjuicio del necesario equilibrio de las relaciones con los demás países.
El episodio más surrealista fue develado por Wikileaks. Según informes de la Embajada de Estados Unidos en Madrid, las intrigas entre Trinidad Jiménez y el Canciller eran intensas. La Secretaria de Estado para Iberoamérica fue impuesta por la Moncloa, y tuvo una relación muy mala con Moratinos. Es decir, no existió coordinación entre la responsable de la región y el adalid diplomático. Esto ya nos sugiere el nivel de seriedad con el que se manejó el asunto. Cada uno iba a la suya, buscándose nichos de influencia, mientras los mensajes contradictorios que se trasmitían confundían a Washington, y a todos. Las súbitas visitas del Ministro a La Habana, por ejemplo, dejaron perplejos a propios y extraños.
Uno de los episodios más sugerentes fue el de la venta de armas a Venezuela. Los viajes secretos de José Bono, entonces Ministro de Defensa, a Caracas, para negociar el intercambio comercial, constituyen cuando menos un oscuro pasaje. No es precisamente la mejor forma de defender la paz y la estabilidad regional abastecer el arsenal del líder militarista más díscolo del barrio. Esta movida, según los cables de Wikileaks, generó serias molestias en el propio personal del Ministerio de Relaciones Exteriores. Los demás gobiernos latinoamericanos observaron también este espectáculo, estupefactos.
El “por qué no te callas” del Rey Juan Carlos marcó sin duda un hito, a partir del cual se hizo evidente el desgaste diplomático de Zapatero. Hugo Chávez no contaba con esa reacción. Montó su numerito porque confiaba en que se saldría con la suya, sabía que su amigo de la Moncloa le soportaría la malacrianza. La cara de sorpresa y silencio de Chávez, ante la inesperada reacción del monarca, sirvió de testimonio elocuente. No obstante, al final el barón del petróleo doblegó nuevamente a Madrid, logró luego ser recibido por el Rey y obtuvo disculpas, incluso se permitió un tono burlesco.
La imagen de España en América Latina se ha devaluado, y paradójicamente lo ha hecho de manera más drástica en el sector que ZP quería conquistar. Un informe del Real Instituto Elcano apunta que el “antiespañolismo” es hoy más intenso que nunca entre latinoamericanos que se dicen de izquierda. Los mismos caudillos que Moratinos mimaba con tanto esmero y ayudas no dudan luego en satanizar el “neocolonialismo” español, si resulta aquello necesario para avivar a las masas.
Por su parte, el nombramiento de Jiménez como titular del Ministerio cambió poco las cosas. Su único “logro” ha sido interceder ante la Unión Europea para normalizar relaciones con Cuba, como retribución a la liberación de unos cuantos presos políticos. La Habana es el único interlocutor receptivo que ha dejado en herencia este Gobierno.
Las iniciativas diplomáticas del zapaterismo, además, reflejan su trasfondo ideológico. En su mundo, todo problema social se resuelve creando una instancia tecnocrática de nombre rimbombante, con eslóganes redentores y una partida presupuestaria infinita. Por ello nunca faltaron proyectos quiméricos y cumbres intrascendentes. Y es que, al parecer, concibió la política exterior como lo hizo con la interna: como un universo moldeable mediante fórmulas de ingeniería social. Si no funcionaba un plan, daba igual, se volvía a experimentar con uno más esotérico y caro.
Madrid e Iberoamérica necesitan y merecen fortalecer relaciones. Hoy España precisa más que nunca de este continente, el mercado natural donde sus profesionales y empresas tienen la invalorable ventaja del idioma común y de la cultura compartida. Muchos jóvenes profesionales españoles han sorteado la crisis cruzando el charco, aprovechando la demanda generada de personal altamente preparado por empresas trasnacionales. Eso es bueno para ambos lados, y puede ser una de las vías de regreso a la prosperidad. Pero hay que dedicarse a lo concreto, a las necesidades reales, y no perder el dinero de los contribuyentes en ilusiones irrealizables e intimidades innecesarias con caudillos beligerantes.
No se debe solo pensar en los intereses de unas cuantas grandes empresas, sino en los cientos de emprendedores, medianos y pequeños, que necesitan agilizar las trabas burocráticas para expandirse en los mercados emergentes latinoamericanos. Uno de los problemas más recurrentes es la poca agilidad de los canales diplomáticos para resolver temas burocráticos de gran simpleza.
No se necesita tampoco un Estado hiperactivo en la política exterior, sino uno eficaz, concentrado en lo pragmático e indispensable, limitado por parámetros éticos claros. La fórmula que necesita el nuevo inquilino de la Moncloa no es complicada. América Latina no es un continente indescifrable para España. Por el contrario, hacen solo falta dosis de coherencia y sentido común, nada más.
Wikileaks: diplomáticos trabajan para Bisbal
6 December, 2010 § 1 Comment
Wikileaks ha reafirmado algo que algunos ya sabían: Albert Jay Nock tenía razón, “nuestro enemigo es el Estado”. La diplomacia es sólo otra de las caras de un leviatán eternamente rendido ante los intereses particulares, la burocracia de siempre pero con más pompa.
Lo novedoso del cablegate son los ejemplos que aporta. Las comunicaciones de la Embajada de los Estados Unidos en España revelan una vehemente preocupación por el cumplimiento de las leyes de propiedad intelectual en suelo ibérico. En uno de esos cables llegan a señalar con detalles algunas webs “piratas” locales. ¿En qué momento las embajadas se convirtieron en agencias protectoras de los derechos de productoras y discográficas?, ¿es eso crucial para los ciudadanos estadounidenses?, ¿tiene alguna relevancia para preservar la Pax Americana?, ¿sirve al menos a los intereses de España y/o los españoles?
Punto a aclarar: la propiedad intelectual es una institución proteccionista, y nada tiene que ver con la protección de la innovación tecnológica o artística. Tampoco constituye un requisito insoslayable “de la creación intelectual” (esta cita sale de una declaración de ZP, recogida en uno de los cables). Esa es simplemente la tapadera. De hecho, los términos “propiedad” y “piratería” no son más que eufemismos empleados con fines propagandísticos; sirven para colocar a quien se descarga una canción en la misma condición de un vil y degenerado cuatrero al que hay que perseguir y castigar.
Lo correcto sería hablar de “monopolio intelectual”, porque los copyrights y las patentes, por ejemplo, constituyen un privilegio de uso y explotación económica establecido por el Estado en favor de una o varias personas, un privilegio legal que interfiere y regula la libre utilización y reproducción de ideas por parte de terceros. Esto suena muy distinto. Visto así, al menos, nos damos cuenta de que la persona que descarga una canción sólo viola un privilegio, sin vulnerar la vida, la libertad o la propiedad de absolutamente nadie.
Todo esto lo cuenta muy bien el libro de Stephan Kinsella, Against Intellectual Property (Mises Institute, 2008), un agudo ataque argumentativo a las premisas habituales de quienes defienden la PI como institución necesaria en términos éticos y prácticos. Y también recomiendo la obra de Michele Boldrin y David K. Levine, Against Intellectual Monopoly (Cambridge University Press, 2008). Hay quien señala incluso que las patentes, la joya de la corona del proteccionismo intelectual, no sólo no fomentan la innovación, sino que incluso la retrasa y encarece en áreas de máxima importancia como la sanidad.
Lo mismo se aplica a los tratados de “libre comercio” negociados por los EEUU y la UE por todo el mundo, que constituyen un decálogo interminable de compromisos en materia de PI para imponer medidas intervencionistas, contrarias a la lógica básica del liberalismo económico, y que requieren el engorde del andamiaje burocrático. ¿A quién favorecen estos pactos? A nadie más que a algunas cuantas empresas con dinero para pagar ejércitos de lobbistas en Washington, Bruselas o Madrid, con influencia política para movilizar a todo un aparato diplomático en defensa de sus privilegios.
Como señala Sheldon Richman, editor de The Free Man, Washington parece empeñado en exporting bigger government a otros países, en beneficio de powerful business interests.
¿Qué tiene que hacer la diplomacia americana defendiendo los intereses de Bisbal?